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Todavía
no es una leyenda....pero
las leyendas se construyen rápido en Patagonia.
Ya
existe una Punta Sopa, y no me cabe ninguna duda que, con el tiempo habrá,
además, una Bahía Aldo o una playa del Yugoeslavo, en el Parque
Nacional Los Alerces.
Visitó
por primera vez el Parque en 1971,
y desde entonces, dedicó sus vacaciones, cada fin de semana largo, y
cada aguinaldo, a regresar.
Desde
su residencia en Caleta Olivia, comenzó a forjar la idea... En 1978 se
compró un sencillo bote de madera, con motorcito, eso sí, el cual le
propinó un buen susto por ahí por la Punta Brava. No arrugó por
ello... Cinco años después, compró en Buenos Aires su primer
barquito, el Sopa I. Y hace ocho años, comenzó a construir el Sopa II.
Aldo
Kovacevich nada sabía sobre construir embarcaciones, mas esa mera
circunstancia no lo aminaló. Averigüó, leyó, se informó, y allí
mismo en Caleta Olivia, fue dándole forma a su sueño.
Lo
botó en las azules aguas del lago Futalafquen en diciembre de 1998.
Pero además, se radicó definitivamente en el Parque Nacional Los
Alerces, ya jubilado de su actividad petrolera. No, no obtuvo ninguna
concesión, tampoco accedió a tierras... estableció su residencia: a
bordo!!!
Su
hogar flotante, está generalmente amarrado en el muelle del Puerto
Limonao, desde donde divisa las cuatro sequoias que crecen al lado de la
vivienda del guardaparque. Si el Sopa no está, querrá decir que Aldo
salió a navegar sus amados lagos, solo, o con amigos invitados.
El
Sopa II sigue en construcción. Con sus manos y su ingenio, Aldo
sigue realizando la carpintería del crucerito, en sus ratos de ocio.
Ratos de ocio? no era que no trabajaba más? No con horario, tampoco
con sueldo, pero en la práctica, Aldo oficia de "guardaparque
honorario". Cuando hay que hacer una exploración, reparar un
bote, abrir un sendero.. Aldo es de la partida.
El
Sopa II dispone de radio, por supuesto, con la cual habla diariamente
con su esposa Eva, que sigue en Caleta Olivia. Para
comunicarse con los demás residentes del Parque, utiliza un
cuerno alpino, cuyos diferentes sonidos tiene distintos significados,
invitando a bordo del Sopa II. Desde el corazón del bosque, un silbido,
una corneta, responde aceptado el convite.
Su
figura se puede identificar a la distancia, gracias al peculiar gorro
que nunca se quita. Ya es ciudadano del Parque, dotado con una
permanente solidaridad, siempre dispuesto a auxiliar a quien tenga
problemas, a ayudar a quien lo necesite.
fotografías:
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Aldo Kovacevich
* el Sopa II
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