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portugués 
Tierra del Fuego cuenta con
numerosos ríos y arroyos. De ellos, solo una pequeña proporción
tiene en sus aguas la variedad de trucha que la hizo famosa: la marrón
migratoria, conocida como “sea trout”. El pesquero más importante
de esta variedad de trucha marrón (Salmo fario) es el río Grande, conocido mundialmente por la
cantidad y portes de las truchas que regala de año en año a quien
esté dispuesto a pagar el coto, y a soportar el frío y vientos patagónicos
agravados por la latitud. Otros pesqueros importantes son los ríos
Menéndez (De la Turba), Irigoyen, el Malenguena, y en menor medida el
San Pablo y el Láinez. De los nombrados, los tres primeros son de
acceso privado (salvo una porción del Menéndez). Aparte, porque es
el tema de este informe queda el río Ewan Sur, mi río preferido.
El
Ewan es un río que nace en los faldeos de la cordillera, más
precisamente en el lago Hantuk, si bien a esa altura se forma por la
unión de numerosos chorrillos pequeños. Luego de recorrer
aproximadamente 100 km. desagua en el Mar Argentino, en el cabo Ewan.
Es un típico río meandroso, similar al Salado de Buenos Aires, pero
de mucho menor caudal y corriente. Sus aguas son poco transparentes si
se las compara a las de un río cordillerano típico. El paisaje que
recorre es abierto, pues se encuentra ubicado en la transición
(ecotono) entre el bosque y la pradera. Es por lo tanto un sitio
dominado por pastizales, con manchones de bosque, compuesto
principalmente por ñire (Nothofagus
antarctica). En muchos de esos lugares, los árboles se cubren de
la llamada “barba de viejo”, un líquen del género Usnea.
Esto da al ambiente un aspecto fantasmagórico, que junto con la
soledad, sugestiona al viajero, sobre todo si de pronto se escucha el
relincho de un guanaco que espía entre las ramas. De hecho, se llama
a un paraje de la zona Bosque de los Brujos.
A lo
largo de su recorrido podemos encontrar las siguientes especies: Salmo
fario, (trucha marrón en sus dos variedades: residente y
migratoria) y
Salvelinus fontinalis (trucha de arroyo). Aclaro que la
diferenciación entre residente y migratoria es un poco artificial,
como todo intento de ordenar la Naturaleza. Cuando las marrones están
un tiempo en los ríos, toman su típica coloración oscura, pero si
están en aguas abiertas, como un lago o el mar, se vuelven plateadas,
a las primeras se las llama “residentes”, y a las segundas
“migratorias”. Desconozco si hay truchas Arco Iris porque nunca
las pesqué. Sé que se han sembrado, pero si hay, son pocas.
Con respecto a la
pesca, me voy a tomar el atrevimiento de dividir al río en tres
partes, según mi experiencia de pesca (1%), mas lo que he podido
averiguar (99%). Aclarado el punto digamos que las partes que conozco
son:
a)
Pampa
del Tonité
b)
Zona
desde la ruta 3 río abajo hasta el paraje “Las Carretas”
c)
Zona
que abarca desde Las Carretas hasta el mar.
Río
arriba del Tonité hay gente que va a pescar, sobre todo en unas
lagunitas que desaguan en el río. Pero como nunca fui será para otra
vez.
Pampa del Tonité
Esta
zona se encuentra a unos 80 km. de la cuidad de Río Grande. Yendo de
N a S, se pasa el puente sobre el río en el sitio llamado Puente
Justicia, donde existe un destacamento policial y un camping. Unos km.
más y se ve a la derecha un valle por donde corre el río. Hay un
cartel de sitio panorámico para fotografiar, que dice Río Ewan. Allí
se remonta el río y en menos de una hora estaremos en los pozones. En
este lugar el río corre suavemente entre lomadas bajas. Los pozones
son fáciles de ubicar, son típicos pozones en curvas. Y hay mas de
20 separados por 100 o 200 mts c/u. En este lugar se pescan
exclusivamente truchas de arroyo. Como es un lugar muy frecuentado,
los portes no son grandes. El peso promedio es de 1 kg. Como
contrapartida hay muchas. Las truchas no son muy exigentes, y toman
cualquier mosca que se les presente. La clave es lanzar dentro del pozón
y esperar a que el engaño profundice. Como no hay casi corriente,
cuando uno cree que la mosca está en la profundidad deseada, se
empieza a recoger lentamente.
