|
Hace ya más de cuarenta años me entró el bichito de la pesca
en ríos “truchas”; antes recuerdo pescaba róbalos en la ría local, junto a mi abuelo y con líneas de
mano y anzuelos encarnados con lombrices de mar, que con horquilla sacábamos
de abajo del barro.
En la década de los sesenta me comenzaron a apasionar las revistas con
artículos de pesca; por muchos años y hasta hoy, siempre encontré en
ellas un personaje que por su estilo de escritura, me llevó a seguirlo
y, a cada uno de ellos con el tiempo llegué a conocer.
En el
Río
Gallegos en un lugar que antes le llamaban la
Crucecita “hoy le dicen La
Toma” me encontré con Roberto Zapico Antuña
con quien charlé sobre la pesca por varios minutos, el Maestro
se encontraba recorriendo la zona, para
después escribir artículos en la desaparecida revista
Camping.
A los finales de los setenta y al
comienzo de una
primavera, llegó a realizar una clínica, por idea
e invitación de Raúl De Rossi, el “Mono” Villa, quien
tiró por tierra
el concepto que teníamos de la pesca con mosca, supimos que el
viento no era impedimento; más
bien una ayuda y que la técnica no
era tan difícil como se decía, y así lo demostró. Con él si bien no
salí de pesca compartí una gran cantidad de asados, algunos escabeches
de martinetas, perdices y hongos “que tan ricos prepara mi señora”
y muchos litros de buenos vinos. Recuerdo en una de esas comidas me dijo
“Lalo, creo que lo tuyo deben seguir
siendo los “fierros” porque te digo que para la mosca vos sos de
madera”.
Ya por el año 81, con un
equipo nro. 8 y usando amnesia y shooting,
sacaba truchas para
los comentarios; por esa época había ido a pescar al Río Grande en
Tierra del Fuego, se podía ingresar por campos de la Est. María Behety
con solo pedir permiso; la pesca al igual que hoy era abundante y con tamaños
excelentes, uno de esos días como a las siete de la tarde me encontraba
en el pozón La Herradura y
el viento era tal que no me permitía castear y tanto la línea como la
mosca caían sobre mi cuerpo, por lo cual me tiré a dormir (me encanta
hacerlo junto al río) y así esperar a
ver si el viento paraba; a eso de las nueve “generalmente eso
ocurre”. En eso estaba, cuando me
despierta el ruido de un vehículo y veo a una persona que se me acerca,
se presenta y me dice que
está haciendo de guía de cuatro “gallegos” si no los había visto,
le digo que vi a cuatro tipos río bajo, que pienso
serían gallegos, porque andaban con el agua al cuello, no sabía
como no se los llevaba la corriente y que uno de ellos había sacado una
pieza de unos seis kilitos luego de unos 45 minutos de pelearla; me
dijo...sí, seguro son ellos tienen unos
waders de neoprene (no eran muy conocidos) y no es raro que
los arrastre la corriente, pescan con equipos 4 y leader muy finos
con moscas muy chicas, por eso
la dificultad de sacar la trucha; seguro que están locos de
contentos; y vos ¿ no pescás? no, le dije, esperaré la caída del
sol, ¿ me prestás la caña?, si como no, dale y me quedé a la espera
de ver su fracaso en el tiro, no fue así en los pocos lances que hizo
la mosca la depositó cerca
de la orilla de enfrente......bueno chao, voy a buscar a los
“gallegos”; era un Monstruo en vigencia: Marcelo
Morales.
Ya,
en recuerdos más recientes por el año 93 me encontraba
enseñando forma de atar moscas a Hugo Cumar, que por
esos momentos se iniciaba en esta pesca y
estaba estrenando su primer equipo, me dice vamos a pescar al Río Santa
Cruz, salen unos bichos grandes, vas a ver, escuchame le digo,
hace años que dicen que salen
truchas grandes pero una a las perdidas, - Lalo te digo que si vamos este fin de semana yo seguro
pesco una. Fuimos, yo a cazar perdices él a pescar, aclaro que era el mes
de Julio la pesca estaba vedada, pero el Río Santa Cruz,
en esos años no figuraba en el
reglamento de Pesca:, cacé unas 6 perdices “coloradas de Santa
Cruz”, mientras las
limpiaba a las orillas del río, Hugo
comenzó a tirar y a los pocos lances saco una arco iris chica que
volvió al agua; media hora después clavó un gran aparato y me llamó a
los gritos, me acerqué y vi
la corrida a la que sobrevino el corte, Hugo con el apuro de la pesca había
puesto el reel al revés “ la salida de la línea para atrás “ y
lo dejó así para no perder el tiempo y así le fue.
El
Lunes de la siguiente semana se enteró Raúl Sommariva, con quien
compartiera muchas salidas de pesca y que en esa época ya demostraba ser
un casteador de excelencia, por lo que el sábado nuevamente estábamos en el río Santa Cruz; yo no
participaría de la pesca porque realmente le temía al frío del agua,
fue así que al medio día con un sol
a pleno y sin viento me encontraba cocinando un pollo a la parrilla
al aire libre, escucho un chapuceo en el agua y veo un animal que nadaba
por un pequeño brazo del río
y en mi dirección, se
trataba de una liebre a la que seguramente se le rompió la escarcha de la
orilla y cuando salió del agua se encontraba congelada, la levanté y la
lleve junto a la parrilla y la deje a unos cuarenta
centímetros de las brazas, cuando comenzamos a comer el pollo, la liebre
se levantó y se fue tranquilamente. Por la tarde cruzamos el puente y
fuimos a la orilla norte, Hugo ingreso
al río tiró su primer lance y clavó,( Raúl estaba
aún vistiéndose); la trucha que sacó era hermosa de unos cuatro kilos;
cuando la vi, sin dudarlo dije esta trucha estoy convencido viene de agua
salada, sea del estuario o de mar abierto, lo cual la hace una Steelhead,
Hugo no decía nada y Raúl opinaba se trataba de un marrón de mar; la
trucha se sacrificó y al raspar sus escamas pudimos ver parte de los
colores que caracterizan a las Arco Iris además de los puntos en la cola. Para mí fue el comienzo de
la versión y, dicho sea de paso la
afirmación me costó algunas cargadas escritas en medios locales y además
críticas que me hicieran de otras provincias, una precisamente en
correo del lector de la revista "Aire y Sol",
en su número 219 del mes de Febrero 1996.
Esto
último, me llevo a recordar la reciente XVI Fiesta Nacional de la Trucha
“variedad Steelhead” realizada en Cte. Luis Piedra Buena y en la que tan
bien organizaran un concurso de pesca con devolución obligatoria.
Participaron más de 100 concursantes, se lograron muchas piezas importantes
de Steelhead, tanto en spinning como con mosca, se premiaba la pieza mayor y
el ganador resultó ser de Bariloche, lamentablemente no recuerdo su nombre;
la pescó el día Sábado con
mosca y se determinó su peso
de acuerdo a fórmula matemática. La organización fue perfecta, cerca de
cada pescador había un veedor que
controlaba que a la trucha no la sacaran totalmente del agua y además era
el encargado de su registro por medición y de verificar su suelta, el
responsable general del concurso en sí fue el amigo Jorge Uhrig excelente conocedor
de la zona y gran pescador. El
Domingo llovió todo el día; eso no fue impedimento para que al aire libre
y bajo varios grandes arboles se prepararan a la cruz más de veinte
corderos, que les cuento estaban exquisitos.
De
seguir, se me terminaría el invierno y, es agradable disfrutar de algo de
frío y contemplar la nieve. Gracias
|