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Existen, y muchos casos, de
pequeños/as que pese a no tener motivaciones familiares se involucran
en la pesca; pero la mayoría de nosotros asimilamos a través de la
experiencia heredada de nuestros mayores esta pasión que nos involucra
en la necesidad de un contacto con el medio natural. Y es sobre este
grupo que me permitiría hacer algunas apreciaciones.
Nuestros
hijos son individuos en formación y aunque muchas veces nos cueste
aceptarlo, pueden y tienen todo el derecho a no verse motivados por la
pesca. A partir de eso, sería mi inquietud tratar de ayudar a todos
aquellos “viejos” que verían su felicidad desbordada viendo a su
heredero pescando a su lado en la magia de un río.
Años
de maestro de escuela y muchos específicamente dedicados a la enseñanza
de la pesca con mosca me han permitido interiorizarme en algunos
aspectos a tener en cuenta, dejando de lado todo criterio científico
del cual soy discapacitado.
Primero
y fundamental, permita que su vástago sea él mismo, no pretenda
convertir sus deseos en él. Ayude a que él construya su personalidad
guiándolo en respuesta a sus motivaciones. Si comete el error de
alterar los tiempos de asimilación provocará tal rechazo que se tornará
irrecuperable, ejemplo: no lo sature con compras no requeridas, tratando
de hacer de él un pescador en miniatura a su imagen.
No
existe una edad ideal, todo depende de la solicitud del mismo y debe
quedarle claro que si asume el compromiso de iniciarlo, su tiempo
deberá ser todo para él.
En
muchos casos este compromiso ser rompe en el mismo instante en que se
llega al río. La teta de mamá cuando pequeño, se transforma a esta
edad y en el río en el apoyo incondicional de papá. Pretender en una
primera etapa, en ese inicio, compartir su enseñanza con su placer
personal de pescar no funciona, de ahí que, convencidos del hecho,
resulta aconsejable ni llevar nuestros propios “utensillos”. Ya
llegará el tiempo, sorprendentemente rápido, en que no será tan
imprescindible nuestra asistencia.
Luego
olvide darle cátedra, él está totalmente interesado en aprender pero
tiene sus propios intereses. Este es un error muy frecuente, los papás
que asisten con sus pequeños a cursos no comprenden que el material está
dedicado a adultos y pasados los primeros momentos, uno que está al
frente del grupo empieza a interpretar el rostro del niño, en una casi
actitud de vernos como a un marciano que produce sonidos irreconocibles.
El
inicio del niño en esta actividad debe ser consecuencia exclusiva de
involucrarlos “jugando” y nunca sistemáticamente como si se tratara
de contenidos mitológicos. Rutinas muy simples como caminar un río,
sacar fotos, recolectar leña para el fuego, la preparación del
alimento, el armado del equipo de campamento, pueden constituirse en
algo apasionante cuando ellos son realmente protagonistas.
Recuerde, los riesgos
siempre existen, pero se agudizan cuando en su afán proteccionista no
permite al pequeño aprender bajo su guía. Analice que nuestros “niños
de ciudad” en contacto con la naturaleza se encuentran perdidos, de ahí
la importancia de motivarlos hacia tareas que los atrapen. Ejemplo: un
simple binocular le permitirá reconocer jugando distintos tipos de
aves.
En
lo que respecta a su introducción en la pesca podríamos analizarlo
desde dos aspectos: la integración en lo institucional (asociaciones,
clubes, etc.) debe ser a través de actividades “especialmente”
programadas para ellos, y en lo particular a cargo de personal idóneo o
al menos con una profunda vocación docente; sin apartarse en ningún
momento del concepto pesca-juego, alejando en todo momento
cualquier absurda dosis de establecer competencias que limitarán su
aprendizaje, factores ajenos que impedirán la futura capacidad de ser
felices junto a un río.
Los
chicos se apasionan cuando en los talleres de ciencia se desarrollan
modelos a través de distintas técnicas, las más simples, ensambles
con material descartable, modelado en plastilina o papel maché; salidas
de campo con el objeto de recolección; recreación de un ecosistema
tipo de un determinado ámbito donde evaluar la interrelación de los
seres que lo constituyen, etc, etc.
