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Consideraciones sobre la pesca en las sierras
Amo pescar con mosca.
Desde el inicio me
ha regalado la cercanía imprescindible al mundo natural, a esos
caminos de la intemperie de Rocca Rivarola sin los cuales soy un
tipo gris, a medias, a mitad de camino de todo. Es algo realmente
increíble lo que sucede porque no es experiencia de voyeur sino que
se trata de interpretación, intercambio y conocimiento lo que esta
actividad me ofrece. Toda una serie de causas y efectos naturales
aparentemente indescifrables se presentan listos para ser
descubiertos, simplemente debo sacar enseñanzas de los resultados
positivos y negativos de mis intentos de captura. Dicho de otra
manera, tengo no solo la oportunidad de tirar la mosca por ahí y ver
si alguna trucha la toma, sino de permitirme observar el lugar donde
me encuentro, entenderlo, preparar y ejecutar mis actos para que sin
duda una trucha tome mi mosca.
Hay ámbitos que
desde el vamos enseñan obligadamente esta diferencia de una manera
casi implacable, uno simplemente pesca o no pesca, mientras que hay
otros donde la suerte ayuda.
En estos últimos
escenarios de profundidades insondables y amplitudes patagónicas
solemos plantear la eterna práctica de hundir nuestras líneas en
azarosas oscuridades para simplemente ver si sale el monstruo.
Continuo ejercicio de una simpleza básica que no por tal deja de ser
placentero, tal vez debido a su esencia lúdica. Sin necesidad de
analizar los motivos por los que hacemos lo que solemos hacer,
seguramente el placer inherente sea suficiente razón, creo válido
plantear ¿por qué no intentar otras variantes de diversión?

¿Por qué no
intentar despojar del carácter aleatorio que a menudo imprimimos a
nuestra actividad y preguntarnos qué podemos hacer para tener un
control más preciso de nuestro acto y descubrir otra forma de
pasarla bien?
Nuevamente pienso
que los ámbitos pueden ayudar a lograr este cambio y los pequeños
arroyos y ríos serranos son de las mejores escuelas.
En líneas generales
se trata de pequeños (o ínfimos...) cursos de agua con escasos
pozones profundos pero con abundancia de pocket waters, correderas
cortas, usualmente de poco caudal, con flats de agua muy baja y
clara donde con mucha frecuencia se pesca a pez visto.
Las truchas que
habitan estos lugares soportan a diario una exposición de nudista en
calle Florida, enormes cambios diarios de temperatura en el agua,
intemperantes crecidas generadas por lluvias a veces torrenciales,
lo cual limpia buena parte del alimento del río, si no a las truchas
mismas. Las que quedan, las que se acostumbran, las que superan
estos azotes quasi bíblicos son truchas graduadas en supervivencia
serrana, juezas implacables del criterio que utilicemos para
pescarlas.
Aquí van unas
pequeñas sugerencias para iniciar esta pesca.
La Técnica
"Pescar en estos
lugares es difícil", "es solo para expertos", son algunas de las
frases que usualmente se escuchan al respecto. En mi opinión no
existe tal cosa, es una falsedad, lo difícil es pescar un lugar con
una técnica propia de otro ámbito.
No es raro ver
pescadores ingresando a arroyuelos de 50 centímetros de profundidad.
Las manchas oscuras que salen disparando no son ratas haciendo buceo
sino truchas al borde del ataque cardíaco. El único motivo que
encuentro técnicamente valedero para meterme en el agua es para
acceder a lugares en el río desde donde podré llegar con mi línea al
objetivo y creo que esto solo debe hacerse cuando no queda otra
alternativa. Si puedo quedarme en la costa, fuera del agua, siempre
es mejor. Mas aún, pienso que en no pocas oportunidades, estar en el
agua denota más que otra cosa una falencia en mi destreza como
caster de distancia.
De tal manera que
¿cual es la necesidad de meterse en un río donde con tan solo un
roll cast se puede llegar a la otra orilla?
Pescar en estos
lugares no suele precisar de un cast siquiera. Muchas veces nos
veremos haciendo variantes de rolls muy cortos o pequeños latigazos
río arriba o río abajo y cruzado con escasa línea fuera del tip top.
