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El
Perdicitas
A
las 2.30 me despertó el conserje del Hotel República en Villa María,
adonde había llegado la tarde anterior. La noche había sido demasiado
corta para mí, pero el descanso aunque mínimo era necesario para poder
pescar ese sábado.
Puntualmente
a las 2.45 se recortó en el Lobby la figura de Horacio Caballero. Un
metro noventa de hospitalidad, bonhomía y amor por la pesca.
Ya estaba esperando en su cómoda Kangoo Javier Benito, buen mosquero y
atador de Villa María, acompañado de sus dos hijos, Leandro y Martín,
también pescadores y atadores a pesar de su corta edad, y un modelo de
educación..
Con
prudencia pero buen ritmo nos dirigimos hacia Embalse de Río Tercero
para trepar la sierra desde allí.
La noche de octubre parecía de verano y
el cielo cordobés, inspirador de poetas como ninguno, honraba su fama.
El Río
Antes
de las siete estábamos en nuestro destino, mirando el agua llena de
truchas que saltaban continuamente, en el fresco amanecer serrano.
Estábamos
preparando los equipos cuando apareció Don Veltra Yedros, el
Guardapesca, en su hermoso zaino malacara, de excelente alzada y andar.
Saludó con cortesía y recordó de inmediato la obligatoriedad del permiso
de pesca, que enseguida controlaría detalladamente.
Nos asesoró
además sobre la gran cantidad de truchas de pequeño tamaño que había y
las grandes que tenía vistas en los sucesivos pozos.
Nunca tuve
mejor impresión al conocer un lugar nuevo. El cartel indicaba claramente
la geografía y las limitaciones a la práctica deportiva. El Guardapesca
llegaba de inmediato y accionaba como contralor y promotor de la
actividad. No puede pedirse más.
Nos despedimos de Yedros, no sin antes
encargarle un corderito, que estaría listo a las nueve de la noche.
A pescar se ha dicho
Rápidamente el grupo se dispersó hacia su actividad específica.
Con Horacio caminaríamos esa mañana río
arriba. Sin mucha necesidad de marcha, los pozos se sucedían con
abundante pesca. Totalmente cristalinos, tienen la profundidad necesaria
a pesar del escaso caudal de la estación.
Decidí atar un pequeño dun parachute en
anzuelo 16, de castaño más clarito que la march brown al extremo del
leader cónico de 9 pies para tippet 5x, medida que mis amigos cordobeses
me habían aconsejado como mínima razonable.
Horacio
con su Scott y yo con mi T&M de 7 pies y medio que me armó Carlos Tam
con el aprecio de siempre, ambas para línea 4..
Los piques de las pequeñas pero
luchadoras truchas no se hicieron desear. Tuve innumerables capturas
toda la mañana con la misma mosca.
Se trató en todos los casos de pequeñas
piezas, ya que la más grande en esos pozos, medía 30 centímetros.
Horacio pescó mejores tamaños en un pozo
más grande, donde nos encontramos cerca del mediodía. Decidimos entonces
ir a buscar a la familia Benito aguas abajo para almorzar juntos. Allí
los vimos pescando en un pool enorme, donde nadaban dos o tres truchas
grandes.
Ni lerdo ni perezoso Horacio se dirigió a
la cola de ese pozo y seleccionó una Chernobyl ant, tan fea como eficaz
porque al segundo cast fue atacada con violencia. Yo lo seguí con Madame
X en anzuelo 10 y también obtuve una hermosa trucha en pleno mediodía y
con un sol brillante.
Nos dirigimos entonces a la casa de los
Yedros, donde ocuparíamos dos habitaciones. Después de un breve almuerzo
a la sombra de la morera, la siesta fue memorable. A las 5 de la tarde,
después de algunos mates amargos volvimos al río, esta vez aguas abajo.
Un paisaje bucólico
Ya descansado y habiendo atenuado a la mañana las ansias de pescar,
pesqué durante la tarde dos pozos en un trayecto de escasos 150 metros,
y especialmente contemplé el paisaje que nos rodeaba.
Las sierras de Córdoba constituyen un
paisaje truchero contrastante con los patagónicos que más frecuentamos
la mayoría de nosotros.
La mansedumbre del agua, de transparencia
absoluta, la benignidad del clima en primavera, la gran cantidad de
ganado y las construcciones que vamos encontrando nos sacan del paisaje
acostumbrado.
Las diversas aves, corderos y terneros
dispersos por doquier así como la falta de viento nos predisponen a la
contemplación y meditación. Las horas se pasan sin advertirlo, y a
menudo se descuida la pesca por este motivo.
Las pircas y algún sepulcro hechos de piedra, son testigo de la mano del
hombre europeo, que desde hace cinco siglos habita aquí. Todo en Córdoba
tiene antigüedad y cultura e impone respeto. Genera orgullo el ver tanta
tradición.
Pensé también esa tarde sobre el valioso
aporte de los pescadores de esta provincia a la pesca con mosca. Las
cenizas de algunos de ellos descansan en estos ríos.
Pioneros en este arte en Argentina,
crecieron en él de manera original, mezclándolo con conservacionismo,
poesía y técnicas propias. Luthiers de sus cañas hechas a puro instinto
y creación, siguen vivos hoy como mitos mantenidos y recordados por
todos. Cordobeses al fin.
