Apenas
un metro de trocha... angosta, verdad?
Pero
en la Patagonia en 1945, los pobladores de una inmensa región
cordillerana, incluyendo localidades chilenas, debían transitar difíciles,
polvorientos e interminables huellas para viajar hacia la llamada
"Línea Sur" rionegrina por donde pasaba la trocha ancha
que los unía con Bariloche, Viedma y Buenos Aires.
Cuando
el 25 de Mayo el Trochita llegó a Esquel procedente de Ingeniero
Jacobacci -y del empalme al resto del país- ondearon banderas y pañuelos,
corrió el viento y también las lágrimas. Inaugurar el tramo total
demoró 23 años! la paciencia patagónica es tan infinita como sus
espacios... El Trencito casi de juguete se les antojó enorme, a los
casi aislados pobladores, por los servicios que les prestaría.

Los
402 kms. y sus 640 curvas, todo el trayecto a más de 600 metros
sobre el nivel del mar y partes encima de los 1.200, recorren
mayormente la desiértica meseta, caliente en verano, helada o
nevada en invierno.
A
partir de entonces, el Trochita comenzó a trabajar. Sin importar
condiciones climáticas, transportó personas, lana, madera y hasta
animales vivos! A la inversa, trajo todo tipo de abastecimientos a
la región.
Pero...
¿porqué siempre tiene que haber un "pero"? El Trochita
también sirvió para que llegue las harinas producidas en la Pampa
Húmeda a costos subsidiados, haciendo languidecer y, por fin,
desaparecer, la producción triguera y harinera del Valle 16 de
Octubre, y sus molinos abandonados.
Cinco
décadas de viajes, servicios, vivencias... hasta que también al
ferrocarril le llegó su hora. Rutas asfaltadas y grandes camiones
invadieron el territorio hasta que en 1993 el Gobierno Nacional
dispuso su clausura por falta de rentabilidad.
Por
fortuna, un operativo conjunto de las Provincias de Río Negro y
Chubut emprendió el salvataje. Adquirieron el Viejo Expreso Patagónico
y los mantuvieron en funcionamiento. Pero ya en fecha cercana, al
desmoronarse la campaña proselitista presidencial de Horacio
Massaccesi, la Provincia de Río Negro se desentendió del tren.
Las
locomotoras a fuel oil del Trochita son de origen alemán y belga;
sus máquinas a vapor consumen 100 litros de agua por kilómetro y
alcanzan una velocidad máxima de 60 km/hora aunque mayormente
circula a mucho menos, y muchas veces, a paso de hombre.
Los
vagones,
construídos
en 1922, se calefaccionan mediante salamandras a leña, que durante
el viaje alimentan los propios pasajeros, tanto en los de
"primera" clase como en la "económica".
No
es sencillo el mantenimiento... es una tarea permanente y artesanal,
puesto que hasta repuestos es necesario fabricar.
Es
que el Trochita soportó todos los rigores climáticos. El viento o
el hielo podía hacerlo descarrilar, como de hecho, ocurrió muchas
veces. En otras ocasiones, las vías eran spultadas por el barro, o
el tren embestía una vaca. Al quedar bloqueado por la nieve, todos
los pasajeros descendían para colaborar a quitar la nieve, y aún a
empujarlo.
Actualmente,
el tren es operado exclusivamente por la Provincia del Chubut,
rodando, en consecuencia, entre El Maitén y Esquel. Realiza un
viaje semanal de servicios y excursiones turísticas, más cortas,
todos los días.
Verdadero
museo móvil, en ambos extremos se exhibe, además, toda suerte de
elementos y de históricas fotografías.
Viajar
en el Trochita es toda una experiencia!
Será también un sentimiento? Si quieren saberlo, sigan
leyendo...
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UN
PEDACITO DE HISTORIA CON ASIENTOS por Juan Pablo García(Flyheart)
Ya,
un poco más tranquilo, después de intentar no perderme nada de ese
simulacro de partida a un largo viaje, elijo mi lugar para, más cómodo,
disfrutar de todo lo que aun tenga para darme.
El
traqueteo acompasado de los rieles, el paisaje que patina por las
ventanillas y ese amacarse, que a cambio de molestar, acuna, me
sumergen en un estado de paz y relajación que hace que mi imaginación
despierte.
Estoy
comenzando a viajar en el mismo espacio, pero en otro tiempo, estoy
escuchando voces perdidas entre otras voces y son tantas que apenas
se notan idiomas perdidos entre otros idiomas donde sólo se
entiende que están todos juntos por una misma razón.
Ya
siento el aroma a calor de leña que despide la salamandra, donde
los más friolentos encuentran tema para arrimarse o los más
hambrientos buscan un rincón para calentar la vianda.
No
sé si por suerte o por desgracia, el sonido dulce e irritante del
silbato me trajo de vuelta de ese viaje por el tiempo y seguí por
el mismo espacio, los gritos de vapor anunciaban el cruce de una
ruta asfaltada donde, desde algunos vehículos modernos, unos niños
saludan a la pasada. Eran la respuesta de porqué aquellos días de
muchos vagones, de tanta gente y de viajes tan largos, habían
terminado.
Es
que varias manos de esmalte sintético no pueden borrar caminos ni
disimular tus años, sólo pueden hacer que estés más presentable
para que hoy, por haber sido tan útil tanto tiempo, el turismo te dé
“otra mano”, y otra vez, igual que la primera, de tus pasajeros
dependerá que sigas estando.
Eres
El Viejo Expreso Patagónico, un pequeño tren que se portó como un
grande, te veo subiendo las cuestas demostrando tu poder, con tanto
humo negro y tantos soplidos blancos, o parado en la estación como
un toro bebiendo agua y contento por haber llegado.
En
una máquina veo las veinte, en unos pocos vagones los tantos y en
un grupo de turistas, atraídos por tu fama, veo a miles de
pasajeros a los que ayer les apuraste la vida, les cambiaste el
paisaje y los hiciste sureños como por encanto.
Hoy
cuando llegué a la estación, no me estabas esperando, allá lejos
ví, cual si fueras un viejo actor para salir a escena, te estaban
preparando.
Estoy
seguro que no compré un boleto turístico, que no contraté una
excursión ni saqué un pasaje de ida y vuelta, estoy seguro que
compré un pedacito de historia con asientos, porque vos Trochita
hiciste tu historia andando y yo me metí en tus días de gloria con
solo dejarme llevar sentado.
fotografías:
por Juan Pablo García y Raine Golab