|
Pescar
con mosca es algo casi maravilloso.
Dominar las técnicas de lanzamiento, lo suficiente para sentir
satisfacción en cada ocasión, puede proporcionarnos
un momento de placer tan grande, que la pesca como tal, deja de
tener importancia.
Es
que el arte de la Pesca con Mosca, como cualquier disciplina de
la vida, no está exento de un proceso de desarrollo de nuestro
juicio.
Es probable que un signo importante de maduración, aparece
en cada uno de nosotros cuando sentimos la necesidad de reemplazar
el fuerte deseo de pescar, por el de observar, el de exhibir por
el de callar, y el de matar por el de conservar, y quizá
también se ve un afán de superación cuando
uno se empeña en vencer un obstáculo en lugar de sortearlo
o destruirlo. Se que no es necesario abundar para comprender que
la satisfacción y el placer que la Pesca con Mosca puede
proporcionar, depende más de nosotros mismos, de la calidad
de nuestro objetivo, de nuestro deseo personal, que de la mayor
o menor suerte para atrapar un pez.
Quizá,
una de las mayores satisfacciones que disfruto cada vez que tengo
la oportunidad de pescar con este casi arte que es el lanzamiento
con Mosca, la encuentro cuando llego a algún lugar difícil
del río, pero que por conocerlo o por intuirlo se que tiene
una trucha en ese lugar imposible de acceder lanzando normalmente,
porque los arbustos o cualquier otra incomodidad lo impide, pero
que podría pescarse con un buen lance, por ejemplo con la
técnica del “Roll Cast” o con un pequeño
cambio de dirección. Allí se me presenta la oportunidad
ideal de practicar, de aprender, de mejorar y de gozar cada intento
bien logrado. Por supuesto que el placer sería mayor si tengo
la suerte de pescar, o tan solo de ver subir un pez a la mosca,
aunque me conforma saber que hice las cosas bien.
Hay
muchas personas que pierden esa oportunidad de disfrutar todo lo
que es verdaderamente la esencia de la Pesca con Mosca, simplemente
porque ante la menor dificultad, han preferido flaquear en su intento
y tal vez no regresan jamás a ese lugar prometedor.
Yo los invito a esforzarse tratando de superarse y les aseguro que
encontrarán una mayor satisfacción.
Por
eso, con seguridad afirmo que nuestro afán de mejorar, nuestra
búsqueda de la perfección técnica, debe ser
constante y paralela a nuestra madurez.
Yo
he tenido la suerte de presenciar uno de los actos más bellos
y que más enaltecen a un pescador, cuando después
de una larga lucha, logró acercar un gran pez, quizás
un trofeo, que en el último momento se desprendió
del anzuelo cuando ya estaba al alcance de la mano, vencido, en
la orilla. Sin embargo, el pescador no hizo ni permitió que
alguien haga algún intento por detenerlo, mientras sin inmutarse
y con una exquisita serenidad, lo miraba alejarse lentamente.
Mayo de 2003
|