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Llueve, sobre Río Gallegos llueve como
nunca. El agua golpea sobre los chapas del techo, con esa sensación que invita a seguir durmiendo. Me acabo de levantar de una reparadora siesta y estoy sentado frente a la compu para contarles la experiencia de la XX Fiesta Nacional de la Trucha realizada en la Ciudad de Piedrabuena entre el 21 y 23 de marzo en ese imponente río Santa Cruz poblado de ejemplares de Steelhead, esa magnifica variedad de arco iris , que migra al mar para alimentarse y crecer , remontando luego el río con fines reproductivos, único que la posee entre los ríos del mundo que desembocan en el Atlántico.
Salimos de Río Gallegos el viernes 22 lloviendo, hace mas de 10 días que lo hace en forma intermitente, algo así como la media de seis meses. No es bueno el presagio, pero Lalo Barcia, el inefable pelado, me comenta que no debo afligirme y que por hay en Guer-Aike ya no llueve
más, cosa que se cumple.

Llegamos a Piedrabuena y lo primero que hacemos es ver el río, está
peor de lo esperado, muy crecido y bastante chocolatado, encima que ya es difícil
de por sí, esto lo hace casi imposible de pescar. La cara de tristeza de Jorge Uhrig, quien acude a saludarnos, pese a que su labor de coordinador apenas si le permite acomodar sus tiempos, es un reflejo de lo que pasa. La explicación es simple, el viejo zorro del Pelado ya lo había anticipado, el mal tiempo (festival de lluvia y nieve) en la nacientes era el motivo de su empeoramiento.
Habíamos decidido venir igual, se lo debíamos a la gente de esa pequeña
comunidad, que como en el año 2000 había organizado nuevamente esta fiesta, poniendo todo el “cordero al asador”, pese que la fecha no era la adecuada ¿porqué no en semana santa?
Quizás los funcionarios de Santa Cruz, podrían contestar, pero los que pueden hacerlo siempre están ausentes. Algo a lo que estamos acostumbrados. De todos modos, los que me conocen saben, que Santa Cruz y sus ríos ejercen sobre mí una rara fascinación, además allí tengo muchos amigos y me siento como en mi casa.
La cantidad de inscriptos era más de 100, de los cuales 40 eran mosqueros, destacándose gran cantidad de Río Gallegos y un importante grupo de Ushuaia. Los otros lo hacían en la modalidad spinning con cucharas de un solo anzuelo simple. La premisa era como
en el 2000, pesca y devolución, previo registro de la pieza y debía realizarse en ambas márgenes del río desde el paraje estancia “Chikorik Aike” hasta la desembocadura.
El día se presentaba con agradable temperatura. Los gomones trasladaban a animosos pescadores hacia la otra margen (sur) a aquellos que lo deseaban. El fin del día anunció que la steelhead faltó a la cita. Ninguno de los pescadores, pese a que los había bastante duchos, logró pescar alguna pieza. Por la noche, sabrosos corderos asados, gratuitos para los participantes, amainaron el
desánimo, la reunión contó además con una charla con intercambio de opiniones entre los pescadores y el biólogo Pascual y su equipo, quienes llevan tres años estudiando la especie.
El sábado se presentó con el río en mejores condiciones, si bien continuaba crecido, algo había escurrido y estaba más limpio, con tendencia a mejorar, aunque siempre en condiciones de pesca difíciles, aun más para los mosqueros.
Pese a todo, el resultado fue pobre y a la vez curioso. La pieza mayor y única del certamen de alrededor de dos kilogramos, pescada con equipo 8, línea de hundimiento rápido con cabeza lanzadora de 225 grain y mosca matuka cuerpo naranja y ala verde oliva, correspondió a un joven mosquero de Río Gallegos de nombre Martín González.
Por la noche fue la entrega de premios y un presente en madera tallada para todos los participantes, recordatorio del evento y la cena donde también concurrieron invitados especiales y funcionarios del gobierno de la Provincia, con el democrático privilegio de hacerlo en mesa y vajilla diferentes al resto de los participantes, pescadores y gente del pueblo. ¿son acaso los mismos funcionarios que deberían mostrar orgullosamente que una de las especies, mas apreciadas del mundo, con que cuenta el Río Gallegos, la marrón de mar, viene “con la marca en el orillo”, las de las redes de los tramayos, autorizados, para que pseudos pescadores artesanales hagan pingues negocios y también los que hacen la vista gorda a los”micro-empredimientos” de ahumaderos de truchas que tienen algunos estancieros, al parecer dueños de la tierra y el agua.
A pesar de ambas torpezas para decirlo de alguna manera, la cena, una cazuela de mariscos, regada con buen vinito contó con el color, el calor y las atenciones recibidas por la comunidad de Piedrabuena.
El domingo pretendimos revancha pero lo copioso de la lluvia y el empeoramiento del río nos frustró nuevamente. El regreso a Río Gallegos presentó características inusuales para este
período del año, ríos de agua al costado de la ruta y en algunos lugares nieve sobre la estepa silenciosa,
la presencia de choiques, flamencos y kaikenes, ponía una nota distinta.
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