|
Un
día de 1825, presagiando los acontecimientos que viviría el Fuerte
del Carmen en el futuro cercano, aparece frente a la barra del río
Negro un bergantín brasilero de guerra, disfrazado de mercante. Los
brasileros, con dos botes, desembarcan una pequeña fuerza. El
comandante del Fuerte, Lacarra, la pone en fuga y persigue vía
terrestre por la margen norte, mientras el juez de paz, Alfaro, lo
hace por el sur. Alfaro logra rendir a los invasores.
Recién
en enero del año siguiente, llega al fuerte la noticia de la
declaración de guerra al Brasil.
El
gobierno nacional otorga varias patentes de corso para dañar el tráfico
marítimo enemigo. A causa de los reiterados bloqueos que sufren los
puertos del Plata, los corsarios eligen al puerto de Patagones para
esconder sus presas. Sólo el corsario “Lavalleja”, al mando de
Bibois Fourmantin (el padrino de Casimiro Biguá), que se aventura
frente a las propias costas brasileras, logra apresar unos 20 barcos
mercantes enemigos.
Jaime
Harris construye las instalaciones para una batería de 4 cañones
en cercanías de la casa del práctico, sobre la margen norte, para
protección de la barra del río Negro.
Mientras,
el almirante Brown ponía en fuga a una escuadra brasilera en el
Combate de los Pozos.
Rivadavia
envía a Patagones al coronel Felipe Pereyra, quien lleva refuerzos
y armas.
Dado
que Patagones es base de buques corsarios, ahora reside aquí un
gran número de marineros extranjeros, desocupados, sin medios de
subsistencia debido a la inactividad del “Lavalleja”; además,
viven más de 300 negros libertados por éste corsario. Las cosas
están muy complicadas en Patagones, donde se vive un clima de
inseguridad por partida doble. Por esto, Lacarra es un poco más
severo de lo que los vecinos destacados consideran necesario, y no
simpatizan con él. El puerto bulle de actividad. Aún hoy, si se
camina por la costanera de Carmen de Patagones, es posible imaginar
el colorido de esa época.
Alertado
sobre la posibilidad de una invasión brasilera, Lacarra pide a
Buenos Aires pólvora de cañón; le responden que la compre a los
corsarios.
Brasil
bloquea el puerto de Buenos Aires, en 1827, y se desploma el
comercio; el gobierno deja de pagar los reembolsos del préstamo
inglés e inunda la ciudad de papel moneda, acelerando la inflación.
El gobierno de Brasil ordena al capitán de fragata James Sheperd
una operación sobre Patagones. Son aprontadas las naves “Duqueza
de Goyaz”, “Itaparica”, “Escudero” y “Constancia”.
El
capitán de baqueanos Molina, "más indio que los indios
mismos", con sus hombres (conocidos como los “tragas”) se
presenta al comandante del Fuerte, en Patagones, poniéndose a sus
órdenes.
Mientras
el puerto de Buenos Aires sigue bloqueado, Sheperd zarpa de
Maldonado al frente de su escuadra, provista de unos 30 cañones y
613 hombres, con destino al sur. El segundo de Sheperd es el capitán
Guillermo Eyre.
Lacarra,
por su parte, dispone de 150 infantes, 100 vecinos y gauchos, además
de los corsarios extranjeros y los "tragas". Una batería
de 4 cañones en la boca del río, otra en el cerro de la Caballada
y una más en lo de Rial, a mitad de camino entre el Fuerte y la
desembocadura del río, sobre la margen norte. Dispone también de
barcos corsarios: el “Hijo de Mayo” al mando de James Harris, el
“Hijo de Julio” cuyo capitán es Fourmantin y el “Oriental
Argentino”.
El
27 de febrero aparecen frente a la desembocadura del río Negro, los
cuatro buques brasileros disimulados con nuestra bandera nacional.
Lacarra adelanta a todos sus efectivos hacia la boca del río. En el
Fuerte, las mujeres y los niños hacen número usando gorros de
uniforme para hacer creer al enemigo que el número de los
defensores es mucho mayor. Las mujeres son organizadas por doña
Eustaquia Miguel de Rial.
El
3 de marzo se hunde el “Duqueza de Goyaz” y el “Itaparica”
queda varado sobre la margen izquierda del río, cerca del
estacionario de los prácticos. El enemigo no contaba con
experiencia para sortear la barra del negro, ni práctico que lo
guiase.
Dos
días más tarde, brasileros desembarcan en lo de Rial, sobre la
banda norte del río. También desembarcan sobre la banda sur, pero
éstos posiblemente sean tripulantes del hundido “Duqueza de
Goyaz”. El 6 de marzo, con vientos en contra, Sheperd ordena el
desembarco masivo.
En
la madrugada del 7 de marzo de 1827 se inicia el avance de los brasileros
hacia Patagones, por tierra, y se apoderan del cerro de la Caballada.
Olivera despliega sus hombres entre el fuerte y el enemigo. Los
buques argentinos, desde el río bombardean el cerro donde se encuentran
las fuerzas brasileras, que no han traído artillería. Olivera avanza,
Sheperd se repliega y, como es herido en la retirada, asume el mando
enemigo el capitán Eyre. Los barcos argentinos navegan aguas abajo
mientras Olivera persigue por tierra a los brasileros, hasta que
se le rinden. Bynon, al mando de nuestra “flota”, atrapa a los buques
imperiales “Escudero” y “Constancia”, para finalmente acorralar
al varado “Itaparica” y sus 22 cañones. Como el capitán (Eyre) no
está a bordo, la tripulación se rinde de inmediato.
Los
principales protagonistas de la resistencia son: Fernando Alfaro, héroe
del combate de la Caballada; Santiago Jorge Bynon, al mando de las
fuerzas navales; Subteniente Sebastián Olivera al mando de las
fuerzas terrestres e insigne héroe máximo de la jornada; Juan
Bautista Thorne que aborda el “Itaparica” arreando su pabellón
de combate; y no hay que desmerecer la actuación del capitán de
baqueanos Molina. Mucho menos hay que dejar de destacar a toda la
población: mujeres, niños, esclavos, negros libertos, corsarios,
todos participaron activamente en la defensa de Patagones y Viedma,
repeliendo una invasión extranjera al territorio nacional, aunque
en Buenos Aires la región no es considerada “parte de la República”.
Es decir, Patagones vendría a quedar, entonces, "más allá"
de la "frontera".
Bynon
navega comandando la escuadra que ahora se compone por el
“Ituzaingó” (ex-”Itaparica”), el “Patagones”
(ex-”Escudero”), el “Chacabuco” y el “Ana” que lleva a
bordo los prisioneros de guerra brasileros hacia Buenos Aires.
Esta
gesta patagónica que tanto favoreció al comercio porteño, no
figura en ningún texto de “historia argentina” ¿qué tal una
reparación histórica?
*
fotografía: la torre del Fuerte del Carmen, tal como se conserva
actualmente.
|