A menudo tan escasa como un pie, por lo general no más de 5 metros
de línea. Aquí cabe señalar algo básico, estamos hablando de ámbitos
reducidos, ergo la precisión de la presentación de una seca, wet o
ninfa es esencial y cuanto menos línea tengamos fuera de la caña,
más preciso será el tiro y mejores chances tendremos.
Pero esto presenta
un inconveniente, hay que acercarse y aquí es cuando se suele
cometer otro error fatal. Nunca hay que olvidarse que las truchas se
espantan al menor ruido (aunque este se produzca fuera del agua) o
al visualizar un ser humano o su sombra.
¿Difícil?, de ninguna manera, solo hay que intentar moverse
lentamente, haciendo el menor ruido posible y bien agachado. Una vez
escuché que el miedo que hace meter la pata con más frecuencia al
ser humano es el miedo al ridículo, será posiblemente esa la razón
por la que se ven pocos mosqueros agazapados por los ríos.
Para pescar en las
sierras venza ese miedo.
Mucho se habla de
la posición del sol frente a la ubicación del pescador, considerar
esto está bien si se tiene tiempo, ganas y la posibilidad de
calcular nuestra ubicación relativa en cada momento que vamos a
hacer un tiro. Sin embargo la realidad indica que esto no se toma
muy en cuenta. Una manera más simple es pescar el río aguas arriba o
en contra de la corriente, es más simple porque el pez usualmente
mira río arriba esperando la comida y si nuestro tiro es certero, lo
que verá será solamente nuestro señuelo navegando hacia él. De
querer pescar río abajo, es conveniente caminar tomando distancia de
la costa y acercarse solo para intentar un cast sobre un determinado
punto en el río o a pez visto.

El Equipo
Lleve la caña que
tenga. Lo ideal es tener algo como una cañita # 3 de mas o menos 7
pies, ésta permite un balance con respecto a los portes de peces y
las dimensiones de los ríos y arroyos que encontraremos. Sin
embargo, si lo único que tiene es esa caña #7 de 9 pies, no deje de
ir. Seguramente traerá más de una trucha volando como si fuera un
pejerrey de Chasicó pero va a pescar y divertirse igual. Para mi,
como expresé al inicio, pescar con mosca es una actividad amplia y
de íntimo significado para aquél que la practica dentro de la cual
la caña utilizada ocupa un pequeño lugar.
Algo diferente es
la mosca. Primero porque es difícil que una truchita de 300 gramos
nos tome una Blonde # 2 y segundo porque atar o al menos comprar
unas 20 mosquitas de anzuelo #14 o menor no le significa una
inversión muy importante.
Sin necesidad de
hacer una lista de moscas (muchas notas previas dan una buena idea)
llévese una digna provisión del tipo impresionistas, son una buena
opción para las primeras visitas ya que tienen la característica de
poder representar distintas especies de insectos. Con el tiempo
puede investigar que bichitos hay y en qué época del año y llevarse
a casa alguna muestra para identificarlo o tratar de representarlo
sobre un anzuelo. La mejor forma de buscarlos es levantando piedras
de la costa y ver que hay abajo, se va a sorprender de la cantidad y
variedad de insectos que puede encontrar en tan solo una piedra.
Intente no llevar
Woolly Buggers. No porque no sirvan, en realidad pescan muy bien. La
sugerencia pasa por aprovechar el lugar que se visita como un lugar
óptimo para probar esas otras ninfas que tenemos en la caja pero
nunca usamos. Pruébelas, el utilizar una mayor variedad de moscas le
ayudará a ampliar su técnica y le dará mayor confianza como
pescador.

La Woolly Bugger es
como esa chica conocida a la que uno siempre termina invitando a
salir cuando el sábado se acerca. Es divertida, pero al día
siguiente se pregunta por qué uno será tan vago que siempre tiene
que salir con la misma.
En cuanto a líneas,
el 90% del tiempo va a usar una de flote del diseño que más le guste
o posea, pero el restante 10% tal vez se encuentre con un pozón a
cuyo fondo es difícil acceder con esta clase de líneas por más que
las llene de lastre. Por este motivo no dude en llevar una línea de
hundimiento y algún streamer pequeño. No es raro cruzarse con
truchas mayores al kilo.