Casi al atardecer retomé la caña,
sintiéndome obligado a hacer todo lo mejor posible, por respeto al
lugar.
Una pesca abundante pero sutil
A pesar de la abundancia, no es fácil pescar en estas aguas si no se
respeta la técnica y se templa el ánimo.
Un buen acercamiento al lugar elegido y
las buenas presentaciones son honradas casi siempre con piques a veces
violentos, pero lo contrario, con una estampida general y la necesidad
de cambiar de sitio. Nada de caídas “pesadas” de línea ni conectores
grandes. Sí en cambio líderes largos sin exageración (9 o 10 pies diría
yo) bien estirados y una buena provisión de su mejor estrategia.
Los buenos pozos, si son pescados
prolijamente siguiendo un orden y ensayando todos los rincones, nos
brindarán diez o doce oportunidades por los menos.
La energía de los peces cordobeses (
todos muy bien nutridos) obliga a tippets gruesos en relación a su
tamaño, y así y todo cualquier equivocación en la tensión de la línea
resultará en un corte.
Bien se dice que Córdoba es una escuela
del flyfishing..
Las chances con secas son infinitas, pero
un buen ninfero o más aún un habilidoso de las wets llevará las de ganar
fuera de los períodos de eclosión. Estas eclosiones parecen ser mayflies
de color beige o castaño claro, además de otras grisáceas más
pequeñitas. Los midges tienen gran aceptación en todo momento, pero como
obligan a usar tippets 6 o 7, los riesgos de corte aumentan mucho.
Si usted no tiene preferencias demasiado
estrictas por determinada forma de pesca, pruebe en Córdoba una wet o
flymph de perdiz húngara o gallina (soft hackle) y el resultado será
contundente.
En casa del Guardapesca
A las nueve en punto estaba el corderito, y todo nuestro equipo, más el
matrimonio Yedros disfrutamos de una exquisita cena, cargada de relatos
y diálogos hasta pasada la medianoche.
Allí nos contó Don Yedros sobre el
control permanente que realiza, la presencia de furtivos e infractores,
y su soledad en caso de problemas con estos individuos. Sólo le queda
comunicarse con la Policía de Embalse en estos casos.
Es un hombre muy educado y de vida
familiar, que tiene el orgullo y una exacta percepción de la importancia
de su tarea, unidos a sus buenos conocimientos del lugar. Suele ver en
su recorrida diaria truchas muy grandes en los pozos más retirados.
Pero, como él dice,”hacerlas picar es otra cosa….”
Sumamente hospitalarios, tanto él como
Doña Sara, brindan un inestimable servicio a los pescadores deportivos
con su tarea diaria y además con la provisión de bebidas y alimentos
frescos de los que allí crían.
Ocupamos para descansar un cuarto modesto
pero limpio y ordenado, que al cabo de ese día fue para mí el mejor
palacio.
La mañana del domingo
A
las siete arriba. Unos mates y a pescar. Había que aprovechar bien la
mañana porque a las doce volveríamos a comer algo y retornar a Villa
María.
Esta vez fuimos con Horacio río abajo.
Horacio es un caminador y pescador
incansable, buen conocedor de este ambiente. Al tercer pozo lo perdí en
su viaje río abajo.
Yo me quedé en uno muy largo lleno de
truchas, mirando una pareja de lagartos overos que se paseaban por la
costa de enfrente.
Caballero, entusiasmado por los
resultados del día anterior, probaría atractoras grandes.
Tuvo una buena percepción, porque en su
camino río abajo se topó con el monstruo de esta excursión: Más de 45
cm. de dinamita pura que subieron a tomar la atractora “como un bombón
de la caja”.
No me extrañó esta forma de tomar, ya que
es común que cuando toman terrestres en aguas lentas las truchas actúen
con esta tranquilidad. Es bocado fácil. Esto es contrario a lo que uno
espera de estas atractoras, pero nada excepcional en mi experiencia.
Nadie sabe a ciencia cierta qué verán en el foam, pero si uno piensa en
terrestres muertos o por estarlo, éstos en agua lenta son totalmente
sencillos de atrapar.
Largos minutos le tomó la captura, de
excelente porte y color, que se recuperó fácilmente.
Con justificado orgullo, me mostró las
fotos de su trucha cuando emprendíamos el regreso. Lo felicité
sinceramente porque no es fácil engañar en estas sierras a las grandes
truchas, y menos aún con el sol tan alto.
Puntualmente, comimos y empacamos para
emprender el regreso a la una de la tarde. A las cuatro y media
estábamos de vuelta en Villa María.
Manejé desde allí los 550 kilómetros que me separaban de mi casa con una
gran satisfacción por lo vivido y pensando en volver. Lleno de una
serenidad que seguramente me serviría para el resto de la agitada
semana.
Fue para mí un viaje grato, lleno de
enseñanzas sobre un ámbito que desconocía casi en absoluto. Conocí
también personas encantadoras y sobretodo esta excursión cumplió su
principal objetivo: Pescar con mi amigo hasta entonces “virtual”:
Horacio. Que hace honor a su apellido.

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