Entre la ruta y Las Carretas
Esta
zona va desde la ruta tres en el Puente Justicia hasta un sitio en el
que se encuentra un puente para ganado, que está montado sobre ruedas
de carreta para ubicarlo sobre el río según las circunstancias. Para
ir a pescar en esta zona hay que recordar que entramos en propiedad
privada, y que debemos ser muy cuidadosos si abrimos alguna tranquera.
El Ewan es uno de los pocos sitios de la isla en que todavía se puede
pescar grandes presas con cierta libertad, por lo que hay que ser
doblemente considerados. No he pescado mucho en esta zona, pero
bajando el río hay algunos pozones muy buenos en la zona comprendida
entre un arroyo (arroyo Capelo) que desemboca en el río. Aquí ya
estamos en zona de plateadas. Las dos primeras semanas de la apertura
(1 de noviembre) existe la posibilidad de sacar un cocodrilo
inolvidable. El problema es que hay mucha gente y el que llega se adueña
de los pozones. Una vez pude ver a dos pescadores pescando en el mismo
sitio ¡12 horas!. Me acerqué para ver si estaban muertos. El río no
es muy ancho (20 mts.), pero corre con un poco mas de velocidad que
antes. Los pozones no son fáciles de detectar, pues, salvo uno o dos
que se encuentran en curvas, el resto son fallas en el río, escalones
o canaletones generalmente paralelos a la costa. Algunos son muy
chicos, pero suelen tener una o dos truchas grandes como el pozón
mismo.
Entre Las carretas y
el Mar
La
primera vez que fui a pescar al Ewan llegué luego de caminar 4 horas
por la playa. Hacía poco que vivía en la Isla y todo me parecía
nuevo. Caminar por la playa en Tierra del Fuego puede ser una
experiencia única. Si el tiempo acompaña, uno puede ver guanacos o
toninas con sólo girar la cabeza. Mientras tanto, a lo lejos escapa
un zorro a la carrera, esquivando las matas. Es el único lugar del país
donde el bosque cae al mar. Las playas son de arena fina, mezcladas
con piedras, donde se refugian infinidad de organismos, como pulpos,
anémonas, cangrejos, esponjas, etc. Sólo basta con detenerse a mirar
y disfrutar de una diversidad que para algunos es inimaginable en
estos lugares. A lo lejos, la línea de la costa se pierde en la
bruma, intercalando playas con acantilados. Hacia arriba, muchas veces
los cóndores nos vigilan. Mientras caminaba, me acercaba al cabo
Ewan, donde el río se une al mar. Cada tanto, los restos de una
construcción o alguna madera trabajada por algún desconocido, el
clima y los años me hacía pensar en naufragios. Los huesos de
toninas que blanqueaban algunas zonas de la playa aumentaban mi
sensación de soledad. Al final, llegué, y me pareció el lugar más
bello que había conocido hasta el momento. Era la primera vez que veía
como un río desembocaba en el mar. Había marea baja y el Ewan bajaba
limpio. Las gaviotas y chorlitos se mezclaban en los últimos 100 m de
su recorrido. En ese entonces no pescaba con mosca, y por desgracia la
única trucha que pescó el amigo que me acompañaba fue la merienda
de una de esas gaviotas. No sabíamos dónde pescar ni de que manera.
