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Este año para la
apertura decidimos con mi padre, mosquero desde hace 40 años y culpable
de mi locura incurable por el fly, instalarnos en el club de pesca
NorySur en el Lago Meliquina, el cual se encuentra a unos 30 km de San
Martín de los Andes. Es como tener la casa propia en el sur. Su ubicación
permite llegar a muchos lugares rápidamente y variar el programa todos
los días. En
esta ocasión decidimos emprender una pequeña aventura que nos había
sido esquiva por varios motivos a lo largo de las sucesivas temporadas
de pesca. Visto y considerando que no se nos presentaban inconvenientes
para salir dos días de excursión flotando el Caleufu, nos dispusimos a
hacer los preparativos para partir el día sábado 18. Lo más difícil
había sido convencer a mi padre que el dormir en carpa era divertido y
que la iba a pasar bien; salvada esta dificultad (la mayor de todas) y a
pesar de una persistente llovizna, salimos del club a las 8:00 A.M. con
nuestro guía, Hugo Jara, nuestra balsa, la comida (fundamental!) y todo
lo necesario para no lamentar ocasionales tribulaciones por un olvido
molesto.
El río Caleufu nace
de la unión de las aguas de los ríos Filo-Hua-Hum y Meliquina y su
largo es de aproximadamente de 50 kilometros. Nosotros íbamos flotar
unos 45 km hasta el puente de la Estancia Alicurá, donde hay un
monolito que recuerda al Perito Moreno.
En
Caleufu no llovía. El lugar de la partida fue el paraje denominado
“Los Alamos”, aguas abajo del Puente Negro. El día estaba un poco
ventoso pero razonable, el
arroyo Córdoba parecía el Mississippi por la cantidad de agua que traía
y el Caleufu al Amazonas pero bueno, eso era de esperar. Lo que no se
nos ocurrió es que a lo largo de todo el trayecto el agua iba a estar
tan turbia como la del Río de la Plata. Decidimos avanzar un buen tramo
antes de bajar a pescar para aprovechar de los lugares donde no llega
gente y no hay camino salvo el de las estancias. Nuestro experto guía
luchó contra los rápidos con mucha maestría así que llegamos a
nuestra primera parada sanos y salvos aunque con litros de agua en el
bote. Mi bolso, el cual pensé que estaba protegido por una bolsa plástica,
navegaba alegremente por el fondo de la balsa. En ese lugar, bastante
incómodo para tirar, papá sacó un Arco Iris y yo unos gajos de rosa
mosqueta...Continuamos viaje rápidamente (no quedaba otra) y paramos
unos kilómetros más abajo en un hermoso pozón: se me ocurre abrir el
bolso para sacar un cigarrillo cuando noto que estaba más pesado que de
costumbre, si, repleto de agua, todo mojado. En fin pensé, culpa mía,
tendría que haber revisado la bolsa maldita de plástico, demandar a la
compañía que las fábrica y con lo que iba a ganar con el juicio al
menos comprarme otra máquina de fotos. Obviamente no pesqué tratando
de secar mis petates mientras mi querido progenitor gritaba:
“Otraaaaa!!!!” y dirigiéndose a mi decía “¿No pescás?, ¿Se te
mojó algo?”...Metí todo en otra bolsa y mientras navegábamos a alta
velocidad pensaba en que si sacaba la trucha de mi vida sin tener cámara
de fotos, iba a tener que buscar otro hobby.
A
todo esto empezamos a notar que el viento soplaba un poco más fuerte, y
más fuerte y más, y más...cuando paramos a pescar era casi imposible
castear así que antes de que fuera peor decidimos continuar hasta el
lugar de acampe previsto por Hugo, almorzar y ver si paraba. A eso de
las 15:00 vimos unos maitenes en una isla, y ahí nos quedamos. Estábamos
en el comienzo del último tramo del río así que imaginarán a la
velocidad que íbamos, se suponía que íbamos a llegar ahí a las 19 hs
aproximadamente pero nos adelantamos un poquito... Ya las ráfagas
superaban los 100 km/h, no había reparo posible, ni haciendo un hueco
en la tierra se podía estar tranquilo. El hambre amenazaba con ponernos
de mal humor, así que armamos la mesa (que también había venido
nevegando en el fondo del bote) y arrasamos con las abundantes
provisiones. El mantel lo tuvimos que obviar. Tratamos de armar la
carpa: imposible. Secar las cosas: volaba tierra que creo todavía
conservo en cada rincón de mis cajas de moscas, chaleco, campera, ojos,
orejas. El reparo: las matas más abundantes eran de rosa mosqueta, así
que cada vez que hacía un paso con mi caña, el viento hacía enganchar
la línea en las espinas. Cuando lograba zafarla, se me enganchaba el
gorro, superado esto dos pasos y para no romper el wader me enganchaba
el chaleco. Las tiras del wader flameaban de tal manera que me pegaban
cachetadas violentas. Me calmé, conté hasta 2800, guardé la caña en
el tubo, me vestí de civil y a esperar. Vi a unos ciervos que nos
observaban con curiosidad, logramos armar la carpa, y ya me fue gustado
más la cosa. Como de pescar ni hablar (es triste tener el río enfrente
y dejarlo correr sin hacerle uno tiros) me fui de niña exploradora a
recorrer el lugar: Me quedé encantada observando el pasto movido por el
viento, parecía agua verde con sus olitas, algo hermoso. Me acerqué al
río donde no había vegetación y me quedé tratando de vencer al huracán
que me tiraba irremediablemente y ahí me acordé de algo que me había
contado papá antes de salir: Pepe Navas (famoso guía y encargado del
club por muchos años) solía decir que si en Meliquina llovía, en Collón
Cura y el Caleufu volaban las piedras. Se ve que el hombre la tenía clara.
