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Uno de los ríos trucheros más renombrados de
la Patagonia norte es el Malleo, para refrendar esto hace algunos días
escuché en una radio de San Martín de los Andes que algunos norteamericanos
consideran a este río como uno de los cinco con mayor población de truchas
de todo el planeta.
Como contrapartida diremos que a muchos
mosqueros, en especial los neuquinos y rionegrinos, no les gusta este
río porque prefieren la posibilidad de pescar truchas grandes, cosa que aquí
ocurre con poca frecuencia aunque el año pasado se capturó una marrón de 5
kilos, quizás la excepción que confirma la regla.
Existe
una polémica sobre las verdaderas posibilidades de capturar truchas
respetables, lo que nadie discute de este río es su belleza tanto como la
facilidad de acceso a los lugares de pesca, al menos en el Malleo aguas abajo
del puente sobre la ruta al paso Tromen, motivo de esta nota.
A unos 22 km. de Junín de los Andes por la
ruta provincial 23 cruzamos el puente sobre el río, como nota de atención
para todos aquellos que deseen hacer el viaje, vayan con precaución, la ruta
está en construcción (desde hace más de un año y parece que va para largo)
hay sectores terminados y desvíos por caminos de tierra y ripio. Una vez
cruzado el puente tomamos hacia la
derecha (aguas abajo) y entramos por un camino que penetra en tierras
propiedad de indios Mapuches quienes cobran $2 la entrada y nos obsequian con
un folleto ilustrativo sobre su gente y el río y una bolsa para juntar
nuestros residuos que deberemos llevarnos al salir.
Una
vez franqueado el acceso, el camino va acompañando el curso del río y en el
trayecto nos encontraremos con varias casas, cultivos y corrales todos
propiedad de esta comunidad Mapuche. Si nuestro deseo es acampar tenemos
varios campings agrestes regenteados por
estos pobladores indígenas donde encontraremos agua, parrillas, baños y
otras comodidades, también podremos comprar pan, tortas fritas y algunos
elementos de almacén. Supuestamente no
está permitido acampar fuera de estos campings sin embargo en nuestro
trayecto nos encontramos con varias carpas diseminadas a lo largo de la rivera
del río.
Encontramos un lugar bellísimo para hacer un
picnic, árboles para darnos sombra, cesped como cortado a máquina y un
pequeño arroyo a unos pocos metros del cauce principal, un par de caballos
pastando libremente y un sinfín de pájaros alegrando el entorno con sus
cantos y revuelos; allí paramos sin reparar demasiado si el lugar era bueno
para pescar, ya habría tiempo de buscar las truchas.
Vayamos
ahora a la pesca, en el sector de río
elegido teníamos varias posibilidades de pesca: flats, correderas y pozones
que nos permitían intentar tanto con secas como con ninfas y hasta algún
streamer para tentar a las más grandes.
Toda la tarde el pique se mostró franco a
pesar del calor reinante, la altura del río estaba óptima y el vadeo se
podía realizar sin dificultades. La mejor pesca se hizo con ninfas, pheasant
tail, prince, hare's ear fueron las más rendidoras fallando en esta
oportunidad la carrot. Todas en tamaños del #12 al #18, cuento más chica
mayor cantidad de piques pero los tamaños siempre fueron muy discretos, solo
un par de capturas superaron los 500 gr. Algo para tener en cuenta: si
aumentábamos el tamaño del anzuelo el pique se cortaba inmediatamente.
El Malleo nos mostró una vez más que su
población de truchas es excelente pero los tamaños siempre fueron pequeños,
podemos justificarlo en el excesivo calor y lo templado del agua por lo que
tendremos que esperar un tiempo hasta que el verano vaya cediendo para volver
a intentarlo.
Ya
regresando, el atardecer a pleno y con el Volcán Lanín de fondo poniendo un
marco extraordinario a la pintura de colores que esta región regala a cada
visitante, nos despiden con un hasta luego, porque saben que su belleza es
cautivante y que no podremos liberarnos del embrujo de retornar, aunque las
truchas sean chicas.
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