Estuve dos horas y tuve que desandar lo recorrido antes de que el mar
me dejase encerrado, al no poder pasar los acantilados en marea alta.
A la semana volví y me quedé 4 días. Llovía y hacía un frío
espantoso. Pescaba un rato y luego a la carpa a recuperar algo de
temperatura. Y así. El día pasaba como los demás hasta que, vestido
con la última ropa seca que me quedaba, empezó la fiesta. Saqué 8
truchas en 30 minutos. La más grande de casi 7 kg. La “chiquita”,
4 kg. Luego, otra vez la calma. Ahí me di cuenta que estaba empapado,
y sin campera. Lo recordé durante dos meses, por la tos de perro que
no me abandonó por todo ese tiempo. Pero fue la mejor media hora de
mi vida de pescador.
Después
de ir varias veces empecé a aprender, y no pescar tanto al tanteo.
Empecé con la mosca, y mis días han sido buenos y malos, en cuanto a
pesca. Pero mi corazón late cada vez mas fuerte, a medida que la mole
del cabo Ewan va llenado mi campo visual en cada salida de pesca.
Cuando regreso, cansado de caminar, embarrado, hambriento y con frío,
el único pensamiento que me llena la mente es “la semana que viene
vengo de nuevo”. Lo mismo pienso mientras me descongelo bajo la
ducha.
Con
respecto a la pesca, la misma se da sólo en un lapso de tiempo que
tiene que ver con la marea. La mejor época, aparte de la apertura es
febrero. Los portes máximos que he visto, en estos últimos años
rondan los 9 kg, lo normal es de 3 a 5 kg. Generalmente se pesca bien
una hora antes y una después de la bajante, pero eso es relativo a la
amplitud que se da en ese momento. Generalizando, el río tiene que
bajar “limpio”, ya que en creciente ingresan al mismo algas que al
ser arrastradas de nuevo al mar en bajante, impiden todo tipo de
intentos. Junto con las truchas es posible pescar róbalos, peces
marinos que luchan de una manera que sorprendería a mas de uno, tal
cual lo hizo conmigo. Y los portes suelen ser importantes (hasta 8 o más
Kg).
Las
líneas mas adecuadas son las FSIII, con líderes largos. Se pesca
tirando perpendicularmente al pozón y se deja derivar. Se repite esta
operación tantas veces como sea necesario. Si se tiene suerte, alguna
va a picar. Una característica de las truchas aquí es que se
encuentran varias en los pozones, por lo que es bastante normal pescar
mas de una, casi seguidito. Otras veces, uno puede verlas, saltando o
asomando los lomos, pero no hay forma de hacerlas picar. Mientras
tanto, el vecino con su cucharita no deja de sacar. A veces, la
situación se invierte. Por eso, cada salida es un nuevo aprendizaje,
y nunca una frustración.
Las
moscas que más se utilizan son rabbits, con el pelo de conejo teñido
de colores vivos, preferentemente verde claro, blanco o amarillo, o
similares, Montanas con el cuerpo terracota y tórax rojo y variantes
de la misma, tipo rubber legs. Yo suelo lastrarlas con un pequeño
plomito en el líder. Curiosamente, no se usan tanto las moscas
negras, como sucede en el río Grande.
Como
consejo, recomiendo el cuidado del equipo, durante y después de la
pesca. El lecho del río es arcilloso-arenoso, y ese material se mete
en el reel y se pega a la línea. Esta combinación es mortal para los
pasahílos de la caña. Yo he arruinado unos en dos salidas de pesca.
Además el agua es salada, por lo que en casa, abundante agua dulce, y
engrase del reel. A la línea tratarla con algún tipo de “line
dresser”.
Como
párrafo final, el Ewan es uno de esos ríos que a veces maltrata,
pero para el que sabe disfrutarlo, tarde o temprano le muestra su
mejor cara, y entonces se convierte en una obsesión y un sueño. Tal
cual me pasó a mí. Creo que Uds. me entienden.
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