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Cierre de temporada en el Limay Medio

Como en los últimos años elegimos el Limay Medio para cerrar la temporada de truchas 2003-2004. El cierre de temporada en este gran río poco a poco se va convirtiendo en un clásico, casi como la apertura en el Correntoso.

Los reportes que nos adelantaran amigos que concurrieron la semana anterior no eran del todo alentadores, como casi toda la temporada, el Limay Medio estaba "duro", es decir, las capturas eran escasas y los patrones de comportamiento erráticos, diferente a lo ocurrido el año anterior. Nosotros ya habíamos experimentado algo de esto en Semana Santa, pocas truchas, poca actividad, escasos resultados en lugares otrora rendidores y efectivos. Sin embargo la decisión no se cambiaba, tantas veces este río nos dio grandes satisfacciones que la fe en sus aguas y en sus grandes truchas es inquebrantable.

Llegamos al cartel indicador de la entrada a la presa de Pichi Picún Leufú a las 7:30 de la mañana del sábado 22 de mayo, luego de viajar toda la noche sin sobresaltos desde la Capital Federal. Aun era noche cerrada y decidimos continuar hasta Piedra del Águila, 10 Km. más adelante, para dejar la ropa y el resto de los elementos que trajimos para pasar 3 días de intensa pesca, ese corto trayecto debimos hacerlo con mucha precaución, la niebla apareció de repente, la visibilidad era escasa y el frío intenso.

El primer día

Luego de encontrarnos con algunos amigos que venían desde otros lugares del país decidimos pasar la primer jornada de pesca en inmediaciones de la presa, fuimos hasta la estancia del Sr. Martínez del lado de Río Negro y bajamos la lancha de los amigos de Carhue. Dado que éramos muchos para la embarcación, algunos decidimos quedarnos a pescar de costa y otros emprendieron viaje por el río en busca de lugares más bajos, la presa estaba erogando mucha agua y no era sencillo encontrar buenos lugares. Todo el sector aguas abajo del puente lo dejamos para otro momento, cuando el río estuviera más bajo.

A poco de empezar a pescar pude obtener una marrón plateada de regular tamaño lo cual influyó en mi espíritu para todo el día, ¡Qué hubiera sido de obtener algo más grande!. Sin embargo no pasó más nada hastaUna de las capturas del primer día entrada la tarde cuando otra marrón un poco más chica se prendió a mi mosca dejándome conforme, más aun al enterarme del magro resultado de varios de mis amigos y compañeros de aventuras.

La tendencia de los últimos tiempos continuó y a pesar de buscar las grandes y gordas a lo largo del día, solo algunas pocas capturas de regular tamaño contribuyeron a mantener la calma y la esperanza de todos, pensando en un día siguiente con mejores resultados. Ese día posterior (domingo) íbamos a flotar desde Fortín Nogueyra hasta Los Corrales.

 

Por la noche las anécdotas del día, las técnicas y moscas usadas, los lugares visitados fueron los temas más comunes de la cena. La coincidencia era total: el río estaba muy duro y un clima de incertidumbre reinaba entre los comensales.

Mi segunda capturas del primer día

La flotada

Durante la cena ultimamos los detalles de la bajada del río que haríamos al día siguiente con el guía Gustavo Ríos quien amablemente nos invitara a recorrer con El algunos lugares supuestamente menos visitados y por consiguiente con menor presión de pesca. Dado que los asistentes seríamos unos cuantos (9) y no había balsas para todos Gustavo agregó un par de semirrígidos para llevarnos.

Luego de algún desencuentro por el lugar de partida llegamos todos al camping de la Estancia Fortín Nogueyra y nos enteramos de la mala nueva: una vez más estaban cerrados los accesos a Los Corrales y el Zoológico por lo que debimos acortar el trayecto de la bajada hasta el sector conocido como Boca Toma dada la imposibilidad de llegar con los vehículos hasta el punto previamente elegido.

Momento de la partida del grupo bajando el Limay Medio desde el camping de Fortín Nogueyra hasta la Boca Toma.

Todas las embarcaciones contaban con handies y las novedades de cada una se transmitían a las demás. Al principio cada grupo buscó por las suyas pero ante el fracaso general debimos pasar a emplear alguna estrategia en conjunto pasándonos los datos concretos de cada lugar visitado y coordinando movimientos y sectores nuevos a explorar evitando bajar donde alguno de los grupos ya había fracasado.

Los lugares donde paramos eran a priori excelentes, algunos conocidos por haber pescado en ellos accediendo de las estancias de Martínez, Ortiz y Tapia, todas del lado rionegrino. De esa manera pasamos por El camping, las Champas, el colectivo, etc. Otros lugares más alejados eran totalmente desconocidos para mi que jamás hice una bajada de estas características. Sin embargo el denominador común fue la falta casi total de resultados, solo algunas arco iris de regular tamaño sirvieron para confirmar que el río tenía peces.

Así fueron transcurriendo las horas y  por la tarde pude obtener una muy linda arco iris de la cual no tengo foto dado que se negó a retratarse y se me cayó de las manos justo en el momento en que mi amigo Javier estaba a punto de presionar el obturador. Motivados por esta captura, renovamos las ganas y el esfuerzo, al propio Javier se le fue una enorme marrón luego de tomar violentamente su mosca y saltar totalmente fuera del agua solo para que la observáramos un instante. Según Javier, en ese momento estaba un poco distraído y jamás tuvo la mínima posibilidad de clavarla por lo sorpresivo y rápido del pique.

