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El pionero santacruceño
Fred Otten, se estableció a los pies del cerro Chaltén
(FitzRoy) allá por 1903; debe de haber sido si no el primero, uno
de los primeros en conocer el disputado Lago del Desierto (quién
le habrá puesto nombre tan inadecuado a este bello lago?).
Personaje bastante
escurridizo, el tiempo y pormenorizadas investigaciones han
permitido comprender porqué procuró pasar inadvertido a lo largo
de su breve residencia en la Patagonia más austral.
Para imaginarlo
espacial y temporalmente, puede leerse "La
Patagonia Vieja", puesto que Andreas Madsen convivió con
Otten varios años. Madsen relata en este libro, con terrible
realismo las circunstancias de su primer invierno a orillas del río
de Las Vueltas.
En 1907, Jean de
Liniers (bisnieto del Virrey Santiago de Liniers) visitó a Otten
en su estancia, y fue quien notó detalles comenzando a develar el
misterio. Fred le habló en perfecto francés, se presentó como
austríaco, poseía una interesante biblioteca inesperada en un
arriero, y por fin, le rogó a Liniers que no comentara a nadie
sobre su paradero, ni siquiera el haberlo conocido.
Si nos remontamos al
Imperio Austro-Húngaro, resulta que la Princesa Margarita de las
Dos Sicilias y el Archiduque Leopoldo II de la Casa de los
Habsburgo, Gran Duque de Toscana y hermano del Emperador de
Austria, tenían un hijo de nombre Juan Salvador que, debido a su
linaje y a su sangre azul, ocupaba cargos jerárquicos en el ejército
imperial. Pero conspiró, con su primo Rodolfo, contra el
emperador Francisco José. Su primo murió en circunstancias
misteriosas, y Juan Salvador renunció a sus privilegios.
Igualmente, en 1889, el emperador lo desterró.
Se dirigió
primeramente a Londres, acompañado por su querida, la hermosa
bailarina Ludmilla Strubel, cuyo rastro se perdió allí.
Bajo otro nombre, el
archiduque embarcó en la goleta "Santa Margarita" que
pasó por Buenos Aires en julio de 1890, continuando viaje hacia
el sur. La goleta naufragó cerca del cabo de Hornos, y en Europa
se lo dió por muerto.
Sin embargo, ya con el
nombre de Fred Otten, llegó a la costa y a Punta Arenas. En
Chile, ocupó tierras fiscales a orillas del río Tres Pasos, en
1894, vendiendo posteriormente estas mejoras a un tal Enrique
Wagner.
Dos años después,
registró en los libros del territorio de Santa Cruz, la marca de
sus equinos, y para 1903 lo tenemos instalado a los pies del mítico
Chaltén. Andreas Madsen estaba con él y dejó su testimonio.
Liniers, que lo visitó
en 1907, al regresar en 1910, se enteró que Otten había
fallecido de pulmonía el año anterior, y que había sido
enterrado a orillas del río de las Vueltas, al lado de la
sepultura de Albert "Milodón" Konrad.
Del esplendor de
las cortes europeas, Otten se adaptó pronto a la aventura de
vivir en las estepas patagónicas, y no obstante su empeño en
pasar desapercibido y los pocos años que recorrió la región,
dejó su impronta en la historia.
Pero el misterio
continuó... el fallecimiento de Otten fue registrado en Punta
Arenas, recién en 1922, aunque no se establecieron la fecha ni el
lugar de su muerte, sólo aclarando "se presentaron
huesos del cráneo descarnado...".
El "cráneo"
tuvo su propia historia. Ganó notoriedad internacionmal, fue
objeto de intercambio valuado en 10.000 pesos, hasta que en 1923,
unos sabios lo estudiaron concluyendo que se trataba de una piedra
natural, tallada por los elementos...
Engrosando la
imaginación, en transcurso de 1891, Julio Popper comentó, en una
de las conferencias que dictó en Buenos Aires, lo que el capitán
Harry Michelson, de Punta Arenas, le había refirido: que había
encontrado un barril con carne humana salada sobre una playa de la
isla de los Estados, tal vez el último recurso de náufragos,
supuestamente del "Santa Margarita", aguardado ser
rescatados.... Estaría Ludmilla en el barril???
Principal fuente:
"Entre el río de las Vueltas y los Hielos
Continentales", por Patricia Halvorsen. Ed. Viniciguerra,
1997.
Foto: el cerro Chaltén
o FitzRoy al amanecer.
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