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Un cierre inolvidable
Gran problema este de escribir sobre el cierre de la temporada. Se supone que
esta es una página de pesca y el tema principal debería pasar por ella; por
describir el estado del río, las capturas, las moscas y equipos usados. Sin
embargo me cuesta mucho separar o al menos focalizar la atención solamente en
la pesca.
Ocurre que disfruto tanto de los preparativos del viaje como del trayecto
mismo, del reencuentro con los amigos, de los asados multitudinarios y por
supuesto, como a la mayoría de los pescadores, me gusta pescar y sacarme una
foto con alguna buena captura. Entonces se me hace difícil hablar
exclusivamente de la pesca.

El Limay Medio en esta última semana de la extensión de la temporada, me
brindó la posibilidad de realizar mis expectativas en todos esos sentidos,
¿qué más puedo pedir?. Nada más, por supuesto, solo agradecer.
Como en los últimos años elegí el Limay para hacer mi cierre, otras
alternativas a considerar eran el Chimehuín y el Caleufú, este último, con un
gran cierre en la temporada anterior era tentador pero luego de meditarlo muy
poco y ayudado por mis amigos Patagónicos que aman este río casi como a ningún
otro, el destino quedó sellado: sería Piedra del Águila y en busca de las
grandes marrones que allí se pescan.
Hablando del Caleufú, amigos de la AMBA que por segundo año consecutivo
hicieron el cierre en sus aguas, me comentaron que al igual que en el año
anterior, la pesca estuvo excelente. Habrá que tenerlo en cuenta y seriamente
para la próxima.
Pero volvamos al Limay, los preparativos fueron por demás excitantes: la
primer consigna fue averiguar que moscas estaban rindiendo mejor (aunque costó
convencer a algunos para que me dieran esos datos), pude finalmente enterarme
que las moscas blancas eran las de mejor funcionamiento. A atar en blanco
entonces: woolly buggers, big limay, rabbits, ambulancias, blondes. Por
supuesto que moscas en diseños y colores tradicionales no faltaron. Los
reportes de amigos y conocidos de la zona y también de aquí de Bs. As. que
pescaron en semanas anteriores fueron llegando y haciendo más entretenida pero
a la vez agónica la espera. Líneas de hundimiento intermedio para el fin de
semana y de hundimiento rápido para los días de semana fueron revisadas y
preparadas para las jornadas que se avecinaban. Por último, la confección de
líderes y un repaso general del resto del equipo ayudaron a aliviar la espera
pero a la vez me dieron alas para la mente.
Esta vez no viajaba con los amigos de siempre, distintos motivos me dejaron
como único representante del grupo que integramos en Semana Santa y en muchas
otras salidas previas, pero rápidamente otros ocuparon los lugares vacantes y
la duda sobre cómo nos llevaríamos quedó disipada en los primeros kilómetros
de autopista y ruta, todo fue de lo mejor.
El
encuentro con una gran cantidad de amigos de la lista Fogón Mosquero fue
emotivo y por demás satisfactorio, vino gente de Esquel, de Allen, de
Cipolletti, de La Plata y de toda la provincia de Bs. As., con ellos
departimos diariamente en un encuentro virtual a través del correo, y en esta
oportunidad nos vimos personalmente en Piedra del Águila y pasamos juntos tres
hermosos días con la excusa de la pesca.
Y aquí la corto con este tema del encuentro y los momentos compartidos, porque
la cosa es muy personal y pasa más por los sentimientos que el relato y el
relator no pueden expresar en su justa medida, solo voy a agregar que me
considero muy afortunado al poder vivir estas experiencias y de haber conocido
a tanta buena gente.
Vamos entonces a La pesca. Los resultados en si son difíciles de catalogar,
darle un rótulo de buena, regular o mala depende de muchos factores que van
más allá de la calidad y cantidad de peces obtenidos; voy a comentarles un
ejemplo que servirá para la explicación: en el viaje de vuelta escuchamos
hablar por una radio de Neuquén y en un programa de pesca a uno de nuestros
amigos que había pescado junto a nosotros los tres días, me refiero a Chiche
Aracena. Su respuesta a la pregunta del conductor sobre cómo había sido el
cierre fue la siguiente: “Las marrones faltaron a la cita”, y está bien dicho.
Sin embargo Uds. verán las fotos que adornan esta nota y podrán pensar que las
mismas no representan para nada ese concepto, y también está bien. ¿Entonces
cuál es la verdad? Diré entonces que ambas afirmaciones son verdaderas y a
continuación daré una explicación para tratar que Uds. entiendan mejor.

