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Respuesta al
Sr. Mario Lussich
No soy amigo de Mario Lussich, a pesar que nos conocemos. Lo respeto por
que aún equivocado -a sabiendas, creo- es una persona que manifiesta
preocupación por algo que a mí me interesa sobremanera: la trucha, su vida
futura, su hábitat, etc.
De su extensa y revuelta
nota donde se mezclan conceptos, situaciones, intereses, etc. se puede
decir que su posición constituiría un buen principio de discusión,
solamente que al partir de una ecuación falsa jamás se podrá llegar a una
conclusión verdadera.
Ergo, se agota la
discusión antes de comenzarla, habida cuenta que el mismo en ninguna parte
de su escrito manifiesta que medidas como las que critica inciden
directamente sobre sus intereses económicos, que -aún legítimos- no dejan
de ser meramente particulares. Si así lo hiciere se podría tener una cabal
interpretación de sus opiniones.
Para ver claramente el
por qué esa aseveración, permítaseme contar una breve historia entre dos
personas, Mario y Max, que de por sí marca quién es quién en este mundillo
de la pesca deportiva.
El Sr. Lussich es
poseedor de un lodge, Puerto Lussich, en la zona de Quillén. En adelante,
Mario.
El Sr. Maximiliano
Wernicke es un simple pescador, 45 años de edad, Gerente de una
multinacional, miembro de la Comisión Directiva de la Asoc. de Pesca con
Mosca del Neuquén. En adelante, Max.
Max llega al Río Quillén
a pescar, baja de su auto, se da cuenta que por el puente no puede bajar
al mismo debido a los alambrados existentes (quién y cuándo se construyó
ese alambrado? junto con el puente?) que cercena el paso de cualquier
mortal.
Dicho de otra manera,
para poder acceder al río público -desde un lugar público- Max debería
haber descendido en “rappel”. Al no poder hacerlo, busca con su vehículo
algún lugar cercano al camino, deja el mismo y cruzando por sobre un
alambrado accede al río.
Aclaración necesaria: Max
es un tipo muy educado, de hablar pausado y voz baja, que jamás rompería
un alambrado o cosa similar, incapaz de una tropelía de ese calibre. Con solo
verlo e intercambiar dos palabras ya uno se da cuenta cómo es. Casi diría,
a simple vista.
Ipsofacto aparece Mario y entra en
escena, pregunta si pesca con mosca (sic) a pesar que lo ve casteando. Se
presenta, le pregunta a Max sus datos filiatorios (en clara posición de
épocas idas por suerte) y a continuación le comunica que no puede pescar
en el lugar. Max intenta vanamente hacerle entender que no pudo acceder al
río por el puente, pero Mario se mantiene en su postura. Educada (Mario lo
es), pero muy firme.
Para sorpresa de Max,
Mario le explica que “ese río es privado habida cuenta que el camino no
está cedido a Vialidad por parte de los dueños de los campos”. El mapa
oficial de Vialidad de la Pcia de Neuquén marca claramente que se trata de
la ruta Provincial No. 46, que se forma de la intersección de las No. 56 y 24, uniendo
Las Coloradas con… Puerto Lussich, en Quillén. (Mario, deberías reclamar
el canon por servidumbre de tránsito)
Se agranda la sorpresa de
Max cuando Mario le dice que “puede pescar desde los pinos para abajo o
desde el puente para Gendarmería”. Cómo? No es que no se podía pescar en
ese río? Ah! Perdón, en el río de Mario no se puede pescar. Es decir, el
tramo que corresponde a su predio.
Esta manera de actuar no
es exclusividad del Sr. Lussich (personalmente doy fe ya que me sacaron a
punta de pistola del Chimehuin hace unos años) pero da una muestra acabada
de la forma en que se intenta manejar esta cuestión por parte de los
propietarios ribereños que poseen lodges o similares intereses.
Por qué esta historia?
Primero por que es verdadera. Y segundo para que pueda discernirse sobre
por qué opinamos como opinamos, el Sr. Lussich y/o yo.
Resulta indudable que en
este conflicto de intereses, el Sr. Lussich distorsiona algunos hechos en
pos de salvaguardar sus propios intereses futuros, que no me parece mal
que los tenga, por el contrario creo que son muy legítimos. Pero sería
mucho más noble de su parte reconocer que la pesca embarcada y otras
decisiones aleatorias importan a sus intereses particulares. Disfrazar la
cuestión en “calidad deportiva”, “impacto ambiental”, etc. como lo
manifiesta en su extenso escrito (o sopa de palabras) para explicar lo
inexplicable, para defender lo indefendible, no me parece serio.
Curiosamente un pescador
vadeando hace más daño que una balsa y no he visto que el Sr. Lussich
desee prohibir la pesca.
Acá comienza a surgir
–solapadamente por cierto- el meollo de la cuestión a la que desea
referirse el autor.
Entre otras falacias
trata de explicar que flotadas irrestrictas y navegación dependen de las
“jurisdicciones“, cuando en realidad lo son del Código Civil y de la
Constitución de la República Argentina, nada menos.
Podría referirme a muchas
cosas más, pero solamente diré que el Sr. Lussich –cuando escribe lo que
escribe- ofende mi inteligencia y la de quienes tuvimos la deferencia de
leerlo cuando nos enviara el documento.
Para corroborar el
proceder al que me referí, diré que, caso similar al de Max les ocurrió a
los Sres. José Ginnobili (socio de la APMN, 43 años, Ingeniero Agrónomo) a
quien casi le atropella un perro con su camioneta, y Gustavo J. Monti
(reconocido periodista, animador y locutor radial, 55 años, también socio
de la APMN) al que sacó de malas maneras de la ribera del río.
Podría verter
innumerables conceptos y opiniones más para cimentar lo distorsionado que
me parece el escrito de Mario Lussich, pero lo dejaré para otra ocasión,
en caso de profundizarse el tema de intereses y por si alguna vez lo
discutimos sobre bases y definiciones ciertas.
José L. López Reale
Nota: He consignado las edades y actividades/profesiones de los
involucrados no por menoscabo alguno hacia otras dedicaciones laborales
sino como modo de explicar que se trata de personas que a simple vista
cualquiera que posea ciertas dotes en relaciones humanas se da cuenta
rápidamente quiénes son.
Para
ver el informe desarrollado por el Sr. Mario Lussich haga clic aquí.
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