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Pescando en el paraíso
¿Qué es el Paraíso sino un lugar donde las cosas son perfectas y
los acontecimientos armónicos? Cada uno de nosotros puede
imaginar esto de diferentes maneras, de acuerdo a nuestras
propias vivencias, credos o necesidades.
Entonces, y sin lugar a dudas, puedo afirmar que la semana
pasada estuve pescando en el Paraíso. Un lugar bello como pocos,
un clima benigno, una pesca excelente y acompañado de amigos con
los que compartimos todos esos regalos de la naturaleza.

¿Dónde queda este paraíso? En el lago Meliquina, en el refugio
que el club de pescadores Norysur tiene sobre su margen sur.
Allí pasamos tres jornadas memorables donde los diversos
factores se conjugaron para que nos olvidáramos de todo excepto
de pescar y disfrutar.
El primer día nos dedicamos a pescar en el lago, recorrimos cada
arroyo y lugar conocido con muy buenos resultados, truchas
medianas pero en cantidad.
El lugar de partida fue la desembocadura de la arroyo Pichi Liu
(también conocido como Blanco) aquí solo obtuvimos un par de
arco iris pequeñas, el agua en ese lugar estaba muy fría (unos
6° aproximadamente) y partimos pronto en busca de otros arroyos
más productivos.
Nuestra segunda parada
correspondió a la desembocadura del río Hermoso que en esta
época del año trae bastante agua y es imposible vadearlo. Aquí
realizamos una excelente pesca, tanto con ninfas como streamers.
Si bien no se veía actividad en superficie José Luis probó con
una tarántula sobre los últimos tramos del río y pudo obtener
una linda marrón que vino del fondo para tomarla con gran
voracidad.
En
este lugar pudimos observar el accionar de una familia que con
un bote se dedicó con total impunidad a extraer y matar cuanta
trucha pudieron, hacían trolling a remo y una caña sin reel.
Hicimos la denuncia
correspondiente al cuerpo de guardafaunas, respondieron a
nuestro llamado muy cordialmente pero ese día ni en los dos días
siguientes jamás aparecieron a constatar la infracción.
El próximo arroyo donde paramos nuestro bote fue el Verde, este
se dividía en un par de bocas, la principal fue la más rendidora
y la mayoría de los piques se obtuvieron con streamers y líneas
de hundimiento rápido, generalmente tirando sobre la junta de
agua que genera el arroyo al penetrar en el lago.
El
siguiente lugar visitado es conocido como "el acuario", a
diferencia de los anteriores, aquí no hay un arroyo sino que es
una zona baja con su fondo cubierto de algas y piso firme de
arena y grava, cuando no hay viento es ideal para utilizar
moscas secas y líneas de flote, en el momento en que llegamos no
estaban dadas las condiciones para esa pesca ya que
había ráfagas de viento de fuerte intensidad y nos inclinamos
por líneas de hundimiento y ninfas, la técnica que mejores
resultados dio fue la de traer la ninfa muy lentamente
arrastrándola por el fondo. Esto provocaba enganches en las
algas pero si se tira de la línea firmemente y con una presión
continua y en aumento la mosca se desengancha, nunca hay que
realizar tirones con la caña.
El siguiente punto de parada fue el arroyo conocido como Doña
Mica, este también suele desembocar divido en varios brazos, en
esta oportunidad había dos, uno principal y otro muy pequeño con
escaso movimiento de agua, este fue el único punto flojo en todo
nuestro periplo y casi no obtuvimos capturas.
Para el primer día había sido suficiente, solo pescamos un rato
más en la playita del club antes de que oscureciera y no nos fue
bien, solo un par de arco iris pequeñas. Las marrones grandes
que en otras oportunidades dieron un broche de oro a nuestras
jornadas en este lugar faltaron a la cita.

Luego de un
reparador baño, disfrutamos del acogedor fuego del hogar a leñas
del club, una copa, revistas de pesca en todos los idiomas y la
charla amena sobre el resultado de la jornada; luego la
excelente y abundante cena con una larga sobremesa para
planificar el día siguiente, nos fuimos a dormir con la certeza
que el próximo día sería al menos igual a este que acababa de
concluir.
En el segundo
día repartimos nuestra pesca entre algunos lugares
del
lago que nos quedaron sin recorrer y el río Meliquina, primero
el lago, fuimos derecho a un paraje conocido como "las lajas"
que queda en la costa contraria al club y más cerca del pueblo
que se está formando al final del lago. Este es un lugar
bellísimo lleno de grandes piedras y lajas que penetran en el
lago formando una plataforma segura sobre la que se puede
avanzar casi hasta el borde mismo del veril, aquí si bien no
obtuvimos grandes piezas siempre está latente esa posibilidad,
nos conformamos con algunas arco iris de mediano tamaño. El
viento y la lluvia aparecieron de golpe pero tan repentinamente
como llegaron se fueron para otra vez dar lugar a un cielo azul
matizado de blancas nubes.
Por la tarde, gracias a la invitación de otros dos pescadores
que estaban alojados en el club y con movilidad propia, fuimos a
relevar el río Meliquina, distante a unos 8 km. de nuestro lugar
de residencia. Decidimos ingresar por la margen derecha, por la
entrada a una estancia con plantaciones forestales para la
actividad maderera. El río se presentaba con buena cantidad de
agua y en un lugar distante unos mil metros de la embocadura
hicimos nuestra primer parada; una zona inundada con vegetación
subacuática nos dio la primer marrón de la tarde,
lamentablemente se desprendió sola del anzuelo instantes antes
de ser retratada. Otros dos piques fallidos se produjeron ni
bien cayó mi mosca al agua cruzando el río, justo debajo de unos
sauces. Luego de esto seguimos bajando el río aunque sin grandes
novedades, salvo quizás una muy linda marrón que obtuvo uno de
los dos pescadores que nos llevaron.

Ya de vuelta en la embocadura hicimos unos tiros del otro lado
del puente (a propósito el nuevo puente carretero de cemento
está terminado y funcionando, sin embargo el viejo puente de
madera fue destruido y sus grandes pilotes se encuentran
diseminados aguas abajo en todo el curso del río, ¿quién habrá
sido el genio?). En este lugar tuve un pique violento seguido de
una buena pelea que me llenó de ilusiones por una gran captura,
en realidad todo terminó en una arco iris de regular tamaño, no
reparé en que la fuerte corriente bien utilizada por las truchas
suele hacernos creer que el pez puede más grande de lo que en
realidad es, sobre todo si no se deja ver en ningún momento.
Ese anochecer y en la playa del club pude obtener dos buenas
capturas, una arco iris y una marrón larga y un poco flaca que
no peleó demasiado, luego una reparadora ducha y a cenar, todo a
50 metros del último lugar de pesca.
La mañana siguiente fue la última, esa tarde emprendíamos el
regreso y no había tiempo para largas caminatas y exploraciones,
nos conformamos con pescar en las inmediaciones del club, en
nuestra famosa playita y no tuvimos capturas destacadas. No
importaba, el escaso tiempo disponible fue aprovechado al máximo
y la sensación de estar en un lugar privilegiado por la
naturaleza había calado fuerte en nosotros, solo quedó
despedirnos hasta la vuelta jurándonos portarnos bien y ser
buenos cristianos para que la próxima vez seamos aceptados
nuevamente en el paraíso.
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