Últimos días de abril, primeros de mayo. Esto se acaba, señores.
Culmina otra temporada de pesca recreativa en la región cordillerana del Chubut. Desde hace un año exactamente, ya tenemos reservada la cabaña situada casi en la mitad del magnífico Lago Tres, en la zona de Río Pico. Desde hace más de siete temporadas que optamos por finalizar la temporada de pesca en este lugar, habida cuenta de la calidad y cantidad de truchas que para éstas fechas se pueden capturar en el Tres producto de la temperatura de las aguas y de la actividad de los peces.
Esta vez no habrá truco de seis, porque de una "legión" que en principio se había anotado para ser de la partida, problemas con el trabajo, con la media naranja, con la naranja entera, ( con las mujeres, bah!) finalmente pudimos sortear ese "muro infernal" sólo cuatro para disfrutar de los buenos momentos y de las buenas truchas del lago. Mi hijo Facundo, el Dr. Carlos, Diego y yo seríamos esos elegidos, con asistencia perfecta e infaltables a la hora de visitar, para el cierre, al lago Tres.
O sea, una sola camioneta (la confortable Sorento de Carlos) y un solo bote (mi inseparable Levefort de aluminio naval) sería mas que suficiente para movernos, ya que los "pibes" Facu y Diego, siempre pescan desde los belly, mientras que Carlos y yo, privilegio de los años, lo haremos cómodamente desde el bote. Aunque ésta ves esa "comodidad" brilló por su ausencia y se transformó exactamente en lo contrario, debido al intenso viento, que en ocasiones alcanzó grado de huracán y cuyas ráfagas "jugaban" con el bote, como si fuera un barquito de papel. La mañana de sábado 1º de mayo, el fortísimo viento, pero fundamentalmente la prudencia aconsejó "esperar hasta que amaine" y decidimos no meternos en el lago por una muy simple cuestión que hace mucho tiempo tenemos siempre presente: cuando la pesca pasa a ser mortificante, deja de ser gratificante. Y carece de sentido, entonces.
Pero mejor vamos por partes, dijo Jack El Destripador. Llegamos el jueves a la hora del té, es decir a eso de las cinco de la tarde. La señora de don Nuñez ya estaba con el ojo largo aguardándonos para registrarnos, cosa que hicimos de inmediato. Rápido las cosas que van en la heladera y mas rápido aún para tirar el bote al agua, armar las cañas e inflar los bellys. Es que en ésta época los días son cada vez más cortos. Y a las 19,00 horas (máxime con un cielo cargado de nubes oscuras) ya se ve muy poco. A las 6 de la tarde en punto, luego de dejar los dos belly muy cerca de los juncos y con una hora de luz natural por delante, comenzaron a escucharse los primeros gritos que anunciaban iguales capturas. Y estos partieron desde los bellys mientras Carlos y yo tratábamos de hacer pié en el bote, debido al fuerte oleaje, producto del intenso viento que aún en esa hora, se abate sobre toda la región.
El "muerto" de Carlos, que trajimos para parar el bote, es muy liviano y nos arrastra como si nada. Pero de pronto, el viento afloja, nos da un respiro y cuando mas o menos podemos castear adecuadamente, clavo una arco iris muy peleadora que me cuesta bastante arrimarla al bote. Es que tengo mi vieja Kunnan de seis tramos de acción media para línea 5 y no es lo más aconsejable para tales inclemencias del tiempo. Pero quería probar esta vara que tanto quiero y que tantas satisfacciones me ha dado (como esa gran arco iris de 9 kilos del Lago Dos) para ver como había quedado, después que mi amigo Ricardo Galup hiciera un trabajo genial y le cambiara todos los pasadores de alambre (que ya ni existían) por unos de bait-casting (de porcelana) con una sola pata. Ya hace muchos años le hice hacer el mismo "trabajito" a otra querida vara, la Richard Walker de Hardy y esta había quedado a las mil maravillas. Por eso, pese a la intensidad del viento, casteaba con la 5 livianita.
