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Informe de un remoto lugar patagónico que debería conservarse como un verdadero santuario de la pesca con mosca.
El paisaje en esa zona se hace sangre. Integra al pescador con el entorno y lo participa desde el placer de un furibundo pique, con la soledad, el viento y la montaña.
Son 2248 kms desde la Capital Federal. Bariloche (1.600 kms) es el primer punto de destino. El sol cayendo interminable, molestaba en la última etapa de ese día. Tomamos un hotel en el Km. 4,5 al Llao Llao, L’Edellil su nombre. Por una habitación triple con desayuno pagamos $
37,00.
Amanecimos ansiosos, desayunamos rápido y salimos rumbo al Bolsón. En este camino, los cerros están cubiertos en sus bases por millones de lupinos azules, fucsias, rosas y blancas, que alternadamente, como pedazos de sol desprendidos, se mezclan con matorrales amarillos de retamas. Seguimos sin detenernos rumbo a Esquel. Por si alguna vez lo necesitan la Dirección de Pesca Continental está en 9 de Julio 1643 de Esquel, Tel. 02945-451063, atienden de Lunes a Viernes de 8 a 13 hs. Desde allí empezamos la última etapa del viaje por la ruta 40. A los 150 Kms encontramos el camino de entrada al Pueblo de Río Pico, 60 Kms de ripio grueso y peligroso. Llegamos a un típico pueblo patagónico, casas chatas y gente buena en el medio de la montaña, conviviendo con el viento.
La esposa del Guardafauna nos extendió los permisos de pesca diferenciales por una semana ($ 20 por persona). En él pudimos leer el Reglamento Continental Patagónico de Pesca Deportiva.
Lago 3 Cabañas y
truchas
Este lago, es el mas codiciado por los pescadores, porque contiene las grandes de la zona. Posee un camping bien provisto de leña y a escasos pasos de las truchas. Con solo entrar a la playa que lame al campamento, o desde las rocas que como pequeñas península lo penetran, es posible clavar con mosca hundida, excelentes piezas. Por ser el lago mas chico de la zona es posible recorrer su perímetro por ambos laterales. A diferencia de otros en la región, es de poca profundidad, por eso la pesca con mosca se hace ideal y cualquier lugar que elijamos para hacerlo, es bueno.
Los encargados de la concesión cuentan con dos embarcaciones, un gomón y un bote de fibra, con motores de 15 HP, que alquilan a $ 50 por día.
Para los que disfrutan del Belly Boat el lago 3 sería ideal salvo por el viento. Rey guerrero del clima en esta zona. Siempre está.
Cuando la fuerza de este amaina, en la aurora o casi al anochecer, es cuando su voluntad nos esta permitiendo pescar. Son, a veces los únicos momentos en que podemos hacerlo.
Las playas que lo rodean permiten introducirse con Wader unos 30 o 40 metros hacia el centro.
Julián Rosotti, ni bien llegó, calzó sus Waders y buscando una entrada que lo reparara, logró varios piques levantando una que le alcanzó por ese día.
A la mañana siguiente, con el viento arreciando, Julio Rossotti clavó una Arco Iris que satisfizo todas las expectativas que había cargado durante tanto viaje. Los lances, a pesar de su pericia, debía hacerlos a favor del viento y esto significaba castear hacia la costa. Como las truchas no son previsibles, nos sorprendimos cuando vimos su caña totalmente accionada, y una Arco Iris que saltaba mas allá de las olas, recortaba su silueta entre el centro del lago y la orilla, mientras Julio, levantaba sus brazos para asegurar la presa.
Las mosca usada con efectividad por Julián fue una Woolly Bugger de cola de Marabú verde con cuerpo y Hackle marrón y la de Julio fue una producto de su experiencia y creatividad que imita a una Páncora, mezclando en su armado el cuerpo y el Hakcle de una Woolly Worm con una cola dividida en dos partes de acción semirígida algo así como un páncora con pinzas, por lo tanto Julio la bautizó Woolly Nipper (Pinza Peluda). Primera vez que la pone a trabajar y ya probó su efectividad.
El Río Pico y sus
afluentes
El frío y la lluvia de ese día nos llevó a pescar en la parte mansa del Río Pico buscando en sus costas reparo al viento. Para acceder a este lugar, se sigue el camino que rodea al lago por el Sudoeste, se pasan cuatro tranqueras hasta llegar a una vivienda al lado de un brete armado con madera bruta de Ñire. Unos mil metros a la derecha se encuentra el río. Recorrerlo hacia uno u otro lado, en este caso fue lo mismo, siempre hubo viento y piques.
Al tercer día de nuestro arribo, pasamos la tranquera de esta vivienda y seguimos el camino con el mismo rumbo, imaginando el lecho del Río a la derecha. Pasamos cuatro tranqueras mas de alambre hasta enfrentarnos a una pintada de azul. Traspuesta, seguimos una huella hasta llegar a un casco donde nos recibió el Sr. Barrera, puestero de la Estancia Los Tres Leones. Previo pago de $ 15 por persona nos arrimamos hasta la misma costa del Río Pico.
Caudaloso viboreaba azul turquesa por debajo de nosotros.
El suelo de césped verde, y frutillas silvestres sin frutos, nos ofrecían sus flores pequeñas y blancas. Una arboleda quemada mostraba troncos grises y rotosos hasta transformarse en un hermoso monte de ñires, coníferas y sauces. Recorrimos su costa hacia el este y encontramos un nudo de arroyos que confluían en una curva cerrada y se metían debajo de unos sauces que los cubrían totalmente. Unidos escapaban hacia el Pacifico. Un arroyo de aguas negras y cristalinas era el único recorrido calmo del punto que al llegar formaba un remanso de espuma. Allí hicimos base. Julián, desapareció con su equipo de mosca hundida, yo vadeé hasta llegar al mismo centro de las corrientes. Julio, como siempre observaba el Río y sus vitales movimientos. Hubo truchas para todos pero solo dos, fueron valiosas por la calidad de su pesca.
