|
La mañana se
presentaba un tanto fresca allá por el mes de diciembre en el
pintoresco río de los Reartes. Mientras Juan
"Humpy" Perez se preparaba luego de su matutino
chocolate caliente, la petaca con unas medidas de Coca Cola
que aprovecharía si capturaba un pez, su perro Fito Paez
Mendieta
terminaba de desperezarse y elongar sus cortos pero fuertes músculos.
Se podía ver en el rostro de ambos personajes que ese día,
la pesca sería inolvidable.
Sin tiempo que perder de más, Juan tomó su caña #2, una
verdadera reliquia proveniente de 5 generaciones pasadas, el
brillo del bambú seguía intacto. Y si bien no es necesario
mencionarlo, la situación que se planteaba en torno a la caña
nos muestra un poco la forma de ser de Don Perez.
Resulta que en una jornada de pesca en el Chimehuin con su
ex-amigo Pedro Mosca, las ráfagas de viento que azotaban a
nuestros amigos pescadores eran un tanto espaciadas pero increíblemente
fuertes. En un descuido imperdonable de Pedrito, la gruesisima
línea #11 y el pesado streamer del 0/3 se vieron
desviados de su dirección esperada, yendo a parar, el gran
anzuelo, hacia nuestro amigo Juan.
Pedro, no estando al tanto del desviado back cast, inició un
potentisimo foward cast para penetrar en el viento. El loop
del back se terminó de desarrollar a escasos centímetros del
cuerpo de "Humpy" y al empezar la trayectoria hacia
adelante, Fito, que también estaba ahí, tapó sus ojos con
sus patitas como una especie de premonición de lo que ocurriría
después.
El gigantesco streamer giró en el aire y no hizo, con tanta
potencia, otra cosa que arrancarle, literalmente, los
genitales a nuestro pobre personaje.
Surge entonces la pregunta que atormentó al
"desarmado" Don Juan: ¿ A quién le daría el su caña
si no tenia hijos? Puso entonces manos a la obra de alguna
manera, enseñarle a pescar a Fito.
En fin, este asunto sigue pendiente, pero el cuento no tratará
de ese tema sino lo que pasó en esta inusual jornada de
pesca...
Después de que Fito mansamente le alcanzara la caja con las
ninfas caseras, ambos se propusieron explorar lo inexplorado
del río.
Producto del chocolate caliente, Juan se vio obligado a
interrumpir por unos minutos la tan ansiada salida. Desde el
trono con cadena, el señor de la casa tenia acceso visual al
televisor de su cuarto, aprovechando el tiempo puso en su
video casetera uno de sus tantos videos sobre su asignatura
favorita, la pesca con mosca.
"Humpy" puso uno que miraba seguido y en el cual los
pescadores sacaban decenas de truchas y se paseaban felices
por las orillas de ríos llenos de peces.
Fue un tanto extraña la situación en la que se encontraba
Perez, ya que en ningún momento hubo y en ningún caso
apareció siquiera un pez, y dichos pescadores se paseaban
impacientes por ríos "muertos".
Juan pensó entonces que el chocolate no había sido generoso,
no solo con sus intestinos, sino tampoco con su cerebro.
Queriendo dejar atrás este episodio y esperando mejorar,
Humpy tomó a su perro y se fueron de pesca. En el aire se
sentía algo raro y Fito empezaba a inquietarse un poco.
Después de una caminata de casi una hora por la orilla del río,
a Juan le llamó la atención que si bien en la parte que
atravesaban del río no solía haber muchos peces, siempre había
alguno.
En este caso no había ninguno y Humpy no sabia que pensar.
Llegaron entonces a un pozón donde siempre tenían buena
pesca, y Juan se dispuso a elegir una ninfa lastrada para ver
si había Arcoiris en el fondo.
Estuvo casteando por largo rato sin conseguir un solo pique y
sin consuelo gritó al cielo: ¿Qué cosa, por el amor de
Dios, esta pasando?, ¿dónde demonios están los peces que
aquí siempre estuvieron?.
Ninguna respuesta bajó del cielo, pero si de sus pantalones,
sin duda este pobre hombre estaba muy descompuesto.
Caminaron y caminaron sin rumbo fijo, lejos, muy lejos, donde
creyeron que nunca nadie había llegado, hasta que en una
huella animal se tropezaron con cierto objeto pesado que yacía
en el piso.
Estremecidos nuestros personajes al darse cuenta de que no era
un objeto sino un cadáver, ¡¡¡UN CADAVER!!!.Juan, luego de
juntar un poco de coraje, se atrevió a dar vuelta al sujeto.
Super sorpresa, y un sentimiento indescriptible, se adueñaron
de él cuando notó que se trataba de un amigo de toda su
vida, Don Catch & Release. Un amigo con el cual había
compartido y descubierto sentimientos nuevos, puros, y llenos
de placer.
Se notaba que lo habían asesinado hacia poco, y por alguna
razón, extraña para algunos y no tanto para otros, desde ese
día no hubo más peces en ningún lado.
"En memoria del Río Luján, que atraviesa mi ciudad como
lo haría un muerto vivo, arrastrando podredumbre, y recuerdos
de tiempos pasados y mejores". |