Me dí cuenta que quedó de diez, cuando capturé una marrón cabrera que no quería venir. La pobre cañita hacia una U perfecta dado que la trucha tiraba como un caballo, ayudada por el oleaje que no nos daba tregua y me costó más de media hora poder tenerla con el guante, para lo foto. Carlos, que se había encaprichado con una fuzzy wuzzy que en el río trabajaba bonito pero que aquí naranja, no tenía un mísero pique y ante la evidencia y eficacia demostrada, rápidamente cambio por algo parecido a mi mosca: la Orange Mabita, un estreamer con un aire de Zonker con atractivos destellos perlados en tamaño 6. Y rápidamente tuvo su recompensa; un hermoso arco iris que lo hizo transpirar como testigo falso antes de poder embocarlo en la red de mano y en el recuerdo de rigor. Por el handy, los pibes nos requieren para fotografiar una buena marrón que han capturado, pero imposible llegar hasta ellos. Ya es muy tarde y el viento se ha incrementado considerablemente. Mejor vamos acomodarnos en la cabaña, comenzar con el campeonato de truco y comer algo ya que a esta hora, no sólo pican las truchas, sino también el "bagre".
Casi oscuro, subimos los belly al bote y en un santiamén, estamos en el muelle de la cabaña, que está cubierto. El lago está bastante crecido, algo inusual para ésta época, pero es el producto de las lluvias tempraneras que ya han comenzado a caer sobre la región. Esa horita y monedas que pescamos, ha sido muy productiva y atractiva ya que hemos pinchado los cuatro truchas muy lindas y combativas. Pero mejor vamos a la picada con cerveza fría y un buen Terma bien helado mientras el Benjamín de Senetiner, aún descansa, misteriosamente, en las cajas. Obvio, tras la picada llega el truco rabioso. Los pibes no saben con quien se meten y los dos "chicos" de la primera noche se los ganamos sin pestañear y sin piedad. Afuera el viento sopla y resopla. Ojala que mañana cambie ya que no hay condición meteorológica mas adversa para quien pesca con mosca, que el viento fuerte y arrachado, sin dirección. Igualito al que sopla sobre el Tres.
Pollo al disco con un revuelto espectacular. Una sobremesa que se extiende hasta más allá de la medianoche y las primeras botellas del Benjamín que comienzan a caer en buena ley. Un tecito cargado y al sobre. Seguramente la noche traerá, en sueños, esas truchas grandes que sólo se capturan aquí.
La mañana se despertó tarde para todos nosotros. Es que el viento no ha cedido un ápice en su intensidad y con el cielo bastante cargado está mas lindo para quedarse remoloneando en la cama que haciendo equilibrio en el bote.
De todas maneras, el aroma de las tortafritas sobre la parrilla nos reúne a todos en la mesa y luego de un largo desayuno, al agua pato. Es viernes y a través de la ventana ya se ven varios bellys en las aguas del Tres, que desafían el frío y el viento. Todos al bote y a llevar a los chicos lo mas cerca de los juncos posible. Pues allí el viento parece ser mucho menos. Parece nomás, porque cuando uno se aleja unos metros de los juncos, el viento lo empuja hacia el medio del lago y después, volver pataleando, es misión imposible. Cerca del mediodía comienza la diversión. Carlos clava una marrón que se resiste a ser fotografiada hasta que al fin posa desnuda para la cámara. Al rato hacemos doblete de marrones grandes, lo cual nos impide fotografiar las truchas. Esta vez cambié de caña. Sigo con una 5, pero ahora con una Echo 2 Distance Competición.
Le he puesto el puntero marcado con una D (distance) para que sea mas dura aún y tengo una línea densidad compensada de 175 grains. Esta Mabita Orange es mortal para las marrones. Pincho una que me regala una pelea fantástica. Es grande, se mete debajo del bote y no quiere salir. La caña que es un palo de rígida se curva por demás pero aguanta bien. Parece un junco: se dobla pero no se rompe!. Menos mal que decidimos cambiar anoche los tippet y poner un 0,26 de Raiglón Fluorocoating. Minga se van a ir!! Finalmente y luego de mucho esfuerzo, la embocamos para la foto. A eso de las dos de la tarde, con el viento aflojando un tranco, pero con el triperío interno enojado y a los gritos, decidimos que ya es hora de ir por las costeletas al disco. Que dicho sea de paso estaban rebuenas.
Un poco de sobremesa que se extiende casi hasta las cinco de la tarde y otra ves al agua, ya que nos queda hora y media o dos de pesca. El cielo está bastante cargado y muy pronto comenzará a llover asique, digo, la cortina de agua funcionará como contención del viento fuerte. Y así fue. No bien salimos se larga a llover y el viento cede bastante. Ahora a los belly los bajamos en el medio del lago. Diego es el primero en bajar, se aleja un poquito y ahí nomás clava una marrón muy linda. Al ratito Facu clava otra y aprovechamos a que estamos cerca para tirarles un par de fotos a la distancia.