Dos truchas importantes
La primera, fue fruto de la sabiduría de Julio, quién después de verme a mi lanzar una y otra vez al lugar en que intuía iba a tener el pique, me indicó que no insistiera con las Wooly. Tomó su equipo que hasta el momento no había usado, eligió una ninfa, una Ida May, adhirió al líder un flotador adhesivo de foam (Strike Indicator) dejándolo a 80 cm de la mosca y en su primer lance sacó esa trucha. Quizás alguien se pregunte por el tamaño de la pieza. En estos casos es cuando menos importa el tamaño, porque el pescador dedujo lo que debía hacer, lo hizo y resultó. Que más se le puede pedir a la pesca. Igual, para información de aquel que crea que el tamaño significa algo, fue una trucha de casi dos kilos.
La segunda, también le corresponde a Julio, y esta si que era enorme. El arroyo encerrado por la profunda cañada que lo contenía y el bosque de sauces en galería que se apoyaban en la costa fueron la causa de que el viento, en ese sitio, no molestara. Esto permitía la eclosión de algunos insectos. Desde arriba veíamos las truchas como en una pecera. Con sus movimientos suaves y elegantes, se acercaban decididas hasta la superficie y con un movimiento inverso se alejaban, luego de comer, a tomar su lugar. Una enorme marrón se destacaba del grupo. Se movía poco y era la que estaba mas alejada y difícil. Llegar hasta allí parecía imposible, aún haciendo un buen Roll Cast parecía difícil. Julián y yo como espectadores de lujo, desde arriba, veíamos como la mosca, arrojada por Julio llegaba a escasos tres metros de la trucha. La Tarántula, una mosca seca enorme pero efectiva, se apoyaba sobre el agua y pasaba en ritmo pero lejos del lugar donde ella perezosamente comía.
Un lance perfecto hizo que la mosca pasara una mata de plantas acuáticas y se apoyara exactamente donde todos esperábamos. La trucha, ascendió y la tomó sin dudar. Atrapada, dio un salto en el agua que sonó como una cachetada exagerada. Fue un torpedo que se metió por debajo de la maleza sin que nada se pudiera hacer para traerla hasta la costa. Como el anzuelo estaba sin rebarba, esperamos un rato con la línea totalmente suelta y la vimos desaparecer en las profundidades del arroyo.
Alguien podrá decir - no la sacó -. Es verdad, pero, como en el otro caso no se tuvo en cuenta el tamaño, en este, no importó sacarla. El espectáculo extraordinario que nos brindó y la emoción hasta el infarto que le provocó a Julio fue suficiente para nosotros. Extraerla del agua, a veces, no es nada mas que una acto egoísta.
Un día Patagónico.
El tercer día, después del éxito de la Tarántula, volvimos bien temprano a probar con secas y esa mañana fue mi momento. Até en el extremo del líder una Royal Wulff, antigua mosca inventada por un cochero real que fue reformada en los año 30 por un pescador llamado Lee Wulff. De allí su nombre. Luego de pasarlo a Julián que estaba en pleno éxtasis tratando de arrimar a la costa el pescado de su primer lance, comencé mi faena con el inconveniente previsible de no poder castear con comodidad. Me fue excelente, a las 11 de la mañana había sacado tres Arco Iris y dos marrones, cada cual con una dificultad diferente. Pleno, en un día que se presentaba inmejorable, me saque los Waders y me puse a hacer el asado. Cuando los llamé para almorzar, Julián, había clavado cinco sin poder sacar ninguna. Julio, caminó mas que pescó, y nos indicó un arroyo para la tarde, que estaba sensacional. Disfrutamos del asado y dormimos una siesta. Nos preparábamos para las horas finales del día seguros de una pesca tan buena como la de la mañana. De pronto, el clima se puso inhóspito. Mucho viento, y una persistente lluvia helada nos fue enfriando el cuerpo y el entusiasmo. El arroyo indicado por Julio, estuvo muy bueno por la pesca y por la increíble visión de un visón cazando a un pichón de Cauquén, ganso patagónico algo mas chico a los que conocemos. Alertados por escandalosos graznidos de los gansos, vimos al visón corriendo desesperado hacia el campo. Se detuvo a unos 50 metros. Levantó inquieto su cabeza, y decidió volver por el mismo camino por el que había escapado. Nosotros, perplejos, pensando que la naturaleza, por esta vez, le había ganado al malo, lo veíamos regresar. Los gansos ya se habían alejado del lugar del primer ataque. El visón, ignorándonos, se arrojó al arroyo y salió de él con un pichón entre sus dientes. Cuando nosotros escuchamos los gritos de los gansos, el visón ya había cumplido con su mandato instintivo. Al escapar, ya sabía que volvería por su presa.
Ya el clima había decidido nuestro regreso, cuando volvimos a ver la pecera con truchas comiendo arriba, Julián y Yo desde distintos ángulos intentamos encontrar la mosca que nos hiciera pescar la última, pero esta vez, ganaron las buenas. No pudimos y nos fuimos de ese maravilloso lugar, pensando que nadie debería alterar nada de lo que vimos, jamás. Cada generación futura merece nuestro esfuerzo en cuidar estos míticos lugares de nuestro país. Ojalá lo logremos.
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