Quizás
sea el desafío de los próximos años para nuestras incipientes
asociaciones y ya para ese entonces la tarea espero esté a cargo de
verdaderos profesionales, alejándonos cada vez más de las voluntades
espontáneas con que en eL presente se desarrollan las actividades en
las instituciones. Quizás para ese entonces ya tengamos superado el
absurdo concepto actual de considerar a cualquier bípedo en carácter
de “instructor” solo por que así lo determine la Divina
Providencia o el Mesías de turno nacional o importado.
Y
ahora, cómo ayudar al papá que se propones proyectar su pasión en su
heredero. No lo disfrace como a un proyecto de Maradona del fly, empiece
por respetar sus tiempos. Acérquelo al río cuando él lo
requiera, no pretenda que pemanezca todo el día haciendo algo
que a usted le apasiona. Todo lo nuevo nos lleva a inseguridades,
y los primeros acercamientos deben ser totalmente juntos y el tiempo que
ellos lo requieran. Deje de lado su colección de videos, CD,
libros, etc.; siéntese en una piedra y juntos vuelen la línea tanto
como puedan, sostengan la caña y juntos pongan una ninfita que
siempre algún cigarrito se va a ver tentado. De tener éxito, que él
toque su presa, enséñele a admirar no solo la belleza de ese ser, sino
la responsabilidad que sobre la vida de algo tan diminuto debe
asumir. Que él comprenda que la felicidad de haberla capturado solo será
factible de repetir si su trucha sigue viviendo en el río para su próxima
visita. No tiene idea de cómo incorporar conceptos que muchos
“adultos” parecieran no haber conocido nunca. No pretenda que él
acepte irremediablemente su razonamiento, ellos pueden al comienzo
pretender mostrar su éxito (mamá, abuelos, Rintintin, etc.);
recurra a una máquina descartable, dos mangos, sin riesgos y todos
felices. Después de todo vio cuantos artistas que se sacan fotos, se
filman y otras yerbas, también ayuda en su proyecto de adulto. Pero
explique que el pez vive en el agua y cualquier distanciamiento
de la misma puede tornarse irrecuperable.
Utilice
exclusivamente anzuelos sin rebaba, cualquier accidente tendrá solución
inmediata, el movilizarlo para su asistencia a un centro médico por km
con un emplumado en la oreja o cuero cabelludo producirá que la sola
mención de la palabra pesca la asocie con el conde Frankie de
nuestra literatura.
Sí
o sí protéjale los ojos. No hace falta que invierta en un
polarizado, cualquiera que cumpla su verdadera función.
Trate
que los primeros lances sean exclusivamente tiros roleados, por favor
olvídese del querido Mel, que sea natural, no lo esquematice, ángulos,
altura, velocidad, parada de la caña, etc., etc.
Importante:
no ponga en manos de su pequeño aquel clavel que todos supimos
conseguir, solo por el eventual riesgo de rotura.
Sepa
si es un pescador serio, interpretando que puede ser útil a su hijo.
Su
tamaño, su carácter, si es varón, si es niña, olvídese de los
polivalentes #8, su hijo va a ser grande dentro de un tiempo, hoy
su caña: #7 ½ a 8 ½, para
línea 4 o 5 con una WFF y pequeñas ninfas pueden ser la solución. No
cometa los errores que padecimos los de mi generación que nuestra ropa
se amoldaba con los años y nuestro crecimiento.
Espero
tenga además de conocimientos de pesca, la capacidad de saber elegir el
ámbito de las primeras experiencias. Olvídese de que no pudiendo
pescar usted, el nene tiene que sacar un zapallo; el necesita
tener éxito y esto se logra pescando. Seleccione un río o
arroyo que no lo comprometa en el vadeo, con una buena población de
peces, el tamaño por ahora no cuenta, esta patología la incorporarán
según pasen los años, afortunadamente hoy es un niño.
No
cometa el error de sacarle el protagonismo porque usted vio una escamada
capaz de ranquear. No lo tome como un renunciamiento, usted y en
su función de papá está tratando de transmitir a su hijo/a
sensaciones que en usted se transforman en felicidad.
Quiera
el Supremo su objetivo se concrete, con la felicidad del nuevo adicto
tendrá garantizada la amistad que en su madurez verá colmada con la
presencia de una generación de pescadores en la familia. Si así no lo
lograse, siéntase igual satisfecho por el intento: hay gente buena,
adulta y que además, no pesca.
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