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La tradición es una herencia del pasado, un patrimonio cultural, de
pensamiento, práctica y cultura. Muy pocos campos del conocimiento disponen de una
mayor tradición asociada que la que podemos encontrar en el deporte de la pesca con
mosca.
Únicamente en los últimos años se han efectuado algunas modificaciones y mejoras. El equipo, por
ejemplo, se ha perfeccionado de una forma tremenda en la última década, y este perfeccionamiento incluye
accesorios tales como líneas que flotan mejor y durante más tiempo, cañas de fibra de mejor acción, y bajos
de línea más finos y con mayor resistencia. Las moscas se siguen construyendo y montando de igual forma por
unos cuantos montadores, pero responden actualmente más al sentido común que a la tradición, y
resultan mucho más reales. De hecho, uno de los temas fundamentales de este libro ha
consistido en volver a examinar las ideas tradicionales y avanzar nuevos conceptos. Nos
conformamos y esperamos haber expuesto la idea de utilizar el sentido común y la observación, y utilizarlos
como criterio principal para establecer nuevos modelos de artificiales.
En el mundo actual debemos estar preparados de forma constante a ajustar nuestro pensamiento para poderlo
adaptar a situaciones que cambian de forma casi permanente. Otras áreas de actividad, tales como los negocios o la ciencia, se han deshecho de la tradición,
para no impedir el progreso. Existe un aspecto de nuestro deporte, sin embargo, donde
debemos ajustar nuestro pensamiento rompiendo con la tradición: retener o soltar el pez.
Por alguna ilógica razón, un aspecto importante de la tradición en la pesca de la trucha exigía que
conserváramos las capturas. Este hecho se originó posiblemente en tiempos de
nuestros más antiguos bisabuelos, que dependían de estas capturas para sobrevivir. En
aquellos días, resultaba una necesidad que cada uno pudiera proveerse de sus propios alimentos, abrigo y
vestidos. Actualmente éste no es el caso, aunque parece que mantenemos las mismas enraizadas tendencias de nuestros antepasados. Nuestra forma de vida actual no
requiere matar nuestras capturas para poder comer. Si el pez forma parte de nuestra dieta,
es más fácil procurárselo en el mercado local.
Algunos pescadores que matan sus capturas lo hacen pensando que de esa forma pueden
justificar sus proezas mostrando cestas o frigoríficos repletos de peces muertos. Afortunadamente, la gente
que presenta estas características son, en el mejor de los casos, pescadores de poca inteligencia. En el momento en que el pescador ha alcanzado la satisfacción en la
pesca, llega al convencimiento de que el deporte consiste en engañar al pez y la satisfacción
que puede producir el entorno donde lo practica, y no por matar a las truchas. La satisfacción y la alegría
obtenida constituyen las verdaderas medidas del éxito, no la cantidad de peces que se pueden almacenar en el frigorífico de igual forma que en una
leñera.
El buen pescador reconoce el hecho de que puede poner en peligro su deporte, y normalmente
efectúa un esfuerzo para limitar sus capturas. Tiene presente que la idea de la pesca con
mosca consiste en engañar a una trucha viva, y que, matándola, mata la parte más importante del deporte.
Es consciente de que cada vez que devuelve una trucha al agua ésta se vuelve más desconfiada y difícil de capturar. Truchas más educadas y esquivas ofrecen un
desafío para el pescador, y esto en general mejora el deporte. Éstos son los peces que preferimos capturar.
Uno solo de ellos es superior a una docena de ejemplares recién salidos de la piscifactoría.
Con el problema creciente de superpoblación, contaminación, y el descenso importante
de las aguas trucheras, debemos tomar pronto algunas decisiones significativas concernientes a nuestro
deporte. Al final es mejor pescar, aunque sea necesario establecer regulaciones, que no pescar en absoluto.
Partiendo de esta base, es obvia la necesidad de hacer algo.
Las limitaciones en cuanto a tamaño y cantidad son necesarias de forma general, en tanto
que es preciso establecer zonas "no-kill". Creemos que lo más fundamental es reducir el
número de capturas conservadas. Parece una solución simple y podría serlo, pero desgraciadamente éste no
es el caso. En cualquier lugar que se sugieren estas recomendaciones, una protesta general se desata entre los pescadores. Extrañamente, la gente que protesta
más alto, al no querer admitir un número limitado de capturas, es la que destroza el deporte matando cuantos
peces son capaces de conseguir.
Lo que necesitamos es una nueva raza de pescadores que se encuentren verdaderamente
interesados en mejorar el deporte, mejora que llegará únicamente cuando un número
importante de pescadores tengan mayores conocimientos y madurez. Educación y sensibilidad diferencian a
los verdaderos pescadores, que limitan sus capturas, de aquellos otros que matan sus límites de forma sistemática. Todos debemos trabajar por cualquier medio a
nuestra disposición y mejorar la calidad de la pesca con mosca en todas partes. Diferentes
grupos, tales como clubes de pescadores de mosca, federaciones, y organizaciones de montadores, pueden
proporcionar medios excelentes para recopilar informaciones y poderlas transmitir a quien necesite de ellas. Estos grupos pueden trabajar en paralelo con los departamentos de
conservación estatales para promover las regulaciones necesarias que nos aseguren la calidad de pesca con
mosca que todos deseamos.
El futuro de nuestro deporte estará en función de nuestra capacidad para darle la vuelta
a la situación presente: contaminación de cursos de agua, construcción de embalses, reglamentaciones
demasiado liberales, y pescadores mal educados. Lo contrario a estas tendencias establecidas puede llegar
solamente a través de acciones organizadas por los pescadores
concienciados. Teniendo en cuenta que los pescadores de mosca representan un grupo
minoritario, es mejor pedir la limpieza del agua que promover la pesca de la trucha, al
menos ante la mayoría de la gente. La construcción de grandes presas puede regularse presionando a
nuestros legisladores, tanto del Estado como federales. Las agencias de conservación deben tener en cuenta
que "la cosecha" no significa siempre peces muertos. La cosecha significa también una búsqueda de la
dificultad, y la mejor recompensa para un pescador es devolver al agua una trucha viva que puede pescar
otra vez. Conceptos similares pueden ser inculcados a los pescadores sin conciencia, de tal forma que lleguen a pensar
que es mucho mejor devolver una trucha al agua que matarla. Tal vez esto puede comenzar
por uno mismo, utilizando anzuelos sin muerte.
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