A
eso de las 21:00 el viento calmó, las ráfagas se hicieron más
espaciadas y pudimos prender el fueguito reparador junto al río, hecho
con un cerquito de piedras para evitar accidentes. Hugo nos cocinó un
pollito, tomamos un buen tinto, varias historias de fogón bajo el cielo
más estrellado que recuerdo hicieron de este día algo inolvidable.
El
día 19 (mi cumpleaños) nos despertamos a las 6:30 después de haber
dormido como reyes: ni una gota de viento. Así que finalmente nos
fuimos a pescar. En esta época se pueden pescar varios brazos del río,
así que parábamos en todas. El agua seguía turbia pero no nos
amedrentamos ante este hecho. La pesca fue a fondo, con Teeny 300 mi
padre y yo con un shooting de hundimiento 4, moscas lastradas en su
mayoría, no intenté con ninfas o secas. Funcionaron muy bien las
rabbit negras con naranja, blonde del mismo color, zonker, tube flies
varias, matuka, mucho bead y cone head pero la reina: la guli negra!!!,
con crystal flash por supuesto. Los tiros tenían que ser lejos (todas
eran correderas, los pozones no existían practicamente) y dejábamos
estirar la línea hasta que llegara al veril y cuando se tensaba la traíamos
y es en esos lugares reparados donde las truchas se refugian de la masa
de agua que las invade. Y ahí tuvimos pique: salieron lindas marrones y
arco iris, la más grande que saqué fue una marrón de 2 kg y una arco
iris de 1,700 kg, todas truchas muy fuertes, bien alimentadas y
hermosas. Las fotos se las
debo, sepan disculpar. También pescamos en algún brazo que se había
formado circunstancialmente, los tiros tenían que ser justo a la otra
orilla debajo de las plantas, troncos o ramas: así saqué un par. Pero
la mayoría de las capturas se dieron contra los veriles a medida que
traíamos la línea. También tuve buenos resultados en una especie de
la laguna que se había formado tirando con blonde: enfrente había una
pared de roca, llegaba con el tiro a la piedra, la hacía rebotar y caía
en la sombra pero solo tomaban al traer la línea, ninguna trucha tomó
al vuelo. Mi equipo era #5 y el de mi padre #8 (no hay manera de que
baje el calibre!). El agua estaba turbia todavía, no hubo gran cantidad
de capturas pero tampoco se dio la pesca de truchitas “llavero”, por
suerte esas se mantuvieron al margen. Yo obtuve 8 truchas muy buenas y
mi padre unas 10, las chiquitas no las contamos pero fueron pocas. El
viento sopló moderadamente, la temperatura era ideal (unos 20°C) y el
río en este tramo final no trajo aparejado mayores dificultades para
flotarlo. Con la cantidad de agua se nos presentó un río que no habíamos
leído nunca, fue en un lindo desafío encontrar los lugares posibles
para decirle piedra libre a una trucha. Llegamos al puente a las 19 hs
donde ya nos estaban esperando para llevarnos al club. En ese lugar está
el monolito que nos recuerda el paso del Perito Moreno por el lugar: es
un lástima que algún inadaptado los haya cubierto de aerosol y se haya
robado la placa... Cuando llegamos al club, a eso de las 11 de la noche
y después de un baño eterno, la curación de las heridas en las manos
por la sequedad del clima, la rosa mosqueta y los anzuelos clavados, los
demás huéspedes del club me esperaban con el feliz cumpleaños, torta,
velita y champagne. Creo mi cumpleaños fue muy original, no lo hubiese
cambiado por nada.
Les
dejo un par de observaciones para flotar este río o cualquier otro:
tengan cuidado a quién contratan, asegúrense de que sea un guía “de
verdad”, que las balsas estén matriculadas, que las bolsas de dormir
y las carpas no se mojen, cuidado con las piedras bochas del Caleufu,
son mortales para caminar sobre ellas, lleven repelente (al menos
nosotros no tuvimos que soportar insectos molestos), protector solar,
compren buenas bolsas de plástico y metan todo adentro, no se olviden
del permiso, devuelvan todo lo que pesquen y después me cuentan.
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