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¿Qué creen? ¿Qué les mostraremos un manual para fabricar
estanterías, sillas o mesitas? Nada de eso. Esta es una semblanza de
un patagónico que se lo tomó al pie de la letra. Un hombre que no
sólo imagina, sino que con entusiasmo y una desbordante alegría,
pone en práctica cada uno de sus sueños. Y los hace él mismo.
Lo primero que hizo con sus propias manos fue un molino harinero.
Para poder construirlo, debió realizar una profunda investigación
previa sobre la que no me explayo, porque en esta misma página
pueden encontrar una pormenorizada nota de Héctor Gugliermo sobre el
molino de Mervyn Evans, que se encuentra en Los Cipreses, Noroeste
del Chubut.
Una tarde, Mervyn tuvo la gentileza de mostrarme un sitio cercano a
su casa, donde vivieron décadas atrás algunos de sus familiares.
Como resultado de esta visita, encontrarán también aquí una nota
titulada “El duende de Lugar Claro”. En la oportunidad, ya
regresando, Mervyn recogió del suelo un trozo de lata oxidada
aclarando que le serviría para el “auto de los chicos” . Un par de
semanas después, el auto en cuestión estaba en estas condiciones:
Funcionaba y todo, gracias a un motor de máquina cortadora de pasto,
diesel. Su hijo, al volante, recorría satisfecho los alrededores.
La
sorpresa fue unos meses más adelante, a fines de noviembre, cuando
en Travelín se conmemora la llegada al valle de los famosos
Rifleros, siempre con un importante desfile. Tras gendarmes y
estudiantes marchando, venía EL AUTITO! Mervyn se había tomado el
trabajo de ponerle hasta capota, y había visitado el museo para
asegurarse que la chapa-patente fuese perfectamente de época. Así
quedó:
Esa noche, la del desfile, fue el hombre más odiado por todos los
padres de la región. ¿Se imaginan? Cada chico durante la cena estaba
a los gritos: -“Papá!!! Haceme un autito igual al de John!!!”.
Quienes visiten próximamente el molino de Mervyn Evans, se
encontrarán con algunas novedades. Por empezar, el laguito ha sido
ampliado y provisto de una cascada! No conozco los detalles, pero me
contaron en secreto que tiene diseñada una embarcación especial para
navegarlo, y un día de éstos lo construirá!
También
verán, al lado de la casa de familia, algo que parece un
invernadero… pero no… ¿saben que es? ¡Un hangar!
Hace un año y medio más o menos, mi amigo galés me contó que toda la
vida había soñado con poder volar; no sólo dejar volar su
imaginación, también quería hacerlo él mismo. En consecuencia, había
resuelto construir su propio avión; eligió construir un Storch, pero
con madera de la zona.
Tal como hizo para levantar su molino, primero emprendió una
minuciosa investigación.
Comenzó por fabricar las alas, y lo hizo dentro del living de su
casa. Su hija comentó, resignada, que para sacar más adelante el
avión de la casa, habría que romper las paredes!
Cuando ya el espacio doméstico le quedó chico, levantó el “hangar”
que mencioné, dotándolo de calefacción ya que trabaja con diversos
pegamentos. En procura de metal, se dirigió al diario El Oeste de
Esquel, donde le regalaron unas cuantas planchas de aluminio de
imprimir, o sea que, además, el avión conservará la impronta de las
noticias regionales.
Estos
aviones Storch (Cigüeña) tienen la particularidad de poder despegar
y aterrizar en pistas muy cortas, no más de 15 metros. Desde luego,
tendrá una pista en inmediaciones del molino!
En lugar de hacerlo de metal, el fuselaje es de madera autóctona, lo
que requiere utilizar diversos pegamentos. Durante el invierno
pasado, Mervyn debió poner el reloj despertador cada dos horas,
durante las largas y frías noches, para alimentar la salamandra
porque algunos pegamentos requieren una determinada temperatura
constante. El avión tiene once metros de largo y pesará sólo 350
kilos. Las alas serán rebatibles, para poder guardarlo en un hangar
de menor tamaño. Los dos asientos, uno delante del otro (recuerdan
el memorable vuelo de “África Mía?”) son de esos plásticos de
jardín, a los que le cortó las patas. Tal como hizo para construir
el autito para sus hijos, en este caso utilizó no sólo las planchas
de aluminio del diario, también partes de un viejo lavarropas!
Piensa colocarle un motor de 4 cilindros y 80 HP. Un avión lento y
de volar bajo. Para el 2004 espera llegar, volando, hasta General
Rodríguez, donde cada año se realiza un festival de aviones de estas
características, organizado por la Asociación de Aeronaves
Experimentales. Como la autonomía de vuelo de su Storch será de
700-750 kms./hora, piensen el tiempo que le demandará llegar. Pero
mejor no pregunten por el consumo de combustible…
Mervyn tiene a muchísimos anotados para efectuar su segundo vuelo…
hasta donde sé, soy la única anotada para ser co-piloto del primero!
Será todo un acontecimiento en la región cuando, Dios mediante a
fines del próximo verano, el avioncito de madera surque los cielos
patagónicos.
¿Que otra sorpresa nos deparará la inagotable creatividad de Mervyn
en los próximos años?. De una más tengo noticias… piensa cambiar de
ubicación su casa, corriéndola completa con todo su contenido… ese
es tema para otra nota…
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