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En
1896, el gobernador
Pedro Godoy, de Tierra del Fuego, libra una solitaria batalla contra la
burocracia porteña.
Escribe
a un amigo: “¿Quiere creer que
hoy, en la vasta región fueguina, los indios que matan o asaltan a
cualquiera no pueden ser castigados sin sentencia del juez letrado, cuyo
asiento está en el Chubut, a más de 200 leguas? En la república,
dicen los tinterillos, no hay indios desde 1878 en que se hizo la
expedición al río Negro, y todo ciudadano que mata a otro debe ser
juzgado con arreglo a las leyes. Y no hay más, no hay indios... desde
1878 dice la ley, y no hay indios... aunque los haya! Y nada sería aún
que Tierra del Fuego no se poblara! Es que su despoblación y su
barbarie contribuyen en primera línea al engrandecimiento del vecino
estado chileno, donde los hombres no pagan impuestos, donde la caza y la
pesca no está prohibida mientras se haga en el territorio argentino y
donde por todos los medios imaginables se lleva población y se fomenta
su estabilidad. Allí hay transportes que hacen rápidos viajes a los
centros poblados y cuyos fletes son casi ilusorios; hay tierra casi
gratuita para el trabajador; hay ayuda de las autoridades y, sobre todo,
hay autoridades. En el lado nuestro no hay nada, sino leyes y
prohibiciones teóricas que sólo sirven para que la constitución y la
contaduría revienten de un zarpazo al que se atreva a hacer algo bueno.
¿Quiere creer que si se presentan a las autoridades veinte familias indígenas
sacadas por el hambre y la desnudez de sus guaridas inexploradas, no
pueden ser socorridas sin previo trámite de una nota pidiendo permiso
expreso para proveer a las necesidades premiosas, y que como quien debe
dar el permiso es el ministerio del interior, que está allí a la
vuelta nomás, a 700 leguas de distancia, hay que esperar un año la
respuesta?”
Casualmente,
al año siguiente se realiza el primer remate de tierras fiscales de la
Tierra del Fuego: 115.000 hectáreas, cuando en Ushuaia hay sólo 203
pobladores blancos de los cuales apenas 19 son mujeres, y 110 nativos.
El gobernador Godoy reclama sin éxito que la subasta sea realizada aquí,
y no en Buenos Aires.
Y
lo que nunca en nuestra histórica burocracia,
a apenas seis meses del remate, las tierras vendidas ya han sido
medidas por el Ing. Tapia. Nunca Buenos Aires resultará tan eficiente
para disponer mensuras, mucho menos para las destinadas a las tribus
tehuelches.
Roberto
Payró, renombrado periodista de Buenos Aires, reportea al gobernador
Godoy en Ushuaia. Dice el gobernador: “Sería
(Tierra del Fuego) 10 veces lo que es hoy si el gobierno nacional
hubiera hecho por ella la cuarta parte de lo que debió hacer”. Ni
que lo hubiese dicho el gobernador actual!
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