El líder cumple un
papel fundamental. Elija el tipo que más le guste pero fíjese que
tenga la menor memoria de butt posible para ayudar a la precisión y
tratándose de ninfas (o inclusive secas), no tenga miedo a
experimentar con líderes cortos. Yo pesco ninfas con un butt furled
de 5 pies y un tippet de 1 pie pero pienso que el largo total se
puede reducir aún más sin inconvenientes. Es importante que la
deriva sea natural o parecida y si nuestro líder es muy largo, se
corre el riesgo de que en una corredera se pierda noción de por
donde va la mosca y no notaremos piques; sin mencionar que es
difícil hacer tiros muy cortos con un líder muy largo. Pienso que
con un líder corto no es necesario el uso de indicadores de pique,
la deriva perfecta que da el líder me permitirá mejor control de
línea y por ende mejor sensación de pique.
Dónde ir y cómo llegar
Me gusta mucho y
por eso recomiendo ir a Córdoba.
El clima es muy
agradable y su falta de humedad, que abunda en Buenos Aires, me hace
olvidar al instante la sensación de pesadez y los dolores de
articulaciones que sufrimos los porteños.
Otro punto a favor
es la escasez de cercas y alambrados en las sierras. A diferencia de
algunos lugares de la Patagonia, en Córdoba uno tiene la sensación
de ser bienvenido y es casi impensable la idea de cruzarse con un
energúmeno con arma en mano y aires de propietario de aguas.
Otra muy piola, y
esta es de las que más me gustan, si usted alguna vez pensó en un
lugar ideal para que su señora comparta su salida de pesca, piense
en Córdoba.
En Patagonia,
muchas veces nos calzamos los waders y nos metemos en el agua
quedando la patrona sentada sobre una piedra en la costa.
¿Cuando salimos?,
cuando escuchamos los gritos, por supuesto.
En Córdoba, es raro ver ríos en donde uno tenga que tocar el agua,
por lo que la experiencia piscatoria se integra en una actividad de
pareja o familiar. Uno pesca a medida que va haciendo trekking por
la sierra, observando cóndores, tabaquillos, flores y cactii.
Una zona muy
interesante en Córdoba para visitar, es la del río del Medio y el
arroyo Almbach en La Cumbrecita, hermoso y pequeñísimo pueblo en el
valle de Calamuchita.
Lo interesante pasa
por el hecho que uno puede hospedarse o acampar en el pueblo y a
metros tiene estos cursos de agua, es decir no tenemos necesidad de
movernos con vehículo alguno. Cabe señalar que La Cumbrecita es
pueblo peatonal desde el 9 de julio de 1996 por lo que de todas
maneras usted no podrá utilizar libremente su auto. Se llega desde
Buenos Aires en micro desde la terminal de Retiro con las empresas
Sierras Cordobesas (recomendable) y Valle de Calamuchita. Saliendo
de noche se arriba a la mañana siguiente a Villa General Belgrano
donde con poca demora se toma una combi de la empresa Pájaro Blanco
hasta La Cumbrecita.
Tome en cuenta que
a la altura del mismo pueblo, casi entre las casas se puede pescar
muy bien pero cuanto más se aleje río arriba o río abajo, pescará
aún mejor y con portes mayores. En el lugar hay guías jóvenes con
diversas tarifas y algo digno de mención es la labor diaria de los
dos guardapescas que recorren la zona protegiendo el recurso y
pidiendo los permisos que deben ser adquiridos en la oficina de
Turismo.
La pesca en esta
zona es de captura y devolución obligatoria utilizándose para este
fin artificiales con anzuelo simple sin rebaba. Hay mucho camino por
recorrer pero sin duda La Cumbrecita va en el sentido de la
conservación y la pesca deportiva.

Es más, si usted
los visita el 1 y 2 de mayo se encontrará con la 2da. Fiesta
Provincial de Pesca de Truchas en Áreas de Pesca Diferenciada.
Momento en el que se hará un torneo de pesca con devolución y
durante la noche se visitan stands de flyshops, se come y se bebe
muy bien, se hace la elección de la reina y se escucha excelente
música disfrutando de la entrañable hospitalidad de los pobladores.
Por mayor
información contáctese con la Directora de Turismo, Ingrid Cabjolsky
en
lacumbrecita@calamuchitanet.com.ar
Guillermo Magariños
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