En principio tenemos que remontarnos al menos 10 años atrás, lamentablemente
en esa época yo no pescaba con mosca pero amigos que si lo hacían cuentan
maravillas de esos tiempos. Todo el Limay medio era una fuente (que muchos
creían inagotable) de grandes salmónidos, hoy esos amigos reconocen y lamentan
que el río ya no es el mismo. Para ellos el obtener en un día 2 ó 3 buenas
truchas marrones les parece poca cosa, este río tiene inmensas posibilidades y
una historia anterior de esplendor inusitado. No estamos hablando de otros
muchos ríos patagónicos que conocemos y pescamos habitualmente y donde obtener
tres o cuatro salmónidos de un kilo es una pesca fantástica, aquí hay marrones
grandes en serio y muchos vamos en busca de ellas, Chiche como pescador de
todas las épocas sabe que es así y opina en consecuencia.
Otros
varios y diversos factores influyen para que la pesca sea irregular, veamos
algunos de ellos. Un tema no menor es que el caudal está regulado, las grandes
represas que cortan el río determinan cuanta agua dejarán pasar y
lamentablemente las diferencias de caudal y altura son muy grandes entre el
día y la noche así como entre días de semana y feriados, esto también
determina que la pesca varíe notablemente de una jornada a otra, incluso en
diferentes momentos de un mismo día.
Las distancias entre la presa
y los diferentes lugares de pesca es otro factor que influye en el
comportamiento del río, en la zona más cercana a la presa la altura del mismo
y su caudal bajan o suben inmediatamente que se produce la detención o puesta
en funcionamiento de las turbinas, en cambio en zonas más alejadas como por
ejemplo en las Estancias La Picasa o Pantanito, las fluctuaciones tardan más
tiempo en notarse, tanto por nosotros los pescadores como por los peces y se
producen mucho más lentamente.
Me
ha ocurrido de estar pescando en inmediaciones de la presa de Piedra del
Águila y tener el agua absolutamente quieta y muy bajo, en esas condiciones la
pesca se torna extremadamente difícil y las marrones grandes desaparecen por
completo dejando su lugar a pequeñas y medianas arco iris que patrullan todo
el sector tomando pequeñas ninfas y secas. A los pocos minutos de sonar la
sirena de advertencia y comenzar a correr el agua, estas truchas desaparecen y
toman su lugar las marrones, entonces es hora de cambiar de equipo y pescar
con shooting y streamers.
El último punto que quiero mencionar es que este es un río difícil. El ancho
del mismo así como su extensión y su muy variada profundidad en cada tramo lo
hacen un jeroglífico muy complejo de resolver para aquellos que no están
acostumbrados.
Retomo el relato esperando que se entienda un poco más el ambiente de pesca y
los motivos por los cuales para algunos la pesca puede ser fantástica y para
otros apenas discreta o un fracaso total.
Mis amigos de Allen el día jueves 29 se lucieron y demostraron una vez más que
el conocimiento, la experiencia y la dedicación dan resultados más allá de una
eventual mala jornada. Como decimos habitualmente, "nos hicieron un sobretodo
de escamas". Solo en la mañana tres marrones por encima de los 3 kilos (una de
4,5 kg. casi exactos) y varias más apenas un poco más chicas. Uno de ellos
coronó la jornada con un soberbio macho de 5,2 kg. Me saco el sombrero ante
ellos.
Un amigo que me acompaño en esta oportunidad y que hacía su debut en este río
tuvo la suerte de pescar un extraordinario macho que no pesamos pero que
calculo andaba por los 4 kilos. Luego de una pelea extraordinaria y las fotos
de rigor, Guillermo me confesó que le temblaban las manos.
Los dos días siguientes fueron de menor pique, el viernes 30 el río estaba
altísimo lo cual dificulta tanto el vadeo como la localización de las truchas,
el sábado por el contrario, estaba en un caudal mínimo que hizo aun más
esquiva la actitud de los salmónidos ante nuestras moscas.
La cantidad de pescadores de ese último día de la extensión daba miedo,
prácticamente no había lugar donde ponerse y los botes de los ocasionales
pescadores así como –lamentablemente- de algunos guías del lugar llevando a
sus clientes, molestaron sistemáticamente a los que como nosotros preferimos
pescar vadeando. Hay denuncias y fotos así que esperamos se les llame la
atención y que aprendan a respetar tanto al reglamento como a los demás
pescadores.
Los corderos asados del jueves y el sábado así como el guiso del viernes en la
estancia de Martínez fueron soberbios, las cenas en el restaurante de la
terminal de ómnibus buenas aunque un poquito caras y el hotel Piedra del
Águila muy aceptable.
Para ir finalizando… este es un lugar excepcional para la pesca con mosca.
Dios quiera iluminar a todos los que directa o indirectamente están
relacionados con el mismo: a los habitantes de la zona para que cuiden,
respeten y hagan respetar esta fuente de ingresos; a los guías para que
piensen que su trabajo depende de los peces y de los pescadores que los
contratan hoy y los que pueden contratarlos mañana, a los prestadores de
servicios para que cada día los mejoren, a las autoridades regionales y
provinciales para que vean esto como una forma de mejorar una región y a los
pescadores para que siempre tengan presente que el recurso es frágil y que si
quieren venir a pescar en el futuro, ellos y/o sus hijos tienen que respetar
el reglamento.

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