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Esta es la historia de un muchacho argentino, rionegrino y cipoleño
que desde muy joven acostumbraba a irse de su casa por las tardes a
recorrer los alrededores. Siempre curioso y observador, aceptaba
gustoso cualquier invitación a la aventura. Cuando tenía alrededor
de 8 años y con un par de pequeños cómplices recorrían la zona
aledaña a la ciudad, zona de chacras, en busca de las grandes palomas
“monteras”, las que una vez atrapadas iban a parar a la parrilla
en el patio trasero de la casa de alguno de los chicos al cual sus
padres así se lo permitían. Todo un banquete para los mocosos porque
las habían cazado ellos mismos.
A
medida que pasaba el tiempo las actividades iban cambiando, de la caza
de palomas pasaron a las ranas, de las ranas a las martinetas, las que
a fuerza de linternas y largas varillas de mimbre terminaban
invariablemente y al igual que las palomas, en la parrilla, hasta que
a uno de ellos se le ocurrió ir a pescar. Por supuesto que ninguno de
ellos tenía la más remota idea de cómo se hacía para lograr que
una trucha se decida a salir del agua. Recabando de todos lados
información se hicieron de los elementos necesarios para intentar
pescar. Las primeras veces sin lograr captura alguna pero con el
tiempo, los cambios de
carnada y mucha práctica se comenzaron a ver los resultados.
Con
el correr del tiempo y como muchas veces suele suceder los amigos se
fueron separando, cada uno comenzó a transitar su propio camino, unos
estudiando, otros trabajando desde edad muy temprana.
El
protagonista de esta historia nunca dejó de lado la pesca, siempre
encontró un espacio de tiempo para ir al río alguna tarde o
escaparse por un fin de semana si es que el tiempo y el bolsillo así
se lo permitían.-
Por
supuesto que a este muchacho nunca nadie le habló de lo que es la “Pesca Deportiva”,
para él ir a pescar era ir a buscar pescados y traerlos a casa, el
volver sin peces capturados y bien muertos era sinónimo de fracaso.
Para
evitar la derrota fue perfeccionando métodos de captura que le
aseguraran llenar su heladera y también repartir un poco entre
amigos, padres, hermanos y todo a quien le pudiera llevar algún
“pescadito” para la cena.
Por
supuesto sus compañeros de pesca utilizaban las mismas artes que él.
Jamás respetaron épocas y mucho menos se les pasó por la cabeza el
comprar un permiso. Cada vez que iban al río sembraban la orilla con
tarros con líneas de fondo con 5 o 6 anzuelos cada una, todos ellos
atiborrados de lombrices; horas buscando pequeñas pancoritas que
resultaran apetitosas para toda trucha que pase distraída por el
sector y, como no podía ser de otra manera siempre llevaban con ellos
una “brujita”, como solían llamarle a la RED. Con ella se
aseguraban una buena cantidad de capturas.-
Preparando
una salida de pesca, este pescador del cual aquí les hablo, pasa por
un negocio del rubro en la Ciudad de Neuquén a comprar algunos
anzuelos, algún que otro rollito de tanza y también interesado en
adquirir un “bulbito” y
un par de mosquitas que, según le habían dicho, daban muy buen
resultado. Es atendido por una buena señora que a la vez que le
mostraba unas moscas le preguntaba si nunca había pensado en hacer
algún curso para pescar con mosca. Este muchacho anteriormente había
averiguado para hacerlo pero lo que le cobraban por el curso estaba
fuera de su alcance y por lo tanto había descartado la posibilidad,
pero esta señora le informó que ellos dictaban cursos de pesca con
mosca y que eran totalmente gratuitos. No lo pensó dos veces, se
inscribió en el acto, pero siempre pensando en perfeccionar técnicas
y buscar la manera de hacer más efectivas sus salidas de pesca.
Cuando
comenzó el curso se encontró con que no todas eran clases de atado
de moscas y lanzamiento, se le explicó el significado del “catch
and release”, lo que al principio y de acuerdo a lo que hasta el
momento entendía como “pesca” le pareció una “reverenda
p..l...t..dez”, pero
con el transcurrir de las clases iba conociendo cada vez más a ese
compañero de deporte que hasta el momento solo había observado
detenidamente cuando estaba muerto; le explicaron el ciclo de vida de
la trucha, le explicaron cómo se alimenta, de qué se alimenta, cómo
vive, su gran inteligencia. Poco
a poco comenzó a apreciar y a respetar a su oponente.
