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Pequeño relato
El invierno pasado muy cerca de la
primavera comencé a darle los primeros pasos del fly a mi hija de
solo 11 años.
Cerca del faro la observaba practicar el rollcast, no dejando de
sentir emoción; ya la imaginaba a mi lado recorriendo el río, sin
más testigos que el viento.
Llegada la temporada de pesca, después de una intensa caminata bajo
el so, arribamos al río, la tarde era atípicamente calurosa.
Dejamos las mochilas y cada uno eligió el lugar, Luisina, mi otra
hija se limitó a contemplar el paisaje, el padre se alejó con
su caña y la flamante mosquerita fue a hacer sus primeros intentos.
Después de clavar unas “chicas marrones”, oigo un grito de alegría,
si, era ella.... con su primera pieza. No media más de 20 cms. pero
logró engañarla, temblando un poco mojó sus manos, le sacó la mosca
y la puso en la corriente.
Ni falta hacían las palabras, saltamos de alegría, respiramos hondo
y con solo una mirada cómplice nos reunimos a tomar unos buenos
mates. Un día sin dudas memorable.
Luego, pensándolo bien, me pregunté si
estaría haciendo bien las cosas, si se apasiona por esto, como yo,
puede tener tantos gratos momentos como otros que podrían
frustrarla.
Cada año pasa que se limitan más los lugares de pesca, por la
ambición de unos pocos que lucran con algo que es de todos, no hay
programa serio de actualidad donde no se trate el tema de la
usurpación de los de "afuera". Esos que por tener dinero y no sentir
nada, le quitan momentos de placer a muchos argentinos.
Por eso tengo miedo, me dolería saber que un inglés, chileno o
norteamericano de esos que abundan en esta zona, le prive a mis
hijos y nietos de disfrutar una tarde de pesca.
Me duele como argentina, me siento de alguna manera cómplice por
dejar que la impotencia me supere, en fin.... creo que a muchos les
pasa lo mismo, solo queda la esperanza, nada más utópico.
Los políticos seguirán robando y rifando nuestra tierra, como si les
perteneciera, pero a pesar de todo la balanza se inclina hacia lo
bueno, así que voy a darle para adelante, Agustina mi pequeña
pescadora tendrá que decidir libremente.
Se que no va a equivocarse.
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