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Después de estar casi
una semana en Trevelin, paseando y mateando con amigos, decidimos con
Andrea (mi esposa) pescar este maravilloso río.
Arreglamos el día 18 de
enero con Alfredo (quién nos traslada siempre a los lugares de pesca),
hora y lugar para encontrarnos y salir a rebolear los gatos.
A la mañana siguiente
tempranito, ya estabamos en el río, mientras nos disfrazábamos de
pescadores, mate y charla mediante, agrandando los pescados del año
pasado, y con la fe puesta en algunas moscas, partimos con rumbo al río.
El día pintaba
espectacular, buen sol, poco o casi nada de viento y el agua muy limpia y
cristalina. Desde el principio nos sorprendimos gratamente al ver lo
recuperado que está el río en comparación con la temporada anterior,
donde habíamos notado aguas bajas y turbias y pescado no muy bien, esta
vez la primera impresión fue muy gratificante ya que ni bien salimos
empezamos a ver un muy poblado río de truchas.
La cantidad de agua es
muy importante, casi no tiene costa limpia para pescar, el agua llega
hasta los sauces que están en todo su recorrido, lo que dificulta el
lanzamiento en casi todo el cauce, cosa que no ocurría en años
anteriores donde se formaban muchas islitas y nos permitían tirar en
varios lugares sin necesidad de una embarcación.
Nuestro lugar de destino
era la isla grande que se forma a la salida del Blanco, Alfredo (que no es
pescador, pero se conoce el río como a su propia vida) me recomendó
parar para probar con secas en unos remolinos que se forman en el medio
del cauce, vaya a saber porque, pero ahí están y también las truchas,
que se las ve comiendo bien arriba en una zona muy profunda, enseguida
puse la fe en una Royal Wulff, primer tiro, una pequeña deriva, corrección
y PLAF!!!, ahí estaba mi amiga luchando por su libertad, una hermosa arco
iris que fue devuelta al agua al igual que la segunda que llegó
enseguida. La tercera que pico me ganó la pulseada y además enderezó la
pata del anzuelo, chau trucha, chau mosca.
Decidí cambiarla por una
Hampy amarilla y también tuvo buena respuesta, luego de sacar 2 más,
errar unos cuantos piques, y comerme unas buenas gastadas por parte de
Andrea y Alfredo, decidimos seguir camino hacia el lugar elegido de
antemano.
Una vez en la isla, la
pesca se circunscribió a un pequeño y muy acogedor lugar; como sería de
hermoso que la miré a Andrea y le dije…”gorda, te traje al
Alvear”…, luego de comernos unos sandwichs, untada la mayonesa con el
dedo y tomarnos unos vinitos, encaramos la pesca, no es un lujo??????.
Andrea encaró para el
pozón que se formaba en una punta de la isla, línea de flote, líder de
hundimiento profundo y una alexandra en la punta del tippet y yo me metí
en el río con un shooting y una rabbit negra, estabamos como a 50
mts., después de varios tiros, luchar contra la corriente y no tener ni
un solo pique, la veo que está luchando y devolviendo su primera trucha,
luego de vaya a saber cuanto tiempo, diría que varias horas y yo seguía
en la misma postura; escucho el grito de Andrea que me estaba cargando y
devolviendo su segunda arco iris, en ese mismo momento y cansado de luchar
con la corriente me fui para donde ella estaba.
Mientras esperábamos a
Alfredo que nos viniera a busca puse una parachute en anzuelo #18 y me
dediqué a pescar truchitas que si bien eran muy chicas, nos divirtieron
mucho.
A las 19:30 hs. pegamos
la vuelta e intentamos en varias partes del río, tuve dos piques, la
primera se me escapó después de pelearla un rato largo y la segunda no
tuvo la misma suerte, la pesqué con una marabú maddler amarilla
(recomendada por Alfredo).
A las 21 hs. más o menos
llegamos al camping, con plena luz del día, después de desarmar los
equipos tomarnos unos mates y comentar la pescada (por supuesto que los
pescados para esa hora habían crecido y engordado), nos fuimos a la cabaña
ya entrada la noche, contentos y satisfechos por nosotros, pero
principalmente por el río que esta recuperado y en buena forma.
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