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Morir con las botas puestas
Adolfo es, entre otras cosas, un excelente pescador con mosca, de
esos que hablan poco y pescan mucho. Es de aquellos que gustan de la
pesca sutil, cañas pequeñas, líneas de flote, tippet fino y mosca
seca.
Sin embargo le gustan los desafíos y aunque es una pesca que no
siente va con sus amigos al Limay Medio y pone shooting y streamers
e intenta tirar lejos, corregir, mantener la mosca por delante de la
línea, pero no pesca. En realidad nadie pesca por esos días, como
muchos otros días en el Limay Medio la pesca está dura, se ve cierta
actividad de marrones grandes pero no toman, nadie tiene la
explicación y Adolfo desespera.
No cree en esa pesca, no le encuentra sentido y no la entiende.
Entonces le dice a sus compañeros que prefiere morir con las botas
puestas, guarda el equipo pesado y saca sus armas preferidas,
aquellas que sabe manejar a la perfección: línea de flote y mosca
seca.
Al rato clava una marrón, justo debajo de un sauce al que estaba
vigilando desde el día anterior. "Están comiendo emergentes" declama
y el pecho se le hincha de satisfacción aunque el chaleco y la
parafernalia de accesorios no permiten verlo.
Adolfo no murió con las botas puestas, usó las armas que mejor le
sientan, hirió al monstruo del Limay Medio y salió indemne. Pescó la
única trucha que vimos en toda la tarde.
Del lado contrario del río alguien le comentó a su eventual
compañero: "dale, empezá a pescar que del otro lado ya sacaron una".
Yo sonreí al ver que pescaban con shooting y streamers.

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