Este "mar de tranquilidad" dura un suspiro y es justamente en este lapso donde capturamos las marrones mas pesadas. Yo sigo con el mismo estrímer del primer día que ya ha sido mordisqueado por más de diez truchas, pero aún sigue "trabajando". Y muy bien. Carlos clava una marrón de las pesadas y me lo tiene a mal traer. La trucha parece que no es la primera vez que ha sido pinchada, asique conoce al dedillo el manual de la liberación. Favorece mucho que el viento no nos para ni a gancho, entonces la trucha viaja con nosotros. Finalmente, luego de sacarla varias veces debajo del bote, la marrón es fotografiada antes de volverse al Tres. Y no hay tiempo para más. Ya casi se hizo de noche y por el handy, los belly reclaman nuestra presencia. De un saque los subimos al bote y raudamente nos vamos para la cabaña.
El viento sólo aflojó un poco y se largó otra vez la lluvia, fuerte. El sacarse los wader y encontrar el fogón encendido es muy gratificante. Y mientras vamos comentando las truchas que sacamos en las fotos y las que no quisieron salir en las fotos, otra picadita de queso picante, longaniza y jamón, con galleta fresca, cae mejor que anillo al dedo. Se viene otro truco a cara de perro. Esta vez acompañado por un "tecito" de Jonnie Walker Red Label. Le digo a Carlos que aflojemos con el juego un poco, pero aflojamos demasiado. Tanto aflojamos, que el segundo chico dormimos afuera..y eso que estaba lloviendo!! Los pibes recontentos nos gastaban a más no poder. Mañana jugaremos el bueno y veremos quien ríe último. Je.
El sábado a la mañana el viento ya no es tal. Es un huracán con todas las letras. El oleaje, aún en este sitio del lago bastante cercano a los juncos del fondo, es muy fuerte y nadie se ha animado a desafiar el ventarrón y el oleaje del Tres. Nosotros tampoco. Mejor dejarlo correr y seguir un rato más en la cama. A las once de la mañana soy el primero en asomar en la cocina a desayunar y al rato van apareciendo de a uno. Diego aprovecha para atar un par de moscas y el resto reacondicionamos los equipos. La Mabita está tecleando pero seguro aguanta algunas truchas más.
De todas maneras, le doy un respiro ya que es hora de probar una ninfa de Dragon Fly y de poner en práctica una experiencia recogida a lo largo de tantas visitas al Tres. Consiste en que cuando hay mucho viento, hay mucho oxígeno disuelto en las aguas y las truchas están muy activas y excitadas. Sumado a la temperatura de las aguas (bien frías a esta altura del año) pescar con ninfas de este tipo suele dar muy buenos resultados. Hay que dejar hundir un poco y luego hacerlas "subir" no muy lentamente. Claro, para probar este método, veremos antes si el viento nos deja entrar al lago. Almorzamos tarde y a eso de las cuatro el huracán algo se calma y se transforma en viento fuerte. Los pescadores brillan por su ausencia, asique seremos los únicos que intentaremos pescar en el Tres.
El Levefort de aluminio, al ser muy liviano, obliga a equilibrar bien el peso, de todas maneras las olas que pegan en la proa nos bañan por completo. Menos mal que Facu y Diego tienen wader y nosotros equipo para agua. El bote está repesado y es menos ágil que una gaviota recién comida queriendo levantar vuelo. Es que hay agua por demás dentro del bote y cada ola que rompe en la proa la embarcamos por completo. Les digo "Tranquilos muchachos, que en la publicidad este bote navega totalmente inundado". "Si claro" me dice Diego. "El tema es que ahora no estamos haciendo ninguna publicidad" Pero el Suzuki Four Stroke de 25 hp dos cilindros en V" se porta de maravillas y sus 530 cc. empujan más que el viento, además, a medida que nos acercamos a los juncos el oleaje va desapareciendo.
Esta vez decido atravesar la barrera de juncos y dejar a los pibes en tierra firme para que se puedan trepar mejor a los belly. El agua que hay dentro del bote llega casi hasta los asientos, pero el sistema de desagote que tienen estos botes es muy bueno. Le saco el tapón de popa y acelero el Suzuki. Cuando más rápido voy, más rápido expulsa el agua. En un abrir y cerrar de ojos desalojamos casi toda el agua, entonces, livianitos, a pescar. El viento ha amainado bastante y ya estamos cerca del final de la tarde. Apenas si tenemos una hora y pico de luz natural dado que el cielo sigue cargado y muy oscuro.