La
primera vez que devolvió un pez a su medio, capturado con una Woolly
Bugger negra, sintió que algo había cambiado, que ya no era el mismo
de antes, que la satisfacción de la pesca no está en vencer y matar
sino en verlo recuperar su libertad y quizás mañana lo vuelva a
vencer, a él, al mismo pez que venció hoy, o por ahí nunca más lo
vuelva a ver, porque esa trucha también iba a evolucionar y tendría
más cuidado la próxima vez.
Por
supuesto, esta persona de la que hoy les hablo soy
yo. No he vuelto a pescar con otra cosa que no sea con mosca, y si
bien en mi primer temporada como “mosquero” sacrifiqué algún que
otro ejemplar siempre fue poniendo especial cuidado en hacerlo en
lugares permitidos, y en tamaño ajustado a lo que el reglamento marca
y he notado sí, cosa que reafirma lo que anteriormente les dije, que
ya no causa satisfacción, ya no me alegra como antes cuando llenaba
mis bolsas con el producido de la pesca, y si me llena de orgullo y
alegría el verlo retornar apurado al agua.
De
mis antiguas técnicas me han quedado los equipos, varios tarros, una
red, y demás equipo del
cual no me quiero deshacer sin destruirlo por miedo a que alguien
pueda llegar a usar esa red en nuestras aguas y en perjuicio de
nuestras queridas truchas.
Este
sábado pasado, 22/07/00, leo con mucho pesar en el Diario Río Negro
un título “DETUVIERON A
DEPREDARORES CON 200 KILOS DE TRUCHA”
desastre éste realizado en el Río Ñirihuau, uno de los paraísos
pesqueros que tenemos en nuestra zona. En este caso indudablemente el
destino de las truchas sacrificadas era la venta a comercios, lo que
al inescrupuloso comerciante le resulta ampliamente beneficioso porque
es mercadería libre de impuestos y por ende mucho más barata. Y
el pescador furtivo que realiza estas capturas ¿por qué lo
hace? seguramente por ganarse algún dinero o quizás por esa tonta
viveza criolla la cual todos nos jactamos tener. Quizás si estos
pescadores furtivos tuvieran la misma posibilidad que tuve yo cambiarían
y entonces priorizarían la vida de las truchas antes que el negocio
que pudieran hacer.-
Yo
creo que todo el mundo puede evolucionar pero hace falta que alguien
ayude, nadie cambia solo y por sí mismo, se necesita que otra persona
nos muestre un camino distinto, y después si ese camino nos resulta
interesante lo podemos
adoptar, pero igualmente debe
darse más difusión a los preceptos que se imparten desde las
distintas organizaciones que se dedican a la preservación de los
recursos naturales.-
Yo
trato de hacer mi pequeño aporte y entonces escribo y escribo, cuento
mis experiencias, mis deseos, siempre tratando de difundir este
hermoso deporte, la Pesca con
Mosca, y lo mando a cuanto lugar de difusión conozco, claro que
esto no alcanza pero igualmente es un granito de arena que se agrega y
se suma.
Ayer,
25/07/00, leo un nuevo título
en el Diario, que habrá “DRÁSTICO
CAMBIO PARA LA PESCA DEPORTIVA”, en esa nota informan sobre que
se implantará en todos los ámbitos de pesca de la Patagonia la “devolución
obligatoria”, lo que me parece perfecto, pero para que ello
ocurra hace falta lo mismo que hace falta para que no se saquen 200
kilos de truchas furtivamente, hace falta que se controle y hacen
falta recursos para realizar esos controles, porque no sirve de nada
tener guardafaunas si no se les paga el sueldo en tiempo y forma, si
no tienen buenos vehículos o, si esos vehículos no tienen
combustible. Tanto o más importante
que la legislación es
que se den las condiciones para que esa legislación se haga cumplir,
si no de nada sirve.-
Todas
las personas tienen la posibilidad y la capacidad de cambiar, tratemos
que sea para mejor, todos podemos evolucionar, yo considero que lo he
hecho, por supuesto que
se lo agradezco a las personas que me hicieron comprender cuál era
realmente la satisfacción de una buena pesca y la importancia de
cuidar lo que hoy tenemos. Hoy trato de hacerle comprender lo mismo a
quien esté dispuesto a escucharme o leer lo que escribo.
Claudio
A. Jerez
asesoria@neunet.com.ar
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