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Como
nunca, había llovido tanto, pero
¡tanto! que el sábado decidí salir.
No
sabía hacia donde, el agua intermitentemente caía y caía del
cubierto cielo.
El
lugar elegido fue justo, la tierra recibía la preciada esencia dejando escurrir
la sabia necesaria en este rincón seco.
Las
nubes espesas corrían por las sendas que el viento invisiblemente trazo,
desplazando sin querer un espacio del tapado azul donde un hilo de sol dejó
asomar al arco iris.
Mis
suelas que, desde 5 días
atrás pisaban la cera brillante de un piso de
encierro, querían chapotear la frescura
del barro, cerca de un río.
Mi
Jeep no necesitaba nada, todo estaba, sólo pare a cargar gas oil.
En
ruta la alegría invadió mi cuerpo; que hermosa sensación
regala la libertad sin saber donde ir. Sólo es tomar la decisión y en
su trayecto, descubrir que el punto
de llegada es partir y todo lo que
acontece.
Dejando
atrás 28 km de pavimento entre la ciudad de Río Gallegos y Güer Aike, doble a
la izquierda tomando el camino de ripio bañando de agua, greda y barro.
Las
ruedas no esquivaron ningún pozo acordándome de mi hijo Matías que siempre
cuando viaja de acompañante, además de gastarme,
dice: ¡ Papi deja uno para la vuelta !
En
menos de seis pozos mi Land Rover dejo su blanco y se vistió de guerra …
Nueve
km., más adelante, pasando la toma de agua hay una curva que muchos al ser
sorprendidos la encaran derecho,
clavándose en un profundo vado fuera
de circuito.
Esta
vez una Trafic, que también había perdido su original color, estaba de punta
ensartada con
su conductor, quien al seguir de largo la vuelta le dio la sorpresa de
una inesperada experiencia…
Cuando
sintió mi motor gasolero, bajo
como estaba, acercándose en pantalón corto, remera y ojotas.
Sus
ojos brillaban muy abiertos dejando brotar sus lágrimas que se mezclaron con
la lluvia que en ese momento bañaba su cara.
Un
turista como tantos, pense, a quien
nosotros llamamos del norte, se veía
encajado en la greda, en el medio de la agreste Patagonia, lejos de la aglomeración
de su ciudad.
No
se haga problema amigo, ¡ saquemos primero
sus ojotas !, al ver sus pies descalzos fue lo que atiné a decir. El barro se
las había quitado de sus pies.
En
ese momento no podía distinguir en él si su temple era de frío o miedo. Quizás
ambas sensaciones habían invadido su existencia.
Levante
el asiento delantero, donde estos 4 x 4, tienen una caja grande incorporada,
retirando una soga de 20 mts., tan fuerte como para amarrar buques.
Quedamos
enganchados, puse la baja y en primera, comenzamos a movernos. La parte trasera
de la Trafic parecía una pala arrancando barro. De un modo raro, en vez de
subir la parte firme del camino se desplazaba cruzada con sus ruedas giradas en
sentido contrario a lo que pretendía. Gracias a Dios el golpeteo del motor y el
barro en los vidrios me impedían oír y ver lo
que podía estar diciendo o pasándole al
imprevisto viajero. Mi Land Rover tiraba como si arrastrara una pluma.
Decidí cruzarme a otro lado del camino, fue entonces cuando logre ubicar el
descolgado vehículo sobre piso firme.
El
gordo volvió a salir descalzo, se acercó,
me abrazo, diciendo “
Gracias Sr. cuando le debo “ contestándole
“ ayúdeme a desenganchar la soga”, sino no, no me puedo ir,
fue entonces qué rápidamente me despedí diciendo “ lo que debes, es
tender tu mano a quien encuentres con un tropiezo en el camino …”
Nuevamente
en ruta. Solo con uno, una voz interior me dijo: “ muchas veces la gente quiere pagar
lo que no debe y no paga lo que debe …”
De
lo alto de la meseta ya divisaba el río, una extensión sorprendente…, su
caudal dibujaba una “ese” en la tierra. Que maravilla, sabía que él me
esperaba …
Ya
en sus orillas decidí cambiarme, me sentía muy contento de haber ayudado al
gordo encajado hasta los dientes y sin ojotas.
Me reí solo, nadie se podía dar
cuenta…
El
agua del río estaba más fría que lo habitual, la lluvia había bajado la
temperatura, busque la ninfa armada por Matías quien la bautizó “ no sé”
. Muchas veces aquellos amigos pescadores que le pregunta no le creen que no
sabe. El siempre con sus picardía a más de uno engancha, adentro y fuera del líquido…
Como
nunca, ¡ no lo van a creer ! , el primer tiro “ no sé “
al caer al agua engañó al gran pez. Su lucha fue tremenda, saco hasta
el backing. No enfrentó la corriente, era tan astuto que la utilizó en mi
contra. A unos 100 mts se fondeó como si hubiese enganchado un palo. Le comencé
a hablar muy suavemente, la línea no tenía interferencia, se fue acercando
lentamente, lo primero que vi fue su cabeza y el pico saliente de su maxilar
inferior. Era grande y hermoso, su
color había dejado el plateado del recién llegado del mar. Al tomarlo y antes
de que se fuera, con sus ojos
cansados me preguntó ¿porqué? Esta
vez “ no sé” tuvo la verdadera respuesta… desenganchándosela de su
boca…
Cargue
todo y me marche. Fue una gran experiencia. De retorno todos los pozos del
camino volvieron acompañarme.
Piny,
mi Señora esperándome preocupada, me
recibió al llegar con su sonrisa de bienvenida. Todo estaba bien…
Al
otro día, al ponerme el mismo pullover, las puntas de sus mangas aún estaban
mojadas y soñé “ como nunca, siempre llega el pez…”-
Raúl
Sommariva
sommariva@infovia.com.ar
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