En el primer cast con la ninfa de Dragón, se prende una linda arco iris. Entonces se me ocurre aquella famosa contradictoria frase que dijo el Gran Carlos durante su presidencia: "Estamos mal, pero vamos bien"!! El otro Carlos, el que está en el bote conmigo, instituye que para truchas menores de tres kilos, no hay fotos. Asique varias de ellas, que se sintieron atraídas por la "linda" ninfa de Dragón, son devueltas al agua sin tocarlas. La teoría antes dicha, a juzgar por la cantidad de capturas, demostró que era acertada.
Este fue nuestro día mas corto de pesca. Apenas un par de horas y a retornar al abrigo del fogón en la cabaña. Rápida picadita corta, porque se viene el truco bueno. Esta vez el Red Label no nace en la picada, pero muere en el truco. Aquí hay algo más que un juego simple. Está nuestro "honor" de imbatibles, entonces hay que jugarlo, como siempre, a cara de perro. El partido nació y venía parejo. Muy parejo hasta que ocurre un hecho, que a mi modesto entender fue detonante y determinante. Ultima mano y Facundo retruca el envido echando la falta. Carlos dice "Quiero" y canta 32. Facu se relame y dice "33 son mejores" y viene una serie de burlas, abrazos, gritos, baile ritual parecido al de los monos y comete el gravísimo error de NO mostrar las 33. Huuu!!! Se armó una trifulca de aquellas. Bárbara. Facu juraba por la Biblia y todos los Santos que tenía las 33 y las buscaba, desesperado, en el mazo. Para colmo Diego, para ayudarlo, que también urgaba en el mazo mostraba 32 pero de otro palo!. Asique no hubo tutía. Y antes que la sangre llegue al río, el Doctor propone una decisión salomónica y se decide jugar de nuevo la mano.
Los pibes protestaban pero... a llorar al Muro de los Lamentos. Se dan las cartas y aquí el que tenga mas tanto gana si ó sí. A Facu le toca otra mano buena con 32 de tantos y echa la falta a grito pelado. "Quiero" le digo. Y pongo sobre la mesa un 6 y un 7 de espada. ¡ 33 y de mano!!. No lo querían creer. Esta vez los que hacíamos el baile ritual éramos nosotros. Seguro que aún les dura la calentura... El otro chico ni vale la pena comentarlo. Ya apichonados no quisieron más Lola y se lo ganamos sin despeinarnos. Pero estuvimos bastante discretos en las gastadas (¡Otra vez nos comimos los pichones!!) que dicho sea de paso, se extendieron durante la cena y por la noche, de habitación a habitación.El domingo se despertó igualito que a los otros días. Un poco más despejado en cuanto a nubosidad pero con misma intensidad de viento.
Como es el último día de pesca y de temporada nos levantamos mas temprano, rápido a desayunar y a encararle nuevamente al oleaje fuerte del Tres. Esta vez dejamos a los pibes en la parte mas alejada del juncal, ya que se vendrán pescando desde allá bordeando los juncos. Nosotros desde el bote nos vamos derecho al medio del lago ya que allí hemos capturado la mayoría de las marrones. Este lago ha cambiado radicalmente en cuanto a la varidad de capturas. Anteriormente de 10 truchas pinchadas 8 eran arco iris y dos marrones. Hoy, esa proyección es inversamente proporcional. 8 son marrones y el resto arco iris. Esta apreciación coincide con la de Don Nuñez, que nos dice que ésta temporada entraron muchas marrones del río Pico al Tres. Habrá que ver como evolucionan en el futuro. Por ahora las marrones que han salido, son muy combativas, de magnífico estado y de muy buen porte, tal como se aprecia en las fotos.
Yo he vuelto a mi "viejo" amor y la Orange Mabita sigue pescando como el primer día. A las dos de la tarde una linda marrón se transforma en la última trucha de la temporada para mí. Final del final.
Carlos dice lo mismo y por el handy le decimos a los pibes que los vamos a buscar. Cuando vamos llegando vemos que ambos están en pleno combate con sendas truchas. También son las últimas de la temporada. Entonces, de un envión los pibes arriba del bote y a prepara r el asadito de despedida que en verdad, estaba de rechupete. A las 4 de la tarde ya teníamos el bote arriba, todo cargado y la despedida de los Nuñez. También teníamos la reserva de la cabaña para el próximo fin de temporada.
El lago Tres, fiel a su tradición y a su estilo, nos había regalado una vez mas, esos vivencias tan especiales que rápidamente se incorporaron al baúl de los recuerdos. De amigos y Truchas. De los lindos recuerdos, bah!
Néstor Brizuela.
skelfly@gmail.com