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Deliciosa sensación

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Había caminado mucho, y pensaba en lo difícil que resultaría volver, cada tanto mi atención, en los caprichosos movimientos del río, se interrumpía por la molestia de una piedrita en el zapato. 

Cuando estuve arriba de una pequeña loma quise ver el próximo capricho de don fluvio y me entusiasmé, ¡ estos ríos patagónicos! , siempre es mejor más allá. 

Decidí liberarme de esa piedrita y me dispuse a seguir caminando hasta ese lugar. Era hermoso, las aguas se amansaban, ganaban profundidad y se encajonaban entre dos barrancas, de las cuales la de mi lado tenía varios árboles. 

Me invadió un presentimiento de marrón. 

Antes de llegar a los árboles, y sin meterme al agua, hice un tiro corto como para ir sacando línea y sin esperanzas de pique, cuando levanto la línea para el próximo, siento el ruido de una trucha que había seguido mi mosca, alcanzo a ver el borbollón, la sorpresa y la impresión que me causó hicieron que mis movimientos comenzaran a ser torpes, no sé porque me relajé y me decidí a esperar. 

Esa trucha había desconfiado de la mosca y hasta posiblemente me había visto, opté por no subestimarla, me alejé unos cuantos pasos y seguí esperando. Cada segundo que pasaba era una terrible lucha entre mi adrenalina y yo. 

Cambié la mosca y me dispuse a hacer otro lanzamiento, igual que el anterior y no obtuve ningún resultado, entonces cada lanzamiento que hacía sacaba un poco mas de línea para ir recuperando de a poco los metros que me había alejado. 

Cuando la mosca comenzó a pasar cerca del lugar, decidí recoger con enérgicos tirones, como desafiando su instinto de cazadora y su velocidad. De pronto la línea se tensó, levanté la caña con fuerza y me extrañó la ausencia de ese característico movimiento, sostuve la línea tensa y miré de reojo esos escasos pero terribles metros que estaban recostados en la orilla y tal vez entre las piedras. 

La línea seguía tensa, sin cabezazos ni corridas, no entendía lo que pasaba o era un tronco que no había visto o era una trucha que tampoco sabía lo que pasaba. 

Cuando me dispongo a acomodar la línea suelta, siento dos tirones fuertes y una lenta pero firme corrida río abajo, antes de que me sacara demasiada línea, decidí acompañarla, no sé cuantas veces me pegué en la cabeza con las ramas, no sé cuantas veces me patiné en la orilla, hasta que la tuve cerca y pude intentar arrimarla, todo fue lento en su lucha, en todo momento busqué que mi línea la tironeara en la forma indicada, ella sabía perfectamente como usar la corriente y yo tenía que tratar de cambiar eso. 

Muy difícil calcular el tiempo que pasó hasta que la tuve en mis manos, hacía tan poco que la conocía y ya la quería con toda el alma, la miré, la admiré y con mucha delicadeza, como si la boca fuera mía, le extraje la mosca. 

La puse en el agua y cuando la sentí firme la solté, casi con ganas de que se quedara, y se quedó. Disfrutaba viéndola, muy despacio, evitando enturbiar el agua, me alejé unos tres pasos como para que se convenciera de que era libre, casi al instante, con apenas dos coletazos, volvió a ubicarse a mis pies, una extraña sensación me recorrió, pasaron por mi cabeza muchas cosas, que prefiero no contar, volví a alejarme y volvió a mis pies, estiré mi mano muy lentamente y llegué a acariciarla, había acariciado a una hermosa trucha marrón, silvestre y libre, no lo podía creer. Unos instantes mas y con movimientos casi imperceptibles e impresionante elegancia, lentamente se retiró. 

Me senté en la orilla, sentí una hermosa paz, y traté de pensar en lo que había pasado, la magia del río de a poco me fue abandonando hasta que fui capaz de pensar, pude deducir que tal vez esa trucha no se quedó porque sabía que si no le había pasado nada aun, ya nada le iba a pasar, que tal vez no se arrimó a mí porque estuviera agradeciendo mi actitud, sino porque el sol castigaba y solo buscaba mi sombra, que tal vez no se dejó tocar nuevamente en muestra de confianza o de amistad sino porque estaba demasiado cansada para pelear con la corriente y necesitaba recuperarse. 

Pero.......¡Qué deliciosa sensación experimenté, en esos instantes en que llegué a creer que las truchas sienten y piensan!                                            

  Flyheart
hartfly@hotmail.com

 
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