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Luego de la apertura de la temporada 2001/02 en
el río Correntoso nos dirigimos hacia el club Norysur, más precisamente
hacia el refugio que este antigüo club tiene en el Lago Meliquina. Allí
pasamos dos días completos disfrutando de sus instalaciones, de la belleza
del lugar y de la excelente pesca en el lago.
El lunes 12 de noviembre llegamos bien
temprano en la mañana como para disfrutar el día completo. Luego de un
extraordinario desayuno, habitual en el club, nos subimos al bote que ya nos
habían preparado y partimos hacia la boca del río Hermoso.

Tanto el lago como el río tienen bastante
agua, casi podríamos decir que un nivel similar al del año anterior para
esta misma fecha. Dejamos nuestro bote en una playita cercana a la
desembocadura y hacia allí partimos para realizar nuestros primeros intentos.
Mientras Horacio hacía algún arreglo de último momento en su líder, yo
hice mis primeros intentos desde afuera del agua y al no obtener resultados ingresé
algunos pasos dentro del lago y comencé a castear hacia un borde de la
corredera que el río generaba en su ingreso. Utilizaba caña #5 con
línea de hundimiento fast IV y un streamer. Los primeros piques no se
hicieron esperar y en menos de diez minutos dos hermosas arco iris de
aproximadamente medio kilo (un tamaño standard en este lugar) ya habían sido
retratadas y devueltas al agua.
Unos
minutos después Horacio sacaba una linda marrón que le dió una interesante
pelea. Luego de ello no obtuvimos más respuestas y decidimos cambiar de
lugar, no sin antes efectuar algunos intentos con líneas de flote y ninfas
sobre un sector con vegetación acuática muy profusa. Caminamos
hasta la desembocadura de otro arroyo cercano llamado Blanco o Pichi Liu pero
no tuvimos suerte, este último está demasiado cerca de algunas
construcciones y embarcaderos por lo que supusimos un lugar demasiado
frecuentado.
Subimos al bote y emprendimos viaje hacia el
arroyo Verde, distante a unos 500 metros hacia el norte, para los que no lo
conocen este es un importante arroyo que cruza el conocido coto de caza y
reserva animal llamado Parque Diana. En su desembocadura tuvimos las mejores
respuestas, siempre con líneas de hundimiento rápido y siempre con
streamers. Algunas pruebas con ninfas no dieron el mismo resultado aunque
algunas capturas obtuvimos, generalmente de menor porte y más espaciadas.
Por
la tarde, luego de un exquisito almuerzo y una reparadora siesta, emprendimos
el trayecto hasta otro de los arroyos que tributan sobre el Meliquina, esta
vez se trató del Doña Mica, este tributario da comienzo al sector denominado
"el acuario" llamado así por la gran cantidad de peces que lo
pueblan desde allí y hasta el punto final sobre la desembocadura del arroyo
San Francisco.
Buenas capturas en cantidad aunque los
tamaños siempre fueron pequeños.
Ya previendo la última hora de sol decidimos
volver hacia la desembocadura del río Hermoso en busca de alguna captura de
mayor tamaño, pero una falla en el encendido del motor nos obligó a cambiar
de idea y regresar tempranamente a la playa junto al embarcadero del club
desde donde realizamos los últimos lances hasta que no hubo más luz.
Allí
pude obtener la mejor captura del día, un hermoso macho marrón que picó
justo sobre la vegetación del veril tomando una woolly bugger verde en
anzuelo #6. Luego de más de 15' de pelea y no sin antes darme un buen susto
al enfilar en varias oportunidades hacia las maderas del embarcadero, la pude
arrimar a la playa, luego de las fotos, la devolución y las felicitaciones de
Horacio y de algunos de los trabajadores del club, di por concluida mi jornada
con la satisfacción de un día pleno de pesca coronado por esa captura
excepcional y prácticamente a 30 metros de nuestro dormitorio.
Cena y a descansar, nuestro siguiente día
sería el último y todavía nos quedaban lugares por explorar.
A la mañana siguiente nos levantamos bien
temprano y partimos para recorrer nuevamente todos los arroyos que tantas
satisfacciones nos habían dado el día anterior, en la boca del río Hermoso
nos encontramos con otros pescadores que iban a pescar los últimos doscientos
metros del río, esto nos impidió pescarlos a nosotros como era nuestro plan
original, pero en la boca misma del río pudimos obtener nuestras primeras
capturas del día. En esta oportunidad observamos que sobre las plantas
hundidas que se encuentran en la márgen derecha de la desembocadura en el
lago había cierta actividad pero desechamos de pescar con secas al comprobar
que las truchas eran de muy pequeño tamaño.
Volvimos
a hacer la recorrida de los arroyos ya mencionados y sobre la desembocadura
del Verde obtuvimos la mejor respuesta de la mañana: 10 truchas entre dos
pescadores en un par de horas. Espectacular!!. Volvimos temprano porque el
plan de la tarde era la boca del río Meliquina.
Luego del almuerzo y la siesta partimos en
una camioneta del club hacia la embocadura del río Meliquina, al llegar dos
cosas nos desanimaron un tanto: 1) el helado y fuerte viento de frente
provocaba altas olas en toda la boca y el puente sobre la ruta provincial 63,
lo cual hacía practicamente imposible pescar allí y 2) el nivel del agua era
alto y la correntada muy fuerte dificultando el acceso al río y a los mejores
lugares de pesca.
Pero sabemos que los pescadores con mosca
hacen frente a todas las adversidades y luego de ponernos toda la ropa de
abrigo que llevábamos, cerramos el auto y partimos en busca de las truchas
del río.
Como preveíamos la pesca fue en extremo
dificultosa, el viento castigaba duramente y justamente del lado derecho; hubo
que extremar recursos para evitar los moscazos, lo cual no siempre se
consiguió con éxito. En la hora y media que aguantamos estoicamente solo
obtuve un pique que me brindó el hermoso salto de una arco iris aunque se
desprendió del anzuelo dejándome con las manos vacías. Derrotados por el
clima y por el cansancio de varias jornadas de pesca decidimos volver al
reparo del club y de su playita junto al muelle para hacer nuestros últimos
intentos. Menos mal que volvimos!!.
Luego de una hora de castear sin descanso y
cuando ya comenzaba el atardecer, Horacio clavó una pequeña arco iris que
tuvo la virtud de devolvernos el ánimo que ya creíamos perdido. Un par de
minutos después el mismo obtuvo otra arco iris, esta vez de muy
respetable tamaño y solo un rato más tarde otra vez tuve la suerte de obtener
una muy linda marrón que si bien era más corta que la del día anterior, era
mucho más gorda y tan peleadora como ésta. Otra vez la playita a 30 metros del
dormitorio nos premiaba con la mejor trucha del día.
Charlando con Horacio en el viaje de vuelta
que emprendimos a media mañana del día siguiente, concluimos en que este
lago, sus arroyos y ríos tienen extraordinarias cualidades para la pesca con
mosca. Solo hace falta tiempo, dedicación y la siempre necesaria dosis de
suerte para que la pesca sea excelente.
Nos fuimos con más ganas de pescar que antes
de llegar. Se lo debemos al Meliquina.
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