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Temporada
1999/2000
Nuevamente, como
obedeciendo a un rito místico, cumplo con el renovado
sueño de la mayoría de los mosqueros porteños: El inicio del
camino al sur para explorar los secretos de la Patagonia y pescar. Además,
cuando el viaje es compartido con amigos, aumenta el hechizo y la felicidad.
¡Cuánto placer acumulado y que difícil se hace representarlo con
palabras!, Creo que cambia la química del cuerpo. La nueva sustancia,
invade y circula por cada partícula de mi organismo, revelando un estado
interior de excitación sorprendente, similar a la embriaguez.
En
vísperas de un viaje y a medida que se aproxima la partida, siento que
pierde importancia cualquier evento cotidiano o familiar y solo percibo las
imágenes, los sonidos y los aromas de la futura experiencia. Que curiosa
situación, amo a mi esposa e hijas, comparto con la familia casi toda la
vida, sin embargo, en los instantes previos, descubro que la presencia de
ellos se diluye lentamente, como si me alejara, hasta el punto de dejar de oír.
Estoy invadido por el síndrome químico.
El
viaje se presentaba placentero, con un marzo espléndido y a pasos de
cederle el lugar a abril. Los colores originales y bellos del otoño
preanunciaba el fin de la temporada truchera y llenaba mis ojos con imágenes
que superaban al artista más sobresaliente. Mientras tanto, y como
consecuencia de extensos diálogos sostenidos con una pila de amigotes
adictos al fly, llevaba en un rincón imaginario del cerebro, un bagaje de
ensayos novedosos para poner en práctica, según como se presentaran las
distintas situaciones de pesca.
Arroyito
fue el primer intento, después siguió una visita de reconocimiento a la
Bajada del Colorado y finalmente, una incursión prolongada al pié de la
represa Piedra del Águila (antes del llenado de Pichi Picún Leufú) Todos
estos lugares son considerados como “sectores calificados de pesca”, y
están diseminados a lo largo y en los bordes del majestuoso Río Limay.
Faltaría agregar, para completar el recorrido a “Fortín Nogueira”, el
paraje “El Zoológico” y “Pantanitos”, pero no formaron parte de la
salida que relato.
Estaba
estupendamente acompañado por un grupo de pescadores amigos, socios de la
Asociación Neuquina y muy reconocidos por su pericia mosquera. Compartiendo
con ellos el río y la pesca, obtuve la absoluta certeza, que todo aquél
que tiene la oportunidad de vivir cerca de un río y puede ir a pescar
seguido, dispone de múltiples ventajas respecto de nosotros, que somos
pescadores ocasionales.
Ellos
hacían los lances con líneas shooting hundimiento IV y moscas grandes,
tamaño 2, 4, 6. ¿Adivinen cuál sería la mosca preferida? Acertaron, el
lugar de honor en el ranking de las más usadas y exitosas, fue para la
archi conocida wooly bugger en colores negro, verde oliva y blanco. Le siguió
la Rabbit en tamaño y tonalidades similares, sobresaliendo la Tornyspecial
(cuerpo naranja, ala oliva y cabeza chica de dubbing gris).
Una
portentosa mosca de cuerpo extendido despertó mi curiosidad. Era la primera
vez que veía algo así; estaba compuesta con una tira de cuero de conejo de
12 centímetros apoyados sobre la pata del anzuelo y de color blanco. Al
caer al agua, entre la corriente y la acción que le imprime el pescador,
produce un movimiento ondulante que simula la acción de un pejerrey joven.
Circulaba el comentario, que a las marrones migratorias grandes, les
apetece, un bocado de semejante característica.
Un
ejemplar de marrón de kilo y medio, algunas arco iris de menor tamaño y
varios cortes instantáneos, fueron todo lo más destacable que tuve en la
experiencia de pesca. Un dato para tener siempre presente: Cuando se pesca
aguas abajo de una represa, puede ocurrir un aumento repentino y
considerable del caudal de agua sin que exista un aviso previo. Los carteles
indicadores, en las entradas, revelan que esto puede suceder, pero la falta
de un estruendo o sirena, hace imperceptible a nuestros sentidos la crecida
súbita de agua. Todo pescador, sorprendido en el medio del cauce en tales
circunstancias, tendría enormes dificultades para alcanzar la orilla
caminando, por lo tanto, les propongo prestar la máxima atención. Un viaje
de placer tendría que empezar y finalizar del mismo modo.
Después
de la despedida, siempre melancólica, con los queridísimos y hospitalarios
amigos neuquinos, la marcha se extendió hacia “El Paraíso de la Pesca
con Mosca”, Junín de los Andes. Allí visité dos ríos célebres, el
Chimehuin y el Malleo. El primero en la zona del vaciadero y su unión con
el Quilquihue y el segundo, protagonista final de esta narración, fue
recorrido, al principio río arriba del cruce, solo hasta el 2° puente y
después, río abajo, un poco mas allá de la piedra del indio.
La
pesca resultó óptima, y el tiempo era inmejorable para la época. Los días,
frescos a la mañana, empezaban a entibiarse con el sol, que poco a poco,
inundaba todo el ambiente con su calidez. Si hasta el viento estaba conmigo,
había decidido tomarse un descanso y solo sentía su caricia en forma de
brisa suave y natural. Creo que son las delicias que por momentos suele
ofrecer el Supremo a cualquier criatura viviente, pero mucho más al
pescador, que andando en uno de los pocos paraísos terrenales
existentes, respeta la vida silvestre y es feliz. A veces, tanto un sueño
como una ilusión, son coincidentes con la realidad y quiero vivir para
saborearlo.
Había
decidido probar, desoyendo todos los consejos, (debo tener algún antepasado
vasco) a pescar el Malleo con pantalón corto, medias de neopreno y zapatos
de vadeo. ¡Y funcionó!, En ningún momento sentí frío ¡Je!, Como buen
oso, tengo un espesor formidable de capita protectora. La satisfacción de
prescindir del quita y pon del wader de neopreno, multiplicó por mil, el
goce de estar pescando.
Entre
las variantes de moscas probadas, cito a las más destacadas del periplo,
siendo indistinto el orden de enumeración. Secas: elk wing caddis y goddard caddis. Ninfas: la caddis larva, hare’s ear y bead head larva.
Al
fin voy llegando a lo que pretendió ser el corazón de esta nota, me
refiero a una mosca que goza de poca prensa en el ambiente que frecuento,
tal vez por poco conocida o experimentada por los grandes pescadores históricos,
o por falta de notas escritas, o porque generalmente a la mayoría le gusta
pescar y usar las moscas que recomiendan otros.
Aún
con la experiencia y los años que llevo encima, mi espíritu permanece
inquieto, observador, curioso y hace que casi siempre elija zigzaguear un
consejo determinado para comprobarlo. A veces el resultado hace arrepentirme
del camino elegido, otras veces, compruebo que valió la pena el desvío.
Conclusión:
Prefiero sentir la inmensa alegría de ser el protagonista, aún con
errores, que tener una satisfacción a medias, sabiendo que el único
objetivo, fue copiar o clonar el intento de pesca para mostrar un resultado.
No quiero y me resisto a ser un clon.
El
premio mayor se lo llevó una mosca sorprendentemente eficaz. Convenció y
engañó a un par de truchas grandes y selectivas que habitaban el “pozón
grande” del Malleo, (un lugar ubicado río abajo de la piedra del indio) y
que no se tentaban con ningún otro tipo de moscas. Pretendía pescarla semi
agazapado debajo del sauce y casi de cuclillas, con la modalidad de trucha
vista, separada de mi posición unos seis o siete metros. Ella, con un peso
mínimo de dos kilos, merodeaba el veril del pozón y allí vivía, magnífica,
soberbia, astuta, vital. Yo sufría y ella gozaba, despreciando toda la
batería de moscas pacientemente elaboradas y ofrecidas para el engaño,
secas ninfas, atractoras, streamers, etc.
Después
de insistir por más de una hora y cansado de usar las moscas más
aconsejadas, observo que en la caja hay una de color negro, muy pequeña e
interesante; si no sale con esta mosca, me voy, pensé. El equipo estaba
formado por una caña #3 de 9’, línea de flote y líder 5x de 3,50 mts.
Até el tippet al anzuelo e hice un lance corto, la mosca cayó un poco al
costado, y por dentro del pozón. El silencio era sobrecogedor, el predador
/ pescador estaba tenso, inmóvil, esperando que la mosca se deposite
suavemente en la superficie del agua, finalmente y después de un intervalo
que pareció larguísimo, se oyó un ¡plic!, Comenzando a hundirse.... al
instante, se movió la trucha, y como un relámpago, tomó y desapareció
hacia la profundidad.
Es
el momento cumbre, la gloria máxima, en el que se desata toda la tensión
contenida, liberando infinitas partículas de emoción y vibrando de placer
con la música del reel, ejecutando su mejor y más esperado concierto.
La
caña permanecía íntegramente curvada y la corrida, larguísima,
interminable, estaba seguro que el arrime no podía fallar, la poseía.
Cuando detiene su escape, el índice y pulgar de mi mano izquierda se unen rápidamente
para asir la manivela y girar el carrete... se desprende el reel de la caña,
¿cómo es posible?, ¡la rep:::.,z#3&5$%..ó!. Observaba atónito como
en una mano tenía el reel y en la otra la caña. De inmediato acomodo el
soporte entre las anillas del mango, brota una humedad creciente en la piel
y hay crispación en los movimientos, nace una plegaria: ¡por favor,
quedate quietita! ¡Ya está!, Voy a sacar la mano y antes de hacerlo siento
el tirón de la trucha, es inútil, se fue.
Me
derrumbo totalmente, se aflojan las piernas y acomodo el trasero en el
pasto. Un grito interior descomunal inunda todo el organismo de dolor y
frustración, ¿Qué hice mal..?. Pasan los minutos, los ojos cerrados,
aparece el recuerdo de algunas frases “Lo importante es pescar”, “A
veces el pez gana”, “Mira la belleza circundante y serás parte de una
obra de arte”. Cuanta verdad encierran estas palabras, pero: ¿Cómo me
banco lo ocurrido?.
Respiro
profundamente, el silencio ilumina mi conciencia, desnudando otra vez la
impotencia y precariedad de la condición humana y lentamente, con resignación,
voy recogiendo la línea que la corriente arrastró. Aprieto las anillas que
sujetan al reel de tal forma, que después, resultó muy complicado
destrabar. Miro la caja de moscas, elijo otra igual a la anterior, atándola
sin ganas y me incorporo para observar otra vez el río.
Ya
resignado, y observando la escena de la trucha perdida, surge el recuerdo de
haber visto un reflejo situado a la izquierda de mi sector de acecho. Hacia
ese lugar fue la mosca y mientras esta se hundía, emergió como una tromba
otra arco iris fenomenal, de menor porte que la perdida. Peleó con bravura,
pero su destino estaba sellado y compensó con estilo, mi amargura.
Finalmente y antes de ser devuelta al agua con admiración, aceptó a regañadientes
posar para la foto que ilustra el escrito y se eternizó, formando parte de
un recuerdo imborrable. Era increíble, tanto tiempo esperando la tomada y
de pronto se origina un pique tras otro, cambiando imprevistamente las
expectativas y transformando la noche en día, en un abrir y cerrar de ojos.
¿Dónde
iba? ¡Me perdí! No sé que pasa, por momentos avanzo en zigzag, debe
existir cierto misterio oculto en mi red neuronal. Mejor sigo con
el tema principal, tengo que describir la mosca.
Fue
la reina de la salida, “mi reina” Un atador amigo, tuvo la feliz
ocurrencia de regalarme unas cuantas y dijo que las conocía con el nombre
de shrimp, cuya traducción literal equivale a la denominación de un
camarón de río o a un renacuajo, eligiendo a este último, por su color
negro y volumen similar. ¿Podría ser un scud?, También es
probable, por su semejanza con pequeños crustáceos y sus imitaciones.
Puede ser confundido con un beetle por el tamaño, pero inexacto por
sus características. El escarabajo flota y su cuerpo no está segmentado.
Cualquiera
sea su verdadero nombre, lo cierto es que la mosca resultó tener una
eficacia asombrosa. Es de hundimiento rápido y está montada sobre un
anzuelo Dai-Riki n° 075 ó n°135 en aberturas 12-14-16. Este tipo de
anzuelo es muy fuerte, de cuerpo corto (-2x) y con una curva muy amplia que
facilita notablemente la clavada. Son los mismos que empleamos para atar
eggs. Otras variantes o equivalencias son: Mustad 80250 BR-9174, Partridge
K4A, Tiemco 2457, Eagle Clow D 055 ó Daichi 1530.
Tiene tres vueltas de hilo de plomo para lastre,
adelante, justo debajo del tórax, para abultarlo, un cuerpo hecho con
dubbing negro y un hackle del mismo color atado palmer (en espiral y con un
largo de fibra una vez y media la abertura), un cubrealas transparente de
material sintético o látex, obligando a las fibras de gallo a salir por
debajo del cuerpo para rematar con un ribeteado fino de alambre de cobre, no
excediendo las 5 vueltas. Un último detalle a tener en cuenta, la cabeza
puede terminarse con un color rojo, preferentemente con dubbing.
Esta
mosca fué probada en varios ríos de la provincia de Córdoba, además
de otros ríos y lagunas de Entre Ríos por un ex alumno, ahora hábil
pescador, que tiene un futuro relevante. Tuvo un resultado fenomenal, hasta
el punto de comentarme que a ésta mosca la toman todos los bichos,
inclusive una tararira remolona, que sólo atacó al artificial mencionado.
Si
usted, lector, llegó hasta aquí, le prometo que no va a poder dejar de
tener en su caja, varias réplicas de esta excepcional mosca, tan sencilla
de atar en cualquiera de sus medidas.
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