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Hace algunos días una triste noticia
corrió como reguero de pólvora entre los mosqueros: la estancia Fortín
Nogueyra se habría vendido y los nuevos dueños cerrarían los accesos
para pescadores y construirían un lodge de pesca. El fantasma de que
ocurra en el Limay Medio lo mismo que pasa en Río Gallegos se hizo
presente y golpeó duramente.
La reacción no se hizo esperar y
comenzaron a funcionar los correos, llamados telefónicos y reuniones con
opiniones, críticas y propuestas, entre estas últimas surgió la de
crear por fin y definitivamente la tantas veces postergada Federación
Argentina de pesca con mosca. Con ese nombre o cualquier otro, es lo mismo
siempre y cuando logremos unir a todas las asociaciones y pescadores con
mosca de nuestro país. Lo importante es la unión, no el nombre. Y digo
que la unión es lo importante porque unidos seremos más fuertes y
podremos defender derechos e intereses que hoy son ignorados y hasta
violados.
A los pescadores nos toca vivir hoy
problemas tales como la disminución progresiva y sistemática tanto en
cantidad como en calidad de los peces, polución de las cuencas hídricas,
furtivismo, depredación, falta de control, cierre de accesos públicos a los ríos, malos
servicios y preferencia de los operadores turísticos por los extranjeros
en detrimento de los locales.
No somos tan inocentes como para pensar que
la unión de todos los mosqueros en una federación es la solución
inmediata a esos problemas que hoy padecemos, pero la misma seguramente
brindará un marco de mucho mayor peso a la hora de hacernos oír que el de
las muchas asociaciones independientes que congregan a los amantes de
nuestro deporte.
Todas las asociaciones tienen estatutos
similares, con idénticos postulados, misión y organización pero cada
una de ellas solo nuclea una mínima porción del universo de pescadores y
su peso es absolutamente relativo a la hora de luchar por nuestros
derechos y a las pruebas nos remitimos.
Desde la creación de la primer
asociación de pesca con mosca han pasado 28 años, en todo este tiempo no
hemos podido solucionar la mayoría de nuestros problemas y lo que es peor
se han agravado: Río Gallegos es un ejemplo concreto del desprecio por
los derechos constitucionales sobre el libre acceso a los ríos, la presa
de Pichi Picún Leufú con su mortal diseño de los vertederos es un
ejemplo de la poca importancia que se le asignan a los recursos
naturales, toda la cuenca del Río Paraná es un monumento a la
depredación y furtivismo, y la lista podría continuar.
Es cierto que juntarlas a todas en una
demandará trabajo, imaginación, voluntad y renunciamientos, sabemos que
no muchos están dispuestos a hacerlo, pero hoy es tiempo de
renunciamientos en pos del bien general, el país nos da el ejemplo de lo
que no debemos hacer: si no tratamos de juntarnos y buscar el bien común,
no existe el bien individual o el mismo es efímero. La realidad ha hecho
pedazos la idea de la salvación individual y solo cabe trabajar juntos
para que todos
estemos mejor.
Sabemos que las asociaciones de la
provincia de Buenos Aires están haciendo algunos acercamientos y quizás
sea un punto de partida, pero si rápidamente no pasan a los hechos
concretos, si no extienden la invitación a todas las asociaciones del
país si no formulan un plan concreto con un cronograma de trabajo y
participación, el proyecto fracasará o lo que es peor, llegará tarde.
Fortín Nogueyra es otro problema sobre
el cual solo podremos lamentarnos, el gran desafío de nuestros dirigentes de hoy
es hacer. El tiempo de las justificaciones y dilaciones ha quedado de lado.
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