Algunas percas entre ambos sirvieron para tener algunos instantes de emoción, principalmente recuerdo una bastante gordita que se prendió de la cola y que me hizo pensar en algún record mundial, solo por algunos momentos.

Almorzamos un buen asado a las 17:30 horas en el lugar de destino, la charla se basó en lo mal que nos había ido y Gustavo estaba bastante descorazonado, esa noche regresamos tarde y en la gran cena que nos juntó a todos luego de un reparador y merecido baño, el tema principal de la charla era el magro resultado y el desconcierto general por el fracaso.

Todavía nos quedaba un día completo y el pescador es optimista por naturaleza.

El último día

El lunes 24 volvimos a lo de Martínez. Al igual que el primer día algunos decidieron salir en el bote y otros nos quedamos para caminar la costa. Aguas abajo de la bajada de lanchas hay una hermosa y larga corredera, muy pescable con agua alta (como fueron esos tres días) pero cuyo nivel decrece notablemente cuando el caudal se acerca al mínimo permitido. En ese lugar un amigo de Esquel y sus dos compañeros de viaje habían obtenido varias marrones de regular tamaño en los días previos, nada extraordinario pero al menos con pique sostenido durante todo el día, cosa que para nosotros y a esa altura de las circunstancias nos parecía poco menos que imposible.

Mi única captura del 3er. día

Junto con Mario, otro compañero de viaje, nos dirigimos resueltamente al lugar mencionado y al poco tiempo de llegar pude obtener otra marroncita de regular tamaño, pensé que finalmente iba a tener mi día de buena pesca pero salvo un par de toques muy rápidos que no me dieron tiempo a clavar, no obtuve más nada.

Salvo un ratito que paramos para tomar mate no me tomé descanso y luego de probar varias líneas (flote, hundimiento moderado y hundimiento rápido), todo tipo de mosca y varias técnicas que en otras oportunidades me dieron buenos resultados, nos fuimos a almorzar y recuperar fuerzas para el último embate de la tarde.

Al llegar al lugar utilizado para bajar  lanchas me encontré con Daniel Ortega, reconocido guía de la zona que estaba guiando a un americano que pescaba en la modalidad de spinning. Me comentó que truchas grandes había y en cantidad (pude observar fotos de algunas capturas de su guiado y debo darle la razón), el problema, según Daniel, radica en que se encuentran en las partes más profundas del río (generalmente en el medio) y que es difícil sacarlas de ahí, más complejo aun llegar hasta ellas para un mosquero que pesca vadeando.

La presión de pesca y la variación permanente y exagerada del caudal del río atentan contra la buena pesca, solo es factible obtener alguna buena captura al amanecer y al anochecer, cuando confiadas en la protección de la escasa luz salen de sus confortables posiciones y se acercan a las costas para alimentarse mejor. Esta es la teoría de Ortega y a juzgar por las fotos de las excelentes capturas de su guiado no podemos menos que suscribir, al menos en la parte que asegura que las grandes truchas del Limay Medio siguen existiendo.

Para refrendar estos dichos, esa tarde, en los últimos minutos de luz, uno de nuestros compañeros de pesca, el Dr. José María "Virus" Fernández obtuvo un descomunal macho de más de 5 Kg. de peso, cuando lo iban a retratar con semejante trofeo la trucha hizo un violento movimiento y se le fue de las manos, Virus se tiró literalmente de cabeza al agua pero ya era tarde, solamente a El le quedará el recuerdo de la pelea y a sus ocasionales compañeros la visión de semejante ejemplar, a Uds. solo este relato.

El regreso y la recompensa

Al día siguiente bien temprano emprendimos el regreso, sin embargo unos pocos se quedaron para pescar esa mañana y dentro de ese pequeño grupo estaba Mario Ratti quien es fanático de los madrugones para pescar el amanecer, lamentablemente para el sus amigos somos todos dormilones y pocas veces puede cumplir con sus deseos.

Esta vez se le dio la fantasía de pescar temprano ya que nosotros partimos antes del amanecer y entonces se dirigió al puente, el río estaba bajo como no lo había estado en los tres días previos, ingresó del lado de Río Negro, bajo desde el puente, cruzó un pequeño vado y se dirigió hacia una leve curva, esperó pacientemente a que la luz natural empezara a iluminar la escena e ingresó lentamente unos pocos pasos, siguiendo las indicaciones del "Tano" Claudio Zanellatto, hizo el primer lanzamiento, dejó derivar la mosca casi hasta la propia costa y el premio a su constancia llegó de la mejor manera.

Luego de esta gran captura ni el ni los otros tres que lo acompañaban volvieron a tener pique pero la alegría permaneció en el pequeño grupo.

La gran captura de Mario

Mientras tanto y ajenos a esta escena nosotros volvíamos hacia Buenos Aires. Yo pensaba en que la próxima vez intentaría levantarme más temprano y que para el anochecer debería estar en algún lugar cercano que me permitiera pescar hasta el último minuto de luz natural. Al igual que Daniel Ortega yo creo que el Limay Medio tiene aun grandes marrones.

 

Héctor Gugliermo
hgugliermo@flyfishing-argentina.com

 
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