Flyfishing-Argentina.com                                                                                     Consejos 
El anzuelo sin muerte

Principal  Ríos y lagos  Moscas   Galería   Rincón cultural   Entomología   Técnicas   Ecología   Libros   Consejos  Notas
 

 





 

La tradición es una herencia del pasado, un patrimonio cultural, de
pensamiento, práctica y cultura. Muy pocos campos del conocimiento disponen de una mayor tradición asociada que la que podemos encontrar en el deporte de la pesca con mosca.

Únicamente en los últimos años se han efectuado algunas modificaciones y mejoras. El equipo, por ejemplo, se ha perfeccionado de una forma tremenda en la última década, y este perfeccionamiento incluye accesorios tales como líneas que flotan mejor y durante más tiempo, cañas de fibra de mejor acción, y bajos de línea más finos y con mayor resistencia. Las moscas se siguen construyendo y montando de igual forma por unos cuantos montadores, pero responden actualmente más al sentido común que a la tradición, y resultan mucho más reales. De hecho, uno de los temas fundamentales de este libro ha consistido en volver a examinar las ideas tradicionales y avanzar nuevos conceptos. Nos
conformamos y esperamos haber expuesto la idea de utilizar el sentido común y la observación, y utilizarlos como criterio principal para establecer nuevos modelos de artificiales.

En el mundo actual debemos estar preparados de forma constante a ajustar nuestro pensamiento para poderlo adaptar a situaciones que cambian de forma casi permanente. Otras áreas de actividad, tales como los negocios o la ciencia, se han deshecho de la tradición,
para no impedir el progreso. Existe un aspecto de nuestro deporte, sin embargo, donde debemos ajustar nuestro pensamiento rompiendo con la tradición: retener o soltar el pez.

Por alguna ilógica razón, un aspecto importante de la tradición en la pesca de la trucha exigía que conserváramos las capturas. Este hecho se originó posiblemente en tiempos de nuestros más antiguos bisabuelos, que dependían de estas capturas para sobrevivir. En
aquellos días, resultaba una necesidad que cada uno pudiera proveerse de sus propios alimentos, abrigo y vestidos. Actualmente éste no es el caso, aunque parece que mantenemos las mismas enraizadas tendencias de nuestros antepasados. Nuestra forma de vida actual no requiere matar nuestras capturas para poder comer. Si el pez forma parte de nuestra dieta, es más fácil procurárselo en el mercado local.

Algunos pescadores que matan sus capturas lo hacen pensando que de esa forma pueden justificar sus proezas mostrando cestas o frigoríficos repletos de peces muertos. Afortunadamente, la gente 
que presenta estas características son, en el mejor de los casos, pescadores de poca inteligencia. En el momento en que el pescador ha alcanzado la satisfacción en la pesca, llega al convencimiento de que el deporte consiste en engañar al pez y la satisfacción que puede producir el entorno donde lo practica, y no por matar a las truchas. La satisfacción y la alegría obtenida constituyen las verdaderas medidas del éxito, no la cantidad de peces que se pueden almacenar en el frigorífico de igual forma que en una leñera.

El buen pescador reconoce el hecho de que puede poner en peligro su deporte, y normalmente efectúa un esfuerzo para limitar sus capturas. Tiene presente que la idea de la pesca con mosca consiste en engañar a una trucha viva, y que, matándola, mata la parte más importante del deporte. 

Es consciente de que cada vez que devuelve una trucha al agua ésta se vuelve más desconfiada y difícil de capturar. Truchas más educadas y esquivas ofrecen un desafío para el pescador, y esto en general mejora el deporte. Éstos son los peces que preferimos capturar. 

Uno solo de ellos es superior a una docena de ejemplares recién salidos de la piscifactoría.

Con el problema creciente de superpoblación, contaminación, y el descenso importante de las aguas trucheras, debemos tomar pronto algunas decisiones significativas concernientes a nuestro deporte. Al final es mejor pescar, aunque sea necesario establecer regulaciones, que no pescar en absoluto. 

Partiendo de esta base, es obvia la necesidad de hacer algo.
Las limitaciones en cuanto a tamaño y cantidad son necesarias de forma general, en tanto que es preciso establecer zonas "no-kill". Creemos que lo más fundamental es reducir el número de capturas conservadas. Parece una solución simple y podría serlo, pero desgraciadamente éste no es el caso. En cualquier lugar que se sugieren estas recomendaciones, una protesta general se desata entre los pescadores. Extrañamente, la gente que protesta más alto, al no querer admitir un número limitado de capturas, es la que destroza el deporte matando cuantos peces son capaces de conseguir.

Lo que necesitamos es una nueva raza de pescadores que se encuentren verdaderamente interesados en mejorar el deporte, mejora que llegará únicamente cuando un número importante de pescadores tengan mayores conocimientos y madurez. Educación y sensibilidad diferencian a los verdaderos pescadores, que limitan sus capturas, de aquellos otros que matan sus límites de forma sistemática. Todos debemos trabajar por cualquier medio a
nuestra disposición y mejorar la calidad de la pesca con mosca en todas partes. Diferentes grupos, tales como clubes de pescadores de mosca, federaciones, y organizaciones de montadores, pueden 
proporcionar medios excelentes para recopilar informaciones y poderlas transmitir a quien necesite de ellas. Estos grupos pueden trabajar en paralelo con los departamentos de conservación estatales para promover las regulaciones necesarias que nos aseguren la calidad de pesca con mosca que todos deseamos.

El futuro de nuestro deporte estará en función de nuestra capacidad para darle la vuelta a la situación presente: contaminación de cursos de agua, construcción de embalses, reglamentaciones demasiado liberales, y pescadores mal educados. Lo contrario a estas tendencias establecidas puede llegar 
solamente a través de acciones organizadas por los pescadores
concienciados. Teniendo en cuenta que los pescadores de mosca representan un grupo minoritario, es mejor pedir la limpieza del agua que promover la pesca de la trucha, al menos ante la mayoría de la gente. La construcción de grandes presas puede regularse presionando a nuestros legisladores, tanto del Estado como federales. Las agencias de conservación deben tener en cuenta 
que "la cosecha" no significa siempre peces muertos. La cosecha significa también una búsqueda de la dificultad, y la mejor recompensa para un pescador es devolver al agua una trucha viva que puede pescar otra vez. Conceptos similares pueden ser inculcados a los pescadores sin conciencia, de tal forma que lleguen a pensar que es mucho mejor devolver una trucha al agua que matarla. Tal vez esto puede comenzar por uno mismo, utilizando anzuelos sin muerte.

Capítulo 14 del libro
La Trucha Selectiva por Doug Swisher y Carl Richards
Traducción de Emilio Fernández Román 
staff@flyfishing-argentina.com

 
Principal  Ríos y lagos  Moscas   Galería   Rincón cultural   Entomología   Técnicas   Ecología   Libros   Consejos  Notas

© 2000 - 